Los latinos tenemos que aprender a reclamar nuestros derechos

Estos meses me enseñaron a ver que vivía en una burbuja

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Ya hace casi 11 años que vivo en Estados Unidos. Siempre he dicho que, desde que llegue a este país, mi proceso de adaptación fue mucho más fácil que el de otras personas. Aprendí el idioma y trabajé duro en incluirme en la cultura americana. Me incluí tanto que terminé casada con un gringo y viviendo en el centro de los Estados Unidos.

Cada vez que me preguntan “¿Y cómo es eso allí?” respondo que esto sí es Estados Unidos. Aquí, en muchos sitios, los que limpian son los gringos, los que trabajan en hoteles son los gringos, los que te atienden en las cadenas de comida rápida, son los gringos. La pregunta siguiente es: “¿Pero deben ser súper racistas allí?” y agregan que “Eso debe ser difícil”. Mi respuesta siempre era que yo nunca he sufrido eso. Nadie me creía mucho, pero era mi verdad. Y es que yo vivía en una burbuja.

Esa burbuja me explotó en la cara durante la pandemia. Si algo me dejó claro es que sí hay muchísimo racismo en Estados Unidos; pero también que a nosotros los latinos nos cuesta mucho reclamar y hacer valer nuestros derechos, hacernos respetar y nos falta incluso unidad.

Todos los números apuntan a que las minorías han sido las más afectadas por la pandemia, pero no han sido las más beneficiadas de las ayudas que el gobierno federal ha hecho llegar; ni ayudadas por los gobiernos locales, por los hospitales, por las escuelas y qué decir de los empleadores. Estos, en muchos casos, han dejado ver lo buenos lobbystas que son.

En año electoral, entre donación y donación han hecho lo que les ha dado la gana; y no me refiero a los pequeños locales de los vecindarios, sino a medianas y grandes empresas, las cuales con todo el descaro del mundo han mostrado lo que es la corrupción en Estados Unidos.

Cuando se habla de salud, el resultado es de denuncias que hablan de racismo por dondequiera; mientras en los hospitales la respuesta típica es: “Nosotros tratamos igual a todo el mundo y todo el mundo tienen derecho a un traductor”.

Sin embargo, en la práctica la situación es completamente diferente. Pacientes que fueron atendidos de últimos por la falta de un traductor, familias enteras tratando de hacer una cita médica y siendo maltratados por recepcionistas por no hablar el idioma, personas en terapia intensiva sin acceso a un traductor.

En las escuelas el panorama no es muy distinto, las familias migrantes en muchos estados del país están preocupadas por el proceso de aprendizaje de sus hijos; distritos escolares trabajando en función de crear planes online, que en ningún momento preparan un apoyo extra para esa madre de Guatemala, El Salvador, México o Cuba que no sabe del sistema, que no habla inglés y que no tiene recursos extras para pagar un tutor que le ayude, dejándolos a la deriva y en muchos casos empujándolos a tener que tomar la decisión de mandar a sus hijos a las escuelas a pesar de no querer hacerlo por el virus, pero es que no entienden mucho. Eso también es discriminación.

Ahora bien, parte de este panorama es culpa de nosotros mismos como colectivo, y es que ya sea por desconocimiento, apatía o miedo, no nos hemos ocupado de aprender nuestros derechos y sobre todo no somos capaces de exigirlos, estamos esperando ese salvador dentro de la comunidad que reclame por todos; pero incluso de esa forma, no participamos ni apoyamos a esas personas han salido a dar la cara.

Es cierto que quizás para participar en actividades políticas hay que ser ciudadano, pero para hacer reclamos fundamentales no, para dejar saber lo que está mal no necesitamos de nadie, debemos ser valientes y debemos buscar la forma de que nos escuchen.

Las cosas no van a cambiar porque nosotros hablemos en español entre nosotros mismos, las cosas van a cambiar cuando los hospitales, las escuelas, los departamentos del trabajo así sea en español comiencen a recibir cientos de correos electrónicos, de llamadas y de comentarios donde se les etiquete en redes sociales, quejándonos de manera formal de la situación.

Y si usted es ciudadano americano, tiene el arma más importante para que le presten atención, no solo a usted sino a su comunidad. Cada vez que vota deja saber que existe, que está allí. Y que su opinión cuenta.

Mientras más grandes seamos como un bloque, más resultados vamos a obtener. No importa si usted está en una ciudad grande o en un pequeño pueblo, participe y por sobre todas las cosas no se quede callado cuando sienta que las cosas no van bien. Reclame, reclama y reclamemos, que los cambios no se dan de un día para el otro; pero si no empezamos jamás vamos a verlos.

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