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Bienes raíces y comunidad sexodiversa

Los hombres casados con personas del mismo sexo suelen ganar bastante más que sus pares lesbianas o heterosexuales, según datos del Departamento del Tesoro

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A principios de los años 90, el agente de bienes raíces Jeffrey Hammerberg presenció la visita de una pareja gay a la oficina de bienes raíces donde trabajaba. Cuando se fueron, sus compañeros de trabajo se burlaron del agente que los atendió.

Allí entendió que esta clientela debía ser abordada de otra manera. Con respeto, pero también como una oportunidad de negocio.

Hoy Hammerberg preside la asociación de corredores de bienes raíces gayrealestate.com, pero aún considera que falta mucho por hacer.

En la página web de su asociación, señala: “Incluso hoy en día, en 2020, con el matrimonio gay legal, ¡solo alrededor del 55% del país cree que merecemos ese derecho! Más de 1/3 de los estadounidenses todavía no creen que nuestra comunidad merezca protección y dignidad en la vivienda, el empleo, la adopción y otras áreas de la vida”.

Y continúa: “Hoy en día usted, como individuo LGBTQ+, tiene un 50% de probabilidades de trabajar con un agente inmobiliario que apoye plenamente quién es usted y su derecho a la igualdad de protección ante la ley. No debería ser demasiado exigir una representación en una de las compras más importantes de la vida”.

Otras asociaciones se manifiestan

Por su parte, la National Association of Gay & Lesbian Real Estate Professionals o NAGLREP por sus siglas, se estableció en 2007, cuenta con más de 2.800 miembros y 75 mil personas visitan cada mes su sitio de internet. Está basada en Jupiter, Florida.

Su propósito es “Erradicar la discriminación en materia de vivienda basada en la orientación sexual y la identidad de género”. Se enfocan en ayudar al sector inmobiliario a fomentar sus conexiones con esta comunidad.

Posteriormente, la LGBTQ+ Real Estate Alliance, fue fundada en 2020, como un desprendimiento de la NAGLREP.

Ellos denuncian que, aunque estas personas están protegidas en algunos estados y municipios, las leyes federales de vivienda justa no incluyen la orientación sexual o la identidad de género como clases protegidas. Esto permite la discriminación legal en 27 estados, lo que puede causar barreras a la propiedad de la vivienda, la obtención de un préstamo, el alquiler, y otras opciones.

Agregan que la tasa de propiedad de vivienda de los clientes LGBTQ+ es del 49%, muy por debajo de la del 64% de la población general. “El miedo a cualquier tipo de discriminación en el futuro proceso de compra de vivienda es una preocupación para el 46% de los inquilinos”, dicen.

Mientras tanto, la Federal Home Loan Mortgage Corporation, que significa Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios y es conocida como Freddie Mac, anunció su trabajo conjunto con  la NAGLREP.

En 2018, Freddie Mac compartió una investigación con respecto a las tasas y tendencias de propiedad de vivienda LGBTQ+. La encuesta destacó que tres cuartas partes de los inquilinos sexodiversos estuvieron de acuerdo en que ser propietario es una buena inversión, y el 72%de los inquilinos dijeron que quieren ser dueños de una casa.

Crédito: Pexels

La asequibilidad, la seguridad y la posesión de una vivienda como parte del sueño americano se citaron como factores impulsores, según declaración de Danny Gardner, Vicepresidente Senior de Préstamos Asequibles para Familias y Acceso al Crédito en Freddie Mac.

En apoyo de los principios de igualdad de oportunidades y no discriminación, esta organización actualizó el lenguaje de su Guía del Vendedor/Servidor de Vivienda Unifamiliar para reflejar la protección contra la discriminación basada en orientación sexual e identidad de género.

“Todos los agentes inmobiliarios están obligados por el Código de Ética de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios (National Association of Realtors, NAR), a prestar un servicio profesional igualitario, sin discriminación basada en la orientación sexual o la identidad de género”, dijo el presidente de esta entidad, Charlie Oppler.

Perfil del comprador

 Lisa Sturtevant escribe en virginiarealtors.org que, en 2021, casi el 6% de los estadounidenses se identifican como lesbianas, gays, bisexuales, transexuales o queer, lo que supone un aumento del 60% respecto a la cifra de hace cinco años. El 9% de los Millennials y el 16% de la Generación Z se identifican como algo distinto a la heterosexualidad.

Agrega que, aunque la comunidad sexodiversa constituye una parte relativamente pequeña de la población, son consumidores tremendamente importantes, con un poder adquisitivo estimado en 1 billón de dólares.

Ser propietario de una vivienda es un objetivo cada vez más importante entre los miembros de la comunidad LGBTQ+. Según la Asociación Nacional de Profesionales Inmobiliarios Gays y Lesbianas, se espera que la propiedad de viviendas por parte de esta comunidad aumente significativamente en los próximos 10 años.

Los compradores de viviendas distintos a la norma heterosexual en Estados Unidos adquieren casas más antiguas, más pequeñas y más baratas que los compradores que no pertenecen a este grupo, según el Perfil 2021 de los compradores y vendedores de viviendas LGBTQ+ publicado por la NAR.

La organización añadió por primera vez una pregunta sobre la orientación sexual en su estudio anual sobre el perfil de los compradores y vendedores de viviendas en 2015. El porcentaje de compradores y vendedores de viviendas que se identificaron como lesbianas, gays o bisexuales se ha mantenido estable en el cuatro por ciento desde ese año.

NAR añadió preguntas sobre el género y la identidad de género en 2019, y aunque las personas transgénero y de género no binario representaron menos del uno por ciento de los compradores y vendedores, son al menos el ocho por ciento de los que se identifican como LGBTQ+. 51% se identifica como hombre y 40% se identifica como mujer.

En los últimos 5 años, las casas compradas por los compradores sexodiversos eran generalmente 170 pies cuadrados más pequeñas y 15 años más antiguasque las compradas por los compradores heteronormados.

Los compradores y vendedores LGBTQ+ eran más propensos a ser hombres solteros y parejas no casadas y eran más propensos a identificarse como hombres que como mujeres.

El informe anual de la NAR también reveló que el precio medio de venta de las viviendas adquiridas por los compradores sexodiversos era de 245 mil dólares, frente a los 268 mil dólares de los compradores no LGBTQ+.

Los compradores lesbianas, gays o bisexuales son mucho más propensos a comprar en zonas urbanas y menos a comprar en pueblos pequeños o zonas rurales. También esperan pasar 10 años en su nueva casa, cinco menos que los compradores heterosexuales.

Una proporción creciente de compradores sexodiveros están casados y tienen hijos. Las parejas casadas representaron el 39% de los compradores y vendedores de este grupo, mientras que el 21% de las transacciones fueron realizadas por una pareja no casada, el 22% por un hombre soltero y el 15% por una mujer soltera. El 17% de los compradores LGBTQ+ tienen hijos en el hogar.

La edad media (42 años) y los ingresos anuales (93.200 dólares) de los compradores y vendedores del grupo estudiado fueron ligeramente inferiores a los de los compradores y vendedores que no pertenecen a este grupo (46 y 97.000 dólares, respectivamente).

El 42% de los compradores sexodiversos eran compradores de vivienda por primera vez, frente al 32% de los compradores no LGBTQ+. Sin embargo, los dos grupos tenían la misma probabilidad de ser vendedores de vivienda por primera vez, con un 37% y un 33%, respectivamente.

A la hora de considerar la ubicación para la compra de una vivienda, las tres cualidades más importantes -calidad del barrio, proximidad al trabajo y asequibilidad general- fueron las mismas para todos los grupos. Los compradores sexodiversos estaban menos preocupados en general por la proximidad a los amigos y la familia en comparación con los compradores no LGBTQ+. También dieron más importancia a la comodidad para el entretenimiento y el ocio y a la proximidad a un veterinario. Además, los compradores no heterosexuales valoraban menos que los demás estadounidenses la proximidad y la calidad de los colegios, la comodidad de los centros de salud y el tamaño de los terrenos.

Dos ingresos, cero hijos

“Doble ingreso, sin hijos” (DINK) es una expresión para referirse a un hogar en el que hay dos ingresos y no hay hijos. Las parejas que viven en un hogar DINK suelen tener más ingresos disponibles porque no tienen los gastos añadidos que conllevan los hijos.

Por eso, disponen de recursos para gastar en automóviles, ropa, comida u otros artículos. Tienen posibilidad de ahorrar dinero al vivir en una casa más pequeña, oportunidad de ahorrar e invertir los ingresos extra. También se permiten comprar una casa o un apartamento más caro, o incluso una propiedad de vacaciones.

Los hombres casados con personas del mismo sexo suelen ganar bastante más que sus pares lesbianas o heterosexuales, según los datos publicados por el Departamento del Tesoro de EE.UU.

Los hombres homosexuales tuvieron un ingreso familiar promedio de 176.000 dólares en 2014, 52.000 dólares más que las parejas de lesbianas y 63.000 dólares más que las parejas del sexo opuesto.

La mirada del Departamento del Tesoro a las declaraciones de impuestos de las parejas del mismo sexo añade un nuevo elemento a la investigación sobre las formas en que el género y la geografía afectan a los ingresos.

Las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienden a vivir en la costa y en las principales áreas metropolitanas, donde los ingresos medios tienden a ser más altos que en otras partes del país.

En el caso de las parejas masculinas, esa prima de ingresos geográfica ayuda a explicar por qué las parejas heterosexuales ganan un 36% menos. Las parejas de lesbianas, en cambio, solo superan los ingresos medios de las parejas heterosexuales en un 9,7%, y cuando se comparan las parejas de lesbianas con las de heterosexuales en el mismo código postal, esa ventaja desaparece.

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