Sana envidia

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Todo está previsto para que el próximo primero de marzo se concrete el traspaso presidencial en la República Oriental del Uruguay en un acto que obligatoriamente genera sana envidia en otros Estados de la región, por el enorme simbolismo que tiene y la carga valorativa que emana en el que sin lugar a dudas es uno de los países con mayor solidez institucional en el continente. 

Lo primero que despierta enorme interés es que Luis Alberto Lacalle Pou recibe el gobierno de  manos del médico Tabaré Vázquez, hombre que por poco le dobla la edad, en una muestra de que más que alternancia, principio del que adolecen otros países de la región, lo que hay es un quiebre generacional. Cabe acotar que Lacalle es hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle (quien dejó el camino libre al hijo desde hace algún tiempo) y el emblemático expresidente Julio María Sanguinetti ni siquiera logró ganar las internas de su partido para obtener la candidatura.

Otro foco que despierta admiración es el nivel de la política uruguaya. Una campaña en la que pese a las diferencias imperaron el respeto y la altura, manifestadas en hechos como la solidaridad de sus adversarios cuando se descubrió una delicada situación de salud del presidente Vázquez o en el gesto del presidente saliente al invitar y poner a declarar al mandatario electo durante un viaje a Argentina para asistir a la toma de posesión de Alberto Fernández. El asunto se fortaleció aún más cuando Lacalle Pou agradeció el gesto e indicó que quien tenía aún  la voz cantante sobre la política exterior era el jefe de Estado en ejercicio.

Pareciera que en las líneas fundamentales del país no habrá cambios sustanciales y la República seguirá por un rumbo de progreso, avance y libertad. La diferencia entre temas puntuales puede estribar en que ciertos asuntos resultaban incómodos a Vázquez por la multiplicidad de factores que constituían el Frente Amplio, razón por la que guardó condenable silencio en coyunturas particulares, pero esto puede afectar también a Lacalle, pues su gobierno se compone de actores de otros grupos que incluso le dan fuerza parlamentaria.

Esperemos que le vaya bien a Uruguay con su nuevo presidente. La solidez de las instituciones y el respeto a las normas es pilar fundamental para que el país siga transitando por eras de democracia que hacen olvidar las lúgubres tiranías de hace décadas. En la región, unas naciones más que otras deben seguir trabajando para que casos como el de la república sureña, en el que la alternancia, el respeto y la libertad son hechos cotidianos, se conviertan en algo tan relevante, que no genere asombro lo que ocurre en países como Uruguay, que si nos ponemos a ver, es el deber ser.  

 

 

 

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