La civilización esquiva

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Quieren civilizarnos y no nos dejamos, esa es a la conclusión a la que llego después de ver como ocurren las cosas en una ciudad como Bogotá, en donde el alcalde Gustavo Petro gana como sexto mejor del mundo, en donde hay un mínimo vital de agua que no cobran a los pobres, en donde Transmilenio en su concepción era para aumentar la calidad de vida de los que vivimos en esta  ciudad agobiada por el tráfico y el olvido,

en donde los nuevos buses del Sistema Integrado de Transporte Público deberían contribuir, en parte, a solucionar el problema de movilizarse en este tercer mundo en donde reina el caos.

Petro, ausente de los medios para evitar la crítica, da palos de ciego intentando salvar una ciudad plagada de mafias, puede tener ideas innovadoras, pero siempre tienen la reticencia del status quo, el ataque de los arriba, la desidia de los abajo, la queja irremediable de los del centro. No hay quien salve este pueblo del sagrado corazón, no hay manera en tener a todos contentos. Es imposible que en Transmilenio los ladrones, los que se suben sin pagar , los que empujan a diestra y siniestra, los que no ceden la silla a la embarazada, al impedido, al operado, al viejo, al ciego, al tonto, sean los que ganan la batalla. Me resisto a creer que seamos eso, que queramos vivir en el oscurantismo, que cuando hay una luz de ilustración, de paz santista, de cambio para bien , nos resistamos de patas y manos, y demos muestras de que preferimos seguir sumidos en el lodo y en la ignorancia.

Me resisto decía, pero cuando la congresista Cabal dice desde su casa llena de crucifijos tal sartal de mentiras, de frases hipócritas e incendiarias, de argumentos de la lógica de la ignorancia, siento que vamos al abismo. Desde su Twitter, habla de las víctimas del conflicto como si fueran terroristas, persigue gays sin saber que es lo que significa serlo o por lo menos darse a la tarea de conocer alguno diferente a su peluquero de cabecera, ese que se venga en el silencio maquillándola y peinándola como solo se le hace a un enemigo. Es capaz criticar el proceso de paz y perseguir a todo el que sí piensa. Repite las frases de su líder como aquel cristiano que cegado por los estados alterados de conciencia, grita amén mientras pasa por el datáfono la tarjeta y entrega el diezmo a esa iglesia salvadora que lo único que le importa es lucrarse, vender salmos y aprovecharse de incautos.

Me resisto, dije, mientras siento entrar por mi ventana el viento de agosto que lo limpia todo, mientras tras estas letras quiero cambiar el mundo, mientras Petro lucha contra molinos de viento, mientras Cabal es congresista, mientras Santos busca la anhelada paz, mientras el sol tras el cristal me dice no te rindas, mientras en esta mañana quiero ver la esperanza en un mundo que se mata más y más, mientras veo tras el cristal con una mirada que tiene un esbozo de esperanza, que si es posible llegar al otro lado como patria, que si podemos permitir que las cosas buenas pasen, que es  muy posible que si salgo y le sonrío a mi vecino, cedo la silla en Transmilenio, camino al paradero, boto la basura donde toca y voto por quien toca, estaré aportando con un grano de arena para el cambio, querré con un simple gesto ayudar a civilizar este pueblo maldito por la guerra fratricida, este pueblo que mira hacia abajo en vez de mirar hacía el horizonte, hacia arriba, hacia el futuro.

 

Andrés Granadillo G.

Colombia al día

Desde Bogotá, Colombia

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