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Una gesta de libertad

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Se cumplieron 63 años de la gesta del 23 de enero de 1958 en la que la sociedad venezolana depuso a la que se pensaba sería la última experiencia autocrática de la historia republicana. Si bien la dictadura trataba de demostrar que poseía una fuerza relevante y transmitía la sensación de que controlaba absolutamente todos los elementos de la sociedad, la descomposición interna era marcada y los días del funesto régimen estaban contados.

Diez años duró el oprobioso régimen que se caracterizó por mancillar la dignidad nacional con la supuesta excusa de mostrar un desarrollo que en lo absoluto era real, pues los puentes, las imponentes avenidas y las suntuosas construcciones en las grandes ciudades, contrastaban con el desastre y el atraso de la provincia, que observaba como sus adolecentes debían marchar a las principales urbes a continuar su formación, sus habitantes seguían muriendo de enfermedades que estaban superadas y el campo se acababa en la inercia de un espejismo desarrollista.

El cruel régimen edificaba una supuesta relevancia internacional que movida por el dinero permitió ganar adeptos en la región, ufanándose de orquestar conferencias multilaterales, realizar donaciones e incluso confrontar a los Estados Unidos de América en el entendido de ofrecer financiamiento a los países de la región. Además, la dictadura erigió una serie de alianzas con mandatarios de similar naturaleza, cuyos representantes eran asiduos asistentes a los degradantes actos de la semana de la patria y a los tragicómicos simulacros de bombardeos.

Aunado a lo anterior, la represión fue absoluta, llenándose las cárceles de diferentes personas que pagaban con dolor su oposición al mandato militar y su actitud frontal contra un sistema que no escatimaba en recurrir a los rines afilados, a las panelas de hielo, a los alicates eléctricos y a una cantidad de elementos que se empleaban para silenciar a las disidencias, reflejando además el sadismo miserable de una élite opulenta y groseramente rica, frente a una sociedad disminuida.

 Cuando menos se esperaba, llegó el 23 de enero, en un mes que marcó rápidamente la debacle de la funesta dictadura. El fraudulento plebiscito aceleró los acontecimientos y a partir de enero el colapso del régimen se hizo manifiesto, llevando a que el dictador y su séquito de serviles y crueles, tuvieran que dejar el poder. En el sexagésimo tercer aniversario de la valiente gesta del 23 de enero de 1958 debe imperar la reflexión de que aún en las épocas más oscuras, y pese a las caretas de supremacía de los regímenes dictatoriales, la libertad puede estar a la vuelta de la esquina, o mejor dicho, al amanecer.  

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