Ni zurdo ni diestro

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Recordando un poco. – En política, los términos izquierda y derecha tienen su origen formal en la votación que tuvo lugar en 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa.

En ella, se discutía la propuesta de un artículo de la nueva Constitución en la que se establecía el veto absoluto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de la propuesta, que suponía el mantenimiento de hecho del poder absoluto del monarca, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, y defendían que el rey solo tuviera derecho a un veto suspensivo y limitado en el tiempo, se situaron a la izquierda del presidente.

De esta manera, el término “izquierda” quedó asociado a las opciones políticas que propugnaban el cambio político y social, mientras que el término “derecha” quedó asociado a las que se oponían a dichas reformas (Extraído de Péronnet, Michel (1985). Vocabulario básico de la Revolución Francesa. Barcelona: Crítica. p. 226. ISBN 84-).

Por lo visto, desde tiempos inmemoriales fue propiciada la división del ser humano sobre sus ideales, sean estos políticos, económicos, sociales o culturales. Con el paso de los años, la opinión política fue seccionada de esa manera: los que abogan por el mantenimiento del status quo, el orden, la tradición, la propiedad privada y la defensa a ultranza de las libertades individuales y del libre mercado frente a la intervención estatal (derecha); y los que plantean que tales medidas solo generan desigualdad social, siendo la igualdad la cualidad fundamental y necesaria para el desarrollo de la sociedad, y la que debe ser procurada con una alta intervención del Estado (izquierda).

Como todo lo que se lleva al extremo, estas “versiones” de la realidad sufrieron sus distorsiones con graves consecuencias para la historia de la humanidad. Crisis económicas y financieras devastadoras o la implementación de regímenes políticos totalitarios y dictatoriales dan muestra de que ninguna noción puesta en práctica puede ser pura y dogmática.

En vista de lo anterior, pregunto: ¿debemos necesariamente elegir entre la izquierda o la derecha, en su más pura y dogmática expresión? ¿Todo lo que plantea una u otra doctrina, es completamente cierto, sin matices, ni medias tintas?

No, y mil veces no. Hoy en día, en pleno siglo XXI, ni la derecha ni la izquierda, en sus versiones clásicas o renovadas, responden completamente a las realidades de la época. ¿O acaso querer que la economía crezca, que las empresas tengan altos niveles de rendimiento para que aumenten las cifras de empleo, contrasta con una visión en la que se plantea mayor acceso de los jóvenes a la educación, mayor participación y control ciudadano?

La intención no es convertirse en política e ideológicamente ambiguos. Todo lo contrario. Lo que se quiere es que se rompan esas barreras, esos mitos de dividir lo mejor para una sociedad en dos visiones que perfectamente pueden complementarse. La idea no es casarse con dogmas o ideologías, sino romper con ellos y apostar por programas de gobierno e ideas claras y renovadas que apunten hacia una sociedad moderna, libertaria y de progreso, pero justa y realista a la vez.

¿Por quién votar? ¿Por partidos de derecha o de izquierda desprestigiados, pero ideológicamente claros, o por propuestas claras en ideas y formas de proceder, que permitan a los jóvenes, adultos y ancianos verse representados?

Con esto no se pretende desconocer ni restarle mérito a todo lo conquistado por ambas corrientes. La lucha libertaria, el planteamiento de una sociedad más justa y con mayor equidad y la necesidad de crecimiento económico traducido en progreso, toman sus raíces en la derecha y la izquierda.

El detalle es que ninguna responde ni teórica ni prácticamente a nuestra realidad: un mundo multicultural, diverso, complejo, ni blanco ni negro, sino gris, teniendo ese mismo gris grandes y variados matices.

En la búsqueda de complementariedad. – Los altos niveles de abstención en el mundo reflejan que existe una crisis de representatividad o representación política. Los jóvenes y nuevos votantes, no se sienten identificados por quienes son las opciones de gobierno en sus países.

Esta falta de afinidad del elector hacia su opción política denota la poca adaptación de las propuestas político-electorales a las realidades existentes, cada vez más dinámicas, diversas y complejas. Por el contrario, pareciera que en el seno de las organizaciones partidistas se colocaran de espaldas a sus ciudadanos, mientras puertas adentro discuten cómo se reorganizan a lo interno.

Entonces, ¿debe izquierdizarse la derecha o derechizarse la izquierda? La verdad es que ninguna. Al ciudadano común le interesa convivir plenamente en una sociedad donde la clase política discuta y resuelva sus problemas medulares. La seguridad, el empleo, la calidad de vida y el acceso a los medios básicos no deben tener color político o inclinación ideológica.

El liderazgo mundial debe propiciar espacios donde más allá de las facciones y colores, la sociedad y la diversidad de grupos que la conforman se vean representados. Si ser ideológica o políticamente ambiguo significa apoyar a la opción que ponga sobre la mesa los temas que de verdad nos afectan como ciudadanos, y que por ende no respondan necesariamente a una tradición de derecha o de izquierda, pues ¡bienvenida la ambigüedad, adiós a la certeza!

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