Matrimonio infantil: Estado y familia

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La erradicación del matrimonio infantil está dentro de los compromisos que han asumido los Estados que ratificaron la Convención sobre los Derechos del Niño de fecha 20 de noviembre de 1989. Los mismos deben estar en la agenda pública y ser una preocupación de todos los actores sociales, si se desea erigir sociedades equilibradas y seres humanos con consciencia social. La permisividad de este cáncer social desencadena en otros males difíciles de controlar, atacar y erradicar.

La República Dominicana ratificó en año 1991 ese instrumento internacional, por lo que al igual que otros países de la región está obligada a crear las condiciones no solamente en la normativa, sino hacer cumplir las mismas. Se deben hacer esfuerzos de mayor impacto que surtan efectos en la dirección de avanzar hacia un Estado garantista de esos derechos.

El Estado dominicano se encuentra entre los primeros países con matrimonios infantiles, con tendencias a avanzar, ya que no se visualizan políticas efectivas tendentes a atacar este flagelo social, el cual socava las simientes de esta sociedad y de aquellas que las padecen. La institución del matrimonio es para personas que gocen de la capacidad para ella, de acuerdo a lo establecido en la normativa; nos referimos a la unión de personas que en primera instancia tienen la edad para consumarla.

Las menores no gozan de la capacidad legal, ni la voluntad en virtud de la incapacidad, el consentimiento (aun cuando esté dado por los padres), ni de la de las condiciones físicas que los hagan capaces para asumir las responsabilidades que de este vínculo se desprenden.

No poseen las condiciones fisiológicas, en virtud de que los órganos reproductivos no están en la madurez que se necesita para garantizar tanto la salud de la futura madre como la de la criatura por venir, así como las condiciones económicas, por citar solo algunas, que les garanticen un desarrollo físico-mental. La enunciación de estas situaciones nos induce de entrada a hacer razonamientos lógicos para ir despejando dudas y encontrar a los responsables materiales y morales de este hecho bochornoso que indigna y llena de vergüenza e impotencia a nuestras sociedades.

Los menores de edad están bajo la tutela, en principio, de los padres o tutores, que deben proteger y velar por un entorno sano para el desarrollo tanto físico como mental, pero también del Estado, que se hace representar en estos casos por las instancias responsables en la materia. Todos juntos están para mover las acciones públicas cuando por el rumor tengan informaciones que pongan en riesgo a menores de edad.

Estas violaciones pasan inadvertidas en muchos de los casos, ante la mirada indiferente de las autoridades que tienen que velar por la protección de las niñas y niños, y el conformismo de las familias que se ven expuestas a ellos sin que exista un régimen de consecuencia que castigue el hecho punible. Del otro lado están los factores de riesgo, como la ausencia de educación sexual tanto de las autoridades como de los padres o tutores, o la realidad de que los hombres mayores de edad que sostienen relaciones con menores no sufren consecuencias en la mayoría de los casos.

La falta de dispositivos eficaces para la aplicación de la ley por parte del Estado y la ausencia del núcleo familiar, es lo que está desencadenando un aumento de embarazo en adolescentes y con ello la sobrepoblación, fenómeno nodal para el caldo de cultivo de sociedades desequilibradas, sin valores morales ni principios, en virtud de que las niñas-madres en esa etapa carecen del compromiso que conlleva la crianza.

Basta ya de tomar este tema como estadísticas con números fríos, crónica de momento estelar para ganar menciones y salir en las fotos de un diario o programa televisivo, o como tema de agenda para ganar seguidores y conseguir votos en las campañas políticas. Esto es serio, se trata de vidas cercenadas, familias destruidas, seres mutilados de espíritu por la falta de protección y correcta aplicación de la ley y de las posibilidades de oportunidades natimuertas, igual que sus crías y las uniones en algunas situaciones.

 

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