Oscar Mejía: “La percusión es un lenguaje para sanar y conectar”
Radicado en Miami, el baterista venezolano que ha colaborado con ganadores del Grammy y referentes de la adoración cristiana, reafirma el poder de la música como instrumento de fortalecimiento y vínculo espiritual
Texto: Alejandro Celedón
La música cristiana, esa que compila mensajes universales de esperanza, redención y alegría, es un género no solo profundo, vinculado con la espiritualidad y la fe, sino además influyente: Según el portal Gitnux.com, la lista de “Top 10 artistas cristianos en Spotify” suma más de 50 millones de oyentes mensuales. En este sector de la industria musical sobresale el nombre del venezolano Oscar Mejía.
Este virtuoso de la batería suma en su trayectoria trabajos junto a figuras prominentes en la adoración cristiana como el cantante y compositor brasileño Marcos Brunet, líder influyente en América Latina; el argentino Lucas Conslie, cantautor de proyección internacional; la texana Misty Edwards, referente del género en los Estados Unidos; y la bahameña Wally Tucker, cantante y conferencista. Todas experiencias enriquecedoras que él califica de privilegio enorme. “Cada uno de ellos tiene un estilo y una visión única, lo que me enseñó a ser más versátil y creativo”, destaca.

Además, están sus colaboraciones con productores de amplio reconocimiento: Yoel Vivas, ganador de los Premios Billboard y nominado al Grammy; Yein González, ganador del Grammy Latino y nominado al Grammy; y Daniel Espinoza también reconocido con un Latin Grammy. “Trabajar con productores de este nivel es un aprendizaje constante. Cada proyecto es un desafío para mejorar mi técnica. Por ejemplo, Yoel Vivas tiene una visión de producción muy detallada y exigente, que me enseñó a perfeccionar cada golpe y cada acento. Con Yein y Daniel, la experiencia fue intensa, aprendiendo a manejar la presión por tratarse de producciones internacionales de alta calidad”, rememora.
Si bien le resulta difícil decantarse por un solo proyecto, a la hora de hablar de escoger uno que lo haya marcado de manera especial, menciona su trabajo con André Aquino, ganador del Latin Grammy. “Ha sido increíble. Su nivel de exigencia y musicalidad me llevó a explorar nuevos matices de ritmo y a trabajar con un equipo profesional de primer nivel. Cada producción con él es una lección de excelencia y creatividad”, manifiesta.
Música para sanar
Sus inicios, tanto como baterista como en la música cristiana, van de la mano y parten de un momento significativo en su vida. Oscar cuenta que a los seis años falleció su madre y fueron sus abuelos maternos los responsables de cuidar de él y su hermano mayor. Buscando una manera de mitigar semejante dolor, los llevaron a una iglesia cristiana donde él quedó fascinado por la música y particularmente por la batería. Allí comenzó todo, allí, asegura, descubrió cuál era el propósito de su vida: la música.
Con solo seis años empezó a tomar clases de batería. A los 16 años tuvo la suerte de encontrarse con el percusionista y docente, también venezolano, Luzbel Jiménez, ex miembro de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, quien ha realizado presentaciones bajo las batutas de prestigiosos directores como Gustavo Dudamel, y Claudio Abbado. Fue Luzbel quien le enseñó a “escuchar la música, no solo a tocarla”. Oscar asegura que esa formación temprana le dio disciplina y sensibilidad rítmica. “Mi maestro me mostró que la percusión podía ser un lenguaje para expresar emociones y conectar con la gente”, asegura.
Con un estilo que combina técnica precisa con sensibilidad interpretativa, Oscar, radicado actualmente en Miami, espera seguir trabajando con más artistas, en nuevas producciones en estudio y en giras internacionales. “Quiero participar en producciones que mezclan estilos y culturas, siempre con el propósito de conectar con la gente a través del mensaje. Me gusta que cada canción tenga su propio pulso y que mi percusión haga que ese mensaje llegue con más fuerza y emoción para que la gente se sienta viva y auténtica”.
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