Series de TV y temáticas sexodiversas: así cerramos la década

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En una entrevista que le hiciéramos meses atrás al artista plástico Daniel Arzola, nos comentó: “Cuando creces sin verte a ti mismo en la cultura, sin ver a gente como tú en los libros, en las películas, en la gráfica, en la música; si no se cantan historias de amor como la tuya, tu identidad crece fragmentada. Te sientes un extraterrestre”. 

Cerrando la segunda década del siglo XXI, podemos decir que hemos avanzado en ese sentido. 

Tiempo atrás, comentamos sobre un par de parejas LGBTQ+ de la TV, abordadas desde la comedia. Nos referimos a la pareja formada por Cameron (Eric Stonestreet) y Mitchell (Jesse Tyler Ferguson) de la serie Modern family; así como a Mauri (Luis Merlo) y Fernando (Adria Collado) de Aquí no hay quien viva. 

Ambas series datan de la década pasada y fueron buenas noticias que se incluyeran parejas del mismo sexo en medio de los variopintos personajes de las respectivas historias. Se trata de dos comedias que evadieron el estereotipo y más bien hablaron de las cotidianidades de estas parejas del nuevo milenio. 

Dinastía arcoiris

Ahora, cuando cerramos 2019, escogimos comentar nuevos casos; pero esta vez desde el drama. 

Una de las grandes sorpresas del remake de la serie clásica estadounidense Dinastía, vino de la mano del personaje de Steve Carrington, hijo de Blake (John Forshyte en la original), el magnate que sirve de pivote a la serie. 

En aquellos años 70 y 80, Steve era un hombre atormentado por ser gay. De hecho, pasó a la historia por ser el primer personaje abiertamente homosexual que apareció en horario estelar en la TV de EEUU. Fue interpretado por primero por Al Corley y luego por Jack Coleman, quien tomó el personaje a partir de la salida del actor original.

En la nueva serie, Steve mantiene su identidad sexual; pero eso ya no es un asunto karmático para los Carrington. Muy al contrario, la gran sorpresa de esta relectura fue convertir a Sammy Jo (Heather Locklear), la chica que hacía de su pareja a la fuerza, simplemente en en Sammy (Rafael De La Fuente), un joven hispano e inmigrante, cuyo matrimonio con Steve incluso cierra la primera temporada. 

A este nuevo Blake (Grant Show) no parece incomodarle mucho que digamos la sexualidad de su hijo, y hasta llega a ser un suegro de brazos abiertos para Sammy. Un giro que ha hecho que algunos cultores de la versión original pongan el grito en el cielo. Más bien al señor Carrington le molesta ver que el varón de la casa no luce muy interesado en los negocios familiares y parece demasiado idealista para su gusto. Esa es la nuez del conflicto entre padre e hijo en esta propuesta inesperadamente “open” de la historia. 

México lindo y sexodiverso

Pero al sur del Río Grande también hay novedades. El muy esperado remake de Cuna de lobos, la telenovela más recordada de México, trajo sorpresas. 

Al igual que en la original, el millonario Carlos Larios muere a manos de su esposa, la inolvidable psicópata Catalina Creel (María Rubio en la primera, Paz Vega en la segunda). 

Al conocerse el testamento, se descubre que el patriarca ha puesto como condición a sus hijos, para hacerse con la fortuna, que le den un nieto. El primero que cumpla, será el heredero. 

Alejandro, el hijo menor, fue interpretado originalmente por Alejandro Camacho y en la nueva versión por Diego Amozurrutia. El personaje está imposibilitado para cumplir el deseo de su padre. En 1986, porque su esposa Vilma (Rebecca Jones) era estéril. En 2019, porque es gay y tiene una relación con Miguel (José Pablo Minor). 

Lo interesante es que, desde nuestro punto de vista, el centro de gravedad de la historia se ha desplazado. La pareja que todos esperamos encontrar en un melodrama latinoamericano, no parece ser la formada por José Carlos –el hermano de Alejandro, interpretado por Gonzalo García Vivanco– y Leonora (Paulette Hernández). Ahora, los espectadores siguen con mayor entusiasmo las desventuras de Miguel y Alejandro, al punto de haber posicionado cómodamente en las redes sociales la etiqueta #Miguelandro. No es poco que la pareja estelar de un dramático de la tradicional cadena Televisa sean dos caballeros, aunque Leonora y José Carlos se mantengan a mano para equilibrar las cargas. 

Netflix lo hizo de nuevo 

Mientras tanto, en la muy abierta y fenomenal plataforma Netflix, ha sido un éxito otra producción mexicana: La Casa de las Flores, protagonizada en su primera temporada por la diva de las telenovelas Verónica Castro. Virgina de la Mora, matriarca del clan encargado de la floristería que da nombre a la serie, tiene un hijo llamado Julián (Dario Yazbek Bernal), un jovencito con doble vida: le cumple sexualmente a su novia; pero también lleva una relación secreta de cinco años con Diego, el contador de su acaudalada familia (Juan Pablo Medina).
Y quizá lo más interesante de esta exitosa pareja televisiva, sea el abismo de la edad entre ambos y los tragicómicos incidentes que se generan por eso; mientras los personajes transitan el accidentado camino para salir del closet. 

Pero no todo ha sido color de rosa. Durante el rodaje de la serie, la pareja fue a la tienda de deportes Martí a grabar una escena en la que Julián y Diego se encuentran y terminan dándose un beso. Este hecho no le pareció al encargado de la tienda y no los dejó continuar con el rodaje. El hecho fue repudiado en las redes sociales. 

Sin embargo, La casa de las flores trajo mucho más, cuando finalmente apareció el ex esposo de Paulina (Cecilia Suárez), encarnado (y encarnada) Por el prestigioso actor español Paco León. Es allí cuando nos enteramos de José María Riquelme ha decidido transformarse en María José Riquelme y ahora es una mujer. ¿Cómo se desenvuelve a partir de aquí la relación de María José con su exesposa y su hijo? Un complejo vínculo, que hay que redimensionar y que oscila de lo gracioso a lo conmovedor. 

Son apenas algunos ejemplos, y podemos encontrar muchos más si buceamos en la enorme oferta de las nuevas plataformas televisivas on-line, donde la ausencia de censura de la TV abierta es una bendición. 

Y podemos continuar con la exploración lésbica de la protagonista de la serie Vis a vis, o con la sexualidad multicolor de los chicos adolescentes de Elite, dos historias que nos confirman la excelencia de la TV que se está haciendo en España. 

¿Qué nuevas historias arcoíris nos traerá la tercera década del siglo? 

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