Oniria Teatro: Diez años de contar lo que duele y lo que sana
Lo que comenzó el 8 de marzo como un sueño en una cochera se convirtió en un movimiento teatral que ha recorrido estados de México con historias reales de mujeres, hombres, la comunidad LGBT+ y adultas mayores
Había una cochera. Tres personas. Y una necesidad enorme de crear. Así nació Oniria Teatro un 8 de marzo, hace exactamente diez años, de la mano de Jaz Garza, actriz y gestora cultural mexicana que decidió volver al escenario no por aplauso ni por éxito, sino porque ahí era donde recordaba quién era.
Lo que comenzó como un impulso profundamente humano se transformó, con el paso de los años, en uno de los proyectos teatrales más emotivos y singulares del norte de México: una compañía que pone en escena historias reales, bajo la premisa de que contar lo propio tiene el poder de sanar.
“Juré contar nuestra historia”
La obra que le dio nombre y dirección al proyecto fue Juré contar nuestra historia. Una puesta en escena construida sobre testimonios reales que tocó fibras que pocas veces el teatro local había atrevido a rozar. Desde entonces, Oniria Teatro no volvió a ser solo una compañía: se convirtió en un espacio de escucha.
Bajo esa misma premisa: que toda historia merece ser contada y que el teatro puede ser el lugar para hacerlo, nacieron proyectos que expandieron el alcance del proyecto: Ellas, que dio voz a mujeres dispuestas a nombrarse desde el escenario; Ellos, que abrió el mismo espacio a los hombres; Elles, que invitó a la comunidad LGBT+ a contarse con libertad; y Ellas Plata, quizás el más luminoso de todos, donde mujeres mayores subieron por primera vez, o por primera vez en mucho tiempo, a un escenario para decir lo que habían callado durante décadas.
Un proyecto que viaja y que gana
En una década, Oniria Teatro ha trascendido las fronteras del área metropolitana de Monterrey para llegar a distintos municipios de Nuevo León y a Guadalajara, Jalisco. Sus producciones han sido reconocidas con premios y han encontrado en cada nueva ciudad un público que se identifica, que llora, que aplaude de pie no solo por la actuación sino por el reconocimiento: esa historia también podría ser la mía.
Por Oniria Teatro han pasado quizás sesenta personas o más: actores, comediantes, escritores, periodistas, poetas, psicólogos, cantantes. De ese núcleo han brotado proyectos, amistades y colaboraciones. Lo que empezó como una necesidad personal de Jaz Garza terminó siendo, en sus propias palabras, “un lugar donde muchas historias encontraron dónde salir, transformarse y compartirse».
“Oniria Teatro no nació de un plan perfecto. Nació de una necesidad muy humana de pertenecer, de crear, de sanar”.
— Jaz Garza, fundadora de Oniria Teatro

Una pequeña luz en la oscuridad
Quienes han formado parte de Oniria Teatro hablan de él no solo como un proyecto artístico, sino como un punto de quiebre en sus vidas. Jaz ha escuchado más de una vez que el proyecto ha sido la pequeña luz que les sacó de la oscuridad y les cumplió sueños. Y no es para menos, porque Oniria Teatro ha sido el espacio también de quienes pensaban que el arte es algo que podían vivir de expectadores y se convirtió, gracias a Jaz y a Oniria Teatro, en una oportunidad de explorar emociones, ser parte de y entender el arte desde el escenario y no solo desde la butacas.
En este décimo aniversario, Oniria Teatro no celebra solo su permanencia. Celebra la permanencia de quienes creyeron que su historia valía la pena contarse. Celebra que el teatro, ese arte antiguo y urgente, sigue siendo capaz de convertir el dolor en comunidad y el silencio en voz.
Diez años después de aquella primera noche en una cochera, el pequeño mundo de sueños que imaginó Jazmín Garza sigue encendiéndose con cada función.
Oniria Teatro celebra con funciones aniversario
Hoy, un elenco de más de 30 personas se prepara para honrar una década de emociones. Ellas, Ellos, Elles y Ellas Plata alistan funciones especiales para conmemorar y celebrar de la mejor manera estos diez años: en escena, donde siempre han pertenecido.
La invitación es a creer en el teatro. Creer en los sueños. Creer en uno mismo aunque el inicio deba ser en una cochera, porque nunca sabes… tal vez ese sueño podría convertirse en cientos de corazones tocados.
El teatro sigue siendo mágico, sigue vigente. A veces es difícil mantenerse, pero si alguna vez lo dudas, recuerda la historia de Jaz: alguien que, por amor al teatro, derribó las barreras del miedo y se convirtió en semilla para que muchos tuvieran la oportunidad de subirse a un escenario y descubrir la magia que ocurre cuando se abre el telón.
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