Religiones ideológicas: derechistas a izquierdistas

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Mucho se habla sobre la “derecha” y la “izquierda” en la política de nuestros países. Existe una tendencia que trata de hacer parecer que pertenecer a uno de estos grupos y definirse es lo que necesita el país, tratando a los ciudadanos como creyentes invidentes, pertenecientes a una religión llamada “izquierda” o “derecha”.

Estos creyentes se han dejado llevar por la fe de las posiciones. Esa fe que hace creer que el mundo solamente se divide en negro o blanco, y la existencia de grises solo se justifica como un paso previo a la obtención de alguno de esos colores. ¿Será que, al igual que en la religión, estos creyentes no piden pruebas a la existencia de su Dios?

La cotidianidad nos da una respuesta negativa a esa pregunta. Es evidente que sus fieles no piden pruebas a un Dios, a riesgo de ser considerados herejes. Del mismo modo, se asume imposible pedirle a la deidad de derechas que demuestre libertad, o a la de izquierda que muestre justicia. Estos entes han sido entendidos como superiores, es decir, no deben ser molestados por simples ciudadanos que no alcanzan a comprender el mundo divino.

Toda religión tiene profetas y libros. Curiosamente, de esto es de lo que los religiosos menos saben. Así como una gran parte de la población cristiana no ha pasado de los primeros 50 versículos de la Biblia, los religiosos posicionales no conocen a sus profetas. Un creyente de derecha poco o nada conoce del trabajo de Adam Smith y uno de izquierda limita su conocimiento sobre Karl Marx sobre el hecho de ser el autor de “El Capital”, libro que seguramente no terminó de leer. Existen algunos creyentes que leen, pero en su ceguera hacen cumplir la regla de Lem: “Nadie lee nada; si lee no comprende nada; si comprende, lo olvida enseguida”.

Es de amplio conocimiento que todas las religiones tienen líderes. Sin embargo, en las religiones posicionales los líderes son entes abstractos como el pueblo o el mercado. Se comprende que son ellos los que dictan las pautas. Quizás es que al igual que el desgraciado de Quasimodo he quedado sordo y no he logrado jamás escuchar hablar a un pueblo o a un mercado.

Las religiones tienen principios fundamentales e incuestionables. El creyente posicional se ve obligado a seguir algunos, sabiendo que no está permitido cuestionarlos. El derechista sabe que la libertad del mercado es transcendental y sagrada; mientras el izquierdista sabe que la justicia social es un principio invulnerable y portador de una voz sagrada.

Lo que no saben los creyentes (o quizás sí) es que sus religiones los utilizan. Ellos, los clérigos posicionales, no desean más que mantenerlos en ese estado que bien podría ser llamado estupidez. Es muy probable que el creyente posicional no llegase hasta este punto del artículo, seguramente se sintió ofendido. Y no estaría equivocado: los he ofendido y satirizado para demostrarles que existe algo peor que matar a otro ser humano. Lo único que es peor a la muerte, es el desperdicio de la existencia humana ejecutado por entes sin pensamiento, esos que no cuestionan las enseñanzas paternas y sociales.

Es mi deseo agradecer a los que ha llegado hasta este punto de mis palabras, quizás algunos de ustedes sean creyentes temerarios que decidieron sentirse superiores burlándose de mi idea final, que no es otra cosa que una invitación a que al devoto derechista se le regale un libro de Karl Marx y al izquierdista uno de Adam Smith. Además, deseo recomendar que en lugar de darlos como hermosos presentes procedan a leerlos, y puedan generar apasionantes debates. Mi satisfacción provendrá del hecho de saber que ayer fueron creyentes pero mañana serán pensadores.

 

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