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Un presidente retenido

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Después de años en el cargo, sin lugar a dudas el país está estancado y pasa por una era en la que las contradicciones se están exacerbando. Mientras usa los medios de comunicación para dar de que hablar y emitir comentarios equivocados que generan polémica, exprofeso o no, con tal de posicionarse y ser centro de análisis, la nación observa como reaparecen fenómenos que empezaban a superarse anteriormente y las promesas de brechas e inequidades que disminuirían, se amplían alarmantemente sin que se evidencie alguna respuesta a una sociedad que no puede subsistir sobre los discursos vacíos de un viraje revolucionario que supuestamente se adelanta. 

Quienes adversan al mandatario denuncian constantemente los atropellos y abusos que se cometen y la irrupción de limitantes para el ejercicio de sus derechos. Ahora, visto que las vías internas parecieran estar cerradas, la alternativa, unida en torno a movimientos variopintos y a organizaciones que hasta no hace mucho se enfrentaban y discrepaban en sus puntos de vista, optó por recurrir a la comunidad internacional, para dejar evidencia ante personalidades y entes multilaterales que hacer política en el país se convirtió en una tarea que inclusive puede pagarse con la vida, dada la violencia desatada y la poca respuesta gubernamental.  

La realidad desde el poder se ve distinta a la que los habitantes perciben y sienten. Desde el mando y su estructura no se palpan las carencias y vicisitudes que atraviesa la sociedad evidenciándose un divorcio entre los distintos actores, que ni siquiera es mitigado por los chistes, los cantos o las ofensas que se esgrimen contra los detractores. La exagerada propaganda no basta para silenciar a un conglomerado que nota que todo no es más que una fachada propagandística en la que no hay asomos de resolver la crisis, al contrario, podría asomarse la idea de que mientras persistan los problemas, un discurso como el de la élite gobernante puede tener cierto asidero en los que anhelan mejoras y cambios.  

La crisis política es enorme y se refleja en todos los ámbitos de la sociedad. La creencia en los partidos políticos es precaria, llevando incluso a que adversarios históricos se dieran la mano en una confluencia en la que lo único que los une es su animadversión a la actual administración y a quien detenta el mando del país. Desde los sectores afines al poder impera un discurso revanchista y de muy precaria calidad en la que los escándalos y lo contradictorio de los procederes están a la orden del día. Lo inaudito es que no hay un refrescamiento de la política y aunque tratan de evocar novedad, son actores acartonados y que figuran desde hace décadas, muchos incluso en las filas de los partidos que actualmente los adversan.

En la soledad de su camioneta, pensaría Andrés Manuel López Obrador en muchas cosas. Una protesta, de los que se sienten defraudados por el incumplimiento de las promesas de campaña, impidió el paso de la comitiva para que el jefe de Estado llegara a su tradicional alocución de todas las mañanas. Tal vez pudo aprovechar las dos horas en las que estuvo allí, para reflexionar y entender que va por la senda equivocada. Sin embargo, como desde el poder todo se ve distinto, lo más probable es que su pensamiento se enfocara en el disgusto por no haber podido movilizarse y no en las causas que provocaron la protesta.

 

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