Revoluciones modernas: compromiso social

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La historia del mundo se ha escrito sobre la base de muchas luchas sociales, políticas  y económicas, que luego se convirtieron en grandes revoluciones que cambiaron el curso de las sociedades modernas.

La Revolución Francesa de 1789 es la que más cambios produjo en el universo entero: dio paso  a lo que conocemos como la Era Contemporánea, trajo consigo el aire de libertad y fraternidad que demandaban las sociedades de la época. Le reconoció al hombre y al ciudadano el poder a través de la soberanía popular para que construyeran el Estado ideal, consagró los derechos fundamentales, la igualdad social, política  y económica, valores sobre los cuales se sustenta la democracia actual.

La Revolución  Industrial del siglo XVIII, la Norteamericana o la Revolución de la Trece Colonias de 1775, la Rusa de 1917, la de los Claveles de 1974 y la China de 1927, por citar solo unas cuantas, se gestaron el  seno de esas sociedades a través de movimientos sociales que presionaban para que surgieran nuevas clases políticas, la organización  de los Estados y cambios en las estructuras económicas.

Las grandes revoluciones provocaron cambios que impactaron la visión y concepción del mundo, creando con ello un nuevo orden social que dio paso a una perspectiva distintas de ver el universo; permitieron poner en el centro de las sociedades a un nuevo hombre (un ser humano), sujeto de todos los derechos. Con ello vino el surgimiento de las democracias modernas, una categoría suprema de los sistemas de gobierno.

Este nuevo siglo se enfrenta a tres revoluciones, según plantea Moisés Naim en su obra “El Fin del Poder”, las cuales están sacudiendo  los cimientos de las sociedades a través de la conducta de los individuos, y con ello de la colectividad y los sistemas democráticos. Un factor muy importante a considerar y estudiar en estos cambios es la manera de concebir el poder y la política en estos tiempos.

Estas revoluciones son la del más, de la movilidad y la mentalidad.  La primera se caracteriza  por tener más gentes en las zonas urbanas, más joven, con más salud y mayores niveles de educación. La revolución de la movilidad, implica que la gente se mueve hacia distintos lugares  con facilidad, por lo que mueve recursos, lo que ha de suponer la existencia de una movilidad social. La tercera es la de la mentalidad, que atañe a un cambio significativo en la conducta y en el comportamiento de los entes sociales por los niveles de conocimiento alcanzados.

Se entiende que estamos frente a un cambio de época importante, lo que plantea ajustes sustanciales para entender  el modo en que se desarrollan las nuevas sociedades y con ellos los individuos. Todo este movimiento trae consigo la necesidad de repensar  los modelos económicos, las democracias, los sistemas políticos, los medios de comunicación y el ejercicio del poder.

Las sociedades modernas están siendo afectadas vertiginosamente por nuevas fuerzas sociales emergentes que están presionado y demandado cambios. Lo que pone en alerta a los estamentos de poder y de decisión para que tomen las medidas pertinentes a fin de preservar la paz y el orden nacional e internacional pre establecido.  Los actores de estas luchas están dispersos, no hay un líder, cabeza o vocero visible de las mismas. El poder no está concentrado en una entidad, personas, un Estado o grupo de presión. Puede estar en mano de una persona, en un dispositivo, un blog, medio digital o en unos grupos minoritarios.

En un mundo interconectado y globalizado,  las informaciones y los acontecimientos son de conocimiento inmediato de manera simultánea, lo que permite por un lado, la democratización de las informaciones y del conocimiento y por otro el ejercicio responsable del uso de esas libertades.

La responsabilidad de los Estados para controlar y regularizar el uso del poder que concede la tecnología en manos de ciudadanos, a veces desaprensivos y extremistas es lo que le devolverá a las sociedades vivir sin temores y seguir avanzado hacia estadios de desarrollo  más civilizado.

En ese contexto, las revoluciones son cotidianas. Día a día se construyen nuevas ideas. Lo que hoy es posiblemente mañana no lo sea. El desafío está en adaptarse a los nuevos tiempos.

Cada generación necesita una nueva revolución

Thomas Jefferson

 

 

 

 

 

 

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