La Venezuela del 2045

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Sumando.- En materia de psicología, no es recomendable pensar en el futuro por la sensación de ansiedad que pudiera provocar reflexionar sobre lo desconocido, sobre la incertidumbre de no saber qué va a pasar. Sin embargo, en el caso de mi amada Venezuela, me es imposible no hacerlo, no tanto por una necesidad de saber qué le depara el futuro, sino de recrear mentalmente cómo me gustaría verla y reencontrarme con ella.

2045 no es una cifra al azar. Es la suma de los 19 años de gobierno del chavismo-madurismo en el poder hasta el día de hoy, más los por lo menos 25 años que necesita la República Bolivariana de Venezuela para recomponerse política, económica, social y culturalmente.

¿Cómo será mi Venezuela en 2045? Me gusta pensar que habrá crecido política y electoralmente. Será una nación que entiende que ningún líder o mesías podrá resolver sus problemas, si sus ciudadanos no forman parte de la solución más allá de participar en elecciones cada cierto tiempo.

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La Venezuela del 2045 no va a salir a protestar porque no le llegó el pernil, o la bolsita mensual de caridad, sino porque las condiciones económicas estructurales no son compatibles con un modelo de progreso y de crecimiento, producto del trabajo duro y de la innovación y el emprendimiento.

En el 2045 no existirá un suprapoder que corrompa los principios constitucionales luchados y ganados por la ciudadanía, porque Venezuela habrá entendido que la separación de poderes es fundamental para el equilibrio decisional dentro de la arquitectura institucional estatal.

Restando.- La operación aritmética que consiste en quitar una cantidad de otra con el propósito de conocer la diferencia entre ambas es denominada resta. Eso significa que alguien o algo tuvo que perder partes de su esencia. A la Venezuela solidaria, unida, próspera y sonriente, le fueron restados -otros dirían que arrebatados- elementos sustanciales de su plena existencia.

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Venezuela ya no sueña con la Navidad, sino con poder sobrevivir el día a día. Los niños ya no sueñan con juguetes sino con poder llenar su estómago y el de su familia. Las madres, padres y abuelos, ya no sueñan con un porvenir mejor cerca de sus hijos, sino que a estos les vaya bien en el exterior y que puedan comunicarse tecnológicamente de vez en vez.

Esta es la Venezuela de hoy. Una resta de felicidad o una suma de desgracias. Por ello, el ejercicio de pensar en ella en el 2045 es tan importante para mí. Soñarla como lo que siempre debió ser, pero no pudo ser, y no como lo que es hoy en día. Se suman kilómetros de distancia, se restan sueños compartidos en familia, entre amigos.

Mi país en el 2045 no apoyará el gasto social desmesurado, improvisado, impulsivo. Venezuela en el 2045 habrá entendido que esos recursos son importantes para el crecimiento nacional, y por ende espera que el liderazgo haya hecho un trabajo previo de planificación, ejecución y seguimiento del mismo. Incluso, dicha nación hará su propio ejercicio de control social.

La Venezuela de esa fecha no será monoproductora. Será una nación diversa a nivel de producción, competitiva, dotada de infraestructura productiva y de tercerización. Esa Venezuela reinvertirá sus ingresos en acondicionamiento de su industria y en la formación de su capital humano.

En 2045 Venezuela tendrá liderazgos que no se casan con ideologías ni dogmas, porque estas ya no forman parte del imaginario del venezolano. Venezuela en esa fecha optará por propuestas claras y renovadas que apunten hacia una sociedad moderna, libertaria y de progreso, pero justa y realista a la vez.

Al venezolano de a pie, el ciudadano común de 2045 no le interesan los colores, las razas o etnias: solo le interesa convivir plenamente en una sociedad donde la clase política discuta y resuelva sus problemas medulares, y la discusión nacional no tenga que ver con quién está en la cárcel por haber expresado su opinión, sino cómo mejorar el sistema penitenciario para que en vez de ser un centro de reproducción y multiplicación del crimen, se convierta en un espacio previo para la reinserción social.

Venezuela múltiplo de prosperidad. – La Venezuela del 2045 será libre, independiente, próspera, justa y equitativa. La libertad de expresión será ampliamente reconocida y respetada por todos, independientemente de las visiones de mundo existentes. Venezuela será patriota, y no defenderá los intereses de terceros países por encima de los suyos.

En el 2045 Venezuela dejará de estar en las estadísticas mundiales de corrupción y violación a los Derechos Humanos, y se incorporará en los registros de participación ciudadana, empoderamiento y transparencia. Para esa fecha, ya no habrá ecuaciones matemáticas con símbolos de resta o de división. Por el contrario, se multiplicarán los reencuentros, los abrazos prolongados, las sonrisas acumuladas y la esperanza de un futuro mejor.

Espero con ansias visitar la Venezuela del año 2045.

Dedicado a mis padres, hermanas, abuela, amigos y toda mi Venezuela.

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