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No es una brecha de interés, sino de comunicación

Las personas de las comunidades más vulnerables al clima no carecen de preocupación, un estudio concluye que hace falta conversación  

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Un nuevo estudio revela que los estadounidenses que viven en comunidades de primera línea no están más preocupados por el calentamiento global, en términos generales, que el resto del país. Sin embargo, esos vecindarios, que enfrentan la mayor exposición a la contaminación, el calor extremo, las inundaciones y otros riesgos relacionados con el clima, sí muestran una mayor preocupación por impactos específicos, como el calor extremo y los cortes de energía. 

La investigación, titulada Vulnerability outpaces climate worry in U.S. frontline communities (La vulnerabilidad supera la preocupación por el clima en las comunidades de primera línea de Estados Unidos), fue publicada en la revista One Earthpor Jennifer Carman y sus colegas de las universidades de Yale y George Mason, en Estados Unidos. El estudio combinó seis años de datos de encuestas nacionales con datos cartográficos federales y abarcó a más de 6.000 encuestados. Alrededor de un tercio de la población del país vive en una comunidad clasificada como de primera línea, es decir, una población que experimenta los impactos del clima primero y con mayor intensidad. 

Se trata de las personas 

Para Carman, especialista en investigación y directora de estrategia de encuestas del Programa de Yale sobre Comunicación del Cambio Climático, la investigación climática no se limita a los datos. Se trata de entender cómo las personas más afectadas por el aumento de las temperaturas, las inundaciones y los fenómenos meteorológicos extremos experimentan y hablan de esos impactos en su vida diaria. 

«No hubo una sola chispa que me llevara a emprender la investigación», afirma. «Es algo en lo que he estado pensando desde hace mucho tiempo. Mi interés investigativo es cómo las personas se preparan y responden a los impactos climáticos en sus vidas». 

Los investigadores contaban con datos geográficos sobre dónde vive la gente y su grado de exposición a los riesgos del clima. «Entonces, mis colaboradores y yo nos preguntamos: ¿podemos identificar a las personas en las zonas más afectadas y ver cómo difieren sus opiniones de las del público en general?». 

Las cifras hablan 

Los principales hallazgos del estudio muestran que: 

  • El 65 % de las personas, tanto en comunidades de primera línea como fuera de ellas, manifiesta preocupación por el aumento de las temperaturas globales. No existe una brecha significativa entre ambos grupos. 
  • Sin embargo, el 52 % de los residentes de comunidades de primera línea se muestra preocupado por el calor extremo (frente al 42 % en el resto del país), y el 48 % está preocupado por los cortes de energía (frente al 36 %). Los impactos específicos generan más preocupación en las comunidades que los sufren directamente. 
  • Los residentes de comunidades de primera línea tienen menos probabilidades de escuchar sobre la crisis del clima en los medios de comunicación o de saber que la mayoría de los científicos coincide en que este fenómeno está ocurriendo. 
  • Los niveles de preocupación varían considerablemente según la región: son más altos en comunidades del suroeste, cerca de la frontera, y más bajos en los Apalaches y la región de Ozark, a pesar de niveles similares de vulnerabilidad. 

La razón detrás de las cifras 

Carman escuchó por primera vez esta idea en una conferencia, de boca de una ponente. Ella explicó que, cuando una persona vive con el estrés de la violencia callejera, el pago de facturas, el riesgo de perder su vivienda, el estrés derivado de la exposición a la contaminación y los problemas de salud relacionados, la alteración climática se convierte en solo una preocupación más. 

«No es que a las personas de estas comunidades no les importe», resume Carman. «Es que la crisis climática compite con tantos otros factores de estrés que no logra situarse en primer plano». 

Como investigadora, su principal conclusión tiene que ver con cuestionar los prejuicios. «Existe la tendencia a asumir que las personas en comunidades de primera línea son indiferentes y no les importa el tema, o que esas comunidades están compuestas enteramente por activistas que dominan la terminología. Ambos grupos existen. Pero también hay muchas personas que viven todo tipo de situaciones, en las que el clima es solo una parte más». 

Eso reafirmó algo para Carman: «A pesar de las diferentes circunstancias, las personas procesan y experimentan los impactos climáticos de maneras muy humanas», concluye. 

Los investigadores también determinaron que no se trata de una brecha de interés, sino de una brecha de comunicación. Las personas en comunidades de primera línea viven con los impactos climáticos, pero esas experiencias a menudo no se conectan de manera explícita con ese concepto. 

La recomendación del estudio propone dar prioridad a las consecuencias concretas y locales, así como a los líderes comunitarios de confianza, en lugar de recurrir a mensajes abstractos, y vincular claramente cualquier inversión o financiamiento con un beneficio directo para la comunidad, en lugar de asumir que las personas establecerán esa conexión por sí mismas. 

¿Quién puede beneficiarse de este conocimiento? 

Carman prevé que distintos grupos podrán avanzar en sus objetivos de acción climática basando su estrategia en los resultados del estudio. 

  • Para los investigadores, esto apunta a la necesidad de un mayor compromiso con las comunidades de primera línea: no solo datos agregados, sino conversaciones directas sobre necesidades específicas. 
  • Para los gobiernos, estos datos deberían ser un punto de partida, no un sustituto del compromiso real. Pueden ayudar a identificar las preocupaciones de la comunidad y orientar la inversión en vivienda, calidad del aire, protección contra el calor y otras prioridades. 
  • Para los organizadores comunitarios, pueden señalar zonas con un alto nivel de preocupación, pero con escasa presencia sobre el terreno, lo que ofrece oportunidades para fortalecer el trabajo comunitario. 
  • Y para las organizaciones sin fines de lucro, se trata de una herramienta de promoción y recaudación de fondos: cifras concretas para presentar ante financiadores y funcionarios electos, con el fin de justificar la inversión. Algunos socios ya la están utilizando de esta manera. 

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