Me mienten y yo voto engañado

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#NoEsNormal

En momentos electorales en Colombia y en general en Latinoamérica, uno ve y lee más confusión en las redes. La gente asustada (y no es para menos) con el espejo de Venezuela, se agarra del abucheo hacia los candidatos de izquierda, con risa nerviosa, copia y pega frases, comparte Fake News de los aspirantes que aprovechan el contexto, sin percatarse de que es mentira. Le dan like a videos editados y montajes, se ríen, señalan los Rolex de la guerrilla en el caso colombiano o señalan con horror los zapatos Ferragamo de Petro, como si realmente eso fuera un argumento serio.

En ese navegar por las redes es difícil pescar conversaciones maduras, discutir sin usar las mismas frases o los ligeros argumentos, ir más allá de los memes y poder estrellarse con ideas claras, análisis valiosos y caminos lúcidos hacia las urnas. Lo que hay es una gran oferta de desinformación, somos los “torombolos” de los políticos; alimentados de una pobre confianza y un débil interés de cambiar la clásica y corrupta política.
En cambio, nuestro debate se llama “matoneo”. Se critica, mas no se compara lo positivo para, como dijo una amiga , mirar entre todos por quién podríamos votar para que esto cambie positivamente y de una vez por todas. Porque muy lejos estamos de vivir en una Suiza y acá me disculpo con aquellos que consideran a Colombia la Noruega de Suramérica. La división de clases es tan profunda que el rico, el enriquecido y el pretencioso despotrican de los politicos que hablan de explotar mejor la tierra en beneficio de los campesinos, o aniquilan en redes a quien se atreve a hablar de igualdad social, de indígenas y negros. Tienen miedo y los entiendo, porque fuimos criados en un país para élites, donde ser pobre es malo y donde no hablar bien “gomelo” te saca de los círculos donde están exclusivamente las oportunidades. No importa si vives endeudado con el cartel de los bancos, lo que importa es que te veas “bien”.

Pixabay

En la otra orilla, el empobrecido, el pobre y la clase media luchadora (es decir, de aquí son los pretenciosos que niegan y se avergüenzan de la familia), se decantan por un candidato que les devuelva la esperanza, que les abra la posibilidad de vivir en un Estado de DERECHO, donde los recursos no se roben y lleguen a puerto. Donde haya educación, salud y oportunidades para todos, ¡como en la Suiza real!

Quizás nuestro problema es la falta de empatía para que logremos ser una sola Colombia, y más bien nos dividimos entre Soacha y Mesa de Yeguas, entre Cartagena histórica y Arroz Barato, entre Rosales y el Restrepo. Tal vez si votáramos pensando en todos y no sólo en nuestra comodidad, en nuestra finca (alquilada), si leyéramos realmente las propuestas de todos los candidatos, si confrontáramos los miedos, desarmáramos la intolerancia y fuéramos TODOS a votar a consciencia, quizás ese día cambie en algo la Colombia paraca, mafiosa, corrupta, racista, desigual y arribista. Esa Colombia que mató a Andrés Escobar por un autogol en 1994.

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