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Cómo el desperdicio de alimentos incrementa el cambio climático

Los alimentos que acaban en los rellenos sanitarios producen metano, un potente gas de efecto invernadero. Hay soluciones para reducir el desperdicio alimentario, como forma de mitigar la crisis climática

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En un mundo que lucha contra el cambio climático, uno de los factores de la crisis que a menudo se pasa por alto es el desperdicio de alimentos. Cada año, una cantidad asombrosa de alimentos acaba en los vertederos, emitiendo gases de efecto invernadero y agravando la crisis climática mundial.

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza, entre el 6% y el 8% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre podrían reducirse si dejáramos de desperdiciar alimentos. La organización también afirma que, sólo en Estados Unidos, los alimentos desaprovechados generan el equivalente a las emisiones de gases de efecto invernadero de 32,6 millones de automóviles.

Feeding America añade que “cada 365 días se desperdician 119.000 millones de libras de alimentos en el país. Esto equivale a 130.000 millones de comidas y más de 408.000 millones de dólares en alimentos tirados a la basura cada año. Sorprendentemente, casi el 40% de toda la comida en Estados Unidos se desperdicia”.

Cuando los alimentos, desde frutas y verduras hasta carne y productos lácteos, acaban en los vertederos, sufren una descomposición anaeróbica debido a la falta de oxígeno. Este proceso produce metano, un potente gas de efecto invernadero mucho más eficaz para atrapar el calor en la atmósfera que el dióxido de carbono (CO2).

El problema del desperdicio de alimentos no se limita a una sola región: es un problema mundial con consecuencias de gran alcance.

En los países en desarrollo, la pérdida de alimentos suele producirse en las fases de producción y transporte debido a infraestructuras inadecuadas, mientras que, en las naciones desarrolladas, el desperdicio de los consumidores desempeña un papel más importante.

Independientemente de dónde se produzca, el impacto medioambiental es grave, ya que potencia el cambio climático e intensifica la escasez de recursos.

Pexels – Pixabay

Consejos para reducir el desperdicio de alimentos

– Planifique sus comidas: Elabore un plan de comidas semanal y una lista de compras, para asegurarse de que sólo adquiere lo que necesita.

– Almacenamiento adecuado: Almacene los productos perecederos, como frutas y verduras, en las condiciones adecuadas para garantizar su frescura.

– Primero en entrar, primero en salir: Organice su refrigerador y despensa, de manera que los productos que ingresaron primero sean los primeros en ser utilizados antes que los más recientes.

– Control de las raciones: Sirva raciones razonables para evitar que las sobras se echen a perder.

– Utilice las sobras de forma creativa: Sea creativo con las sobras, convirtiéndolas en nuevos platos o congelándolas para su uso posterior.

– Entender las fechas de caducidad: Conozca la diferencia entre las fechas de caducidad y de consumo preferente para reducir el desperdicio innecesario de alimentos.

– Compostaje: Si no puede evitar el desperdicio de alimentos, considere la posibilidad de compostarlos para reducir las emisiones de metano en los vertederos.

Afrontar el desperdicio de alimentos no es sólo una cuestión de reducir las pérdidas económicas, sino también de mitigar la crisis climática. La relación entre el despilfarro de comida y las emisiones de gases de efecto invernadero es innegable, y todos tenemos un papel que desempeñar para frenar este problema.

Adoptando prácticas conscientes en casa y apoyando los esfuerzos para reducir el desperdicio de alimentos a lo largo de toda la cadena de suministro, podemos hacer una contribución significativa tanto a nuestros bolsillos como a la salud del planeta.

Este artículo ha sido facilitado por la Fundación VoLo, una organización sin ánimo de lucro cuya misión es acelerar el cambio y el impacto global apoyando soluciones climáticas basadas en la ciencia, potenciando la educación y mejorando la salud.

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