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Mientras EE.UU. celebra 250 años, comunidades latinas luchan para no ser borradas

Comunidades latinas defienden memoria histórica frente a intentos de borrar diversidad en aniversario estadounidense 250

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A medida que Estados Unidos se acerca a los 250 años de su fundación, líderes de derechos civiles, periodistas y estrategas culturales alertan sobre un esfuerzo coordinado para reducir la historia nacional a una narrativa excluyente. Frente a ese intento, comunidades históricamente marginadas están defendiendo su derecho a contar su propia historia, desde los museos hasta los medios comunitarios.

Una historia compartida

El periodista y autor Ray Suarez, quien centró su intervención en cómo el borrado de la historia latina tiene consecuencias directas en el presente, especialmente en el debate migratorio.

“Latino history is American history, and American history is Latino history”, afirmó Suarez, rechazando la idea de que las comunidades latinas sean recién llegadas a la narrativa nacional. “Es una idea ahistórica, pero muy conveniente para quienes quieren imponer una nueva centralidad blanca”, explicó.

Suarez recordó que ciudades de habla hispana como San Agustín o Santa Fe existían mucho antes que Jamestown o Plymouth. “Esa historia es nuestra historia”, dijo, advirtiendo que la exclusión deliberada de estos relatos refuerza la idea de que solo ciertos grupos tienen legitimidad para definir quién es estadounidense.

Para el periodista, la retórica sobre “americanos de herencia” o “legacy Americans” responde a un miedo demográfico. “Es un intento de volver a decidir quién pertenece y quién no. Pero Estados Unidos siempre ha sido multicultural, desde el primer día”, sostuvo.

Ante una pregunta sobre cómo el borrado de la historia latina impacta la percepción pública de la inmigración, Suarez fue contundente: “Si cuentas la historia como si todo comenzara con colonos protestantes en Massachusetts, obtienes un país. Si reconoces que esto fue un choque de imperios en tierras ajenas, obtienes otro país completamente distinto”.

Museos y medios étnicos

Ann Burroughs, presidenta y CEO del Japanese American National Museum, abrió la conversación destacando el papel clave que han tenido los medios étnicos en documentar historias que, de otro modo, habrían sido ignoradas o borradas.

“Han estado a la vanguardia documentando historias comunitarias que podrían haber sido distorsionadas, ignoradas o simplemente borradas”, afirmó Burroughs, subrayando que ese trabajo ha permitido que las comunidades se vean reflejadas “con dignidad y precisión”, algo que, dijo, “los medios tradicionales han fallado en hacer”.

Burroughs advirtió que el aniversario 250 no es solo una conmemoración simbólica, sino un momento político clave. “¿Quién decide lo que este país recuerda? ¿Quién decide lo que olvida o borra?”, planteó. Según explicó, aniversarios como este influyen directamente en qué historias se enseñan, cuáles se financian y quiénes son considerados parte legítima de la nación.

En ese contexto, señaló que la actual administración ha promovido una versión “estrecha y sanitizada” de la historia estadounidense. “Una que minimiza el conflicto, intenta borrar la diversidad y evita toda rendición de cuentas”, dijo. Para Burroughs, no se trata de un simple debate cultural, sino de “una lucha por el poder”.

La experiencia japonesa-estadounidense, recordó, es una advertencia viva. Más de 125,000 personas fueron encarceladas sin debido proceso durante la Segunda Guerra Mundial. “Nuestras comunidades saben lo que ocurre cuando el racismo se legaliza y la propaganda reemplaza a la verdad”, afirmó, estableciendo un paralelismo con las políticas actuales de criminalización, detenciones y deportaciones que afectan hoy a otras comunidades de color, incluidas las latinas.

Ante una pregunta dirigida específicamente a la comunidad latina, Burroughs fue clara: “Una de las cosas más poderosas que pueden hacer es documentar, día a día, lo que está ocurriendo ahora. Esta es la historia que las futuras generaciones van a recordar”.

Los monumentos y las historias que nunca se enseñaron

Margaret Huang, ex presidenta del Southern Poverty Law Center y actual investigadora del Leadership Conference on Civil Rights, compartió cómo la manipulación histórica ha operado durante décadas, especialmente en el sur del país.

Huang relató que, al crecer en Tennessee, nunca aprendió sobre la Reconstrucción, el encarcelamiento de japoneses estadounidenses ni el Movimiento por los Derechos Civiles. “No fue hasta que llegué a Washington D.C. que supe de la internación japonesa en el Smithsonian. Me pregunté inmediatamente: ¿qué más no me enseñaron?”, recordó.

Ese vacío educativo, explicó, no es casual. Huang detalló cómo miles de monumentos confederados fueron erigidos décadas después de la Guerra Civil, precisamente como respuesta al avance del movimiento por los derechos civiles. “Estos monumentos no se colocaron justo después de la guerra, sino 60 u 80 años después, cuando la supremacía blanca estaba siendo desafiada”, señaló.

Para Huang, los esfuerzos actuales por revertir el retiro de símbolos confederados y reescribir narrativas oficiales siguen esa misma lógica. Sin embargo, destacó que muchas de las resistencias más efectivas surgen a nivel comunitario.

Como ejemplo, contó la historia de las “madres de la ginecología”, mujeres afrodescendientes esclavizadas que fueron sometidas a experimentos médicos sin anestesia. Gracias al trabajo de la activista Michelle Browder, hoy existe un memorial que no solo honra su memoria, sino que financia servicios de salud reproductiva en Alabama. “No se trata solo de recordar el pasado, sino de conectar esa historia con las injusticias que persisten hoy”, afirmó Huang.

 

El control de la narrativa

Anneshia Hardy, estratega cultural y directora de Alabama Values, quien abordó el tema desde la óptica del poder narrativo.

Hardy señaló que el país está siendo llamado a celebrar una historia “cada vez más estrecha, cuidadosamente curada e incompleta”, mientras muchas comunidades son simultáneamente excluidas de ella. “Esto no es solo conmemoración. Es político”, afirmó.

Según explicó, lo que se presenta como neutralidad o patriotismo es, en la práctica, una forma de “gobernanza narrativa”: un intento sistemático de controlar el significado histórico, silenciar voces incómodas y decidir qué memorias son descartables.

Para Hardy, la pregunta central no es si Estados Unidos contará una historia sobre sí mismo, sino “quiénes serán autorizados a darle forma”. En especial, advirtió que en el sur del país existen enormes vacíos institucionales, como la ausencia de museos públicos que documenten la historia de la esclavitud, lo que perpetúa la exclusión de comunidades enteras de la memoria oficial.

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