Hacia una democracia de calidad

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En América Latina la universalización de la democracia se ha ido extendiendo por todas partes. Los países de la región han sido protagonistas de un proceso de cambio político profundo que se enmarca dentro de lo que algunos autores llaman la tercera ola democratizadora. Los regímenes burocráticos autoritarios, por consiguiente, fueron sustituidos con regímenes democráticos que, en su mayoría, hasta el día de hoy se mantienen en vigencia.

Ya la discusión teórica no es solamente si un país es democrático o no, ahora la discusión radica hasta qué punto en un país existe calidad de la democracia, tomando en cuenta indicadores que trascienden lo meramente electoral.

En ese contexto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) hicieron de conocimiento público un interesante informe sobre la calidad de la democracia en República Dominicana. El mismo arroja datos interesantes que sería bueno destacar, pues permiten reflexionar sobre el tipo de democracia en el que vivimos y los desafíos para pasar de una democracia formal a una real.

Históricamente se ha entendido que los países son democráticos porque los ciudadanos acuden a las urnas a elegir representantes. Hoy en prácticamente todas las regiones del mundo la democracia se erige como la única opción para generar gobiernos legítimos. La realidad es que es mucho más que eso. Por tal motivo el informe que presenta el PNUD toma en cuenta seis dimensiones de la calidad democrática: derechos políticos y sistema electoral; derechos fundamentales; Estado de derecho; calidad de la gestión pública; calidad de vida y equidad social y económica, y cultura política democrática.

Según el informe en la República Dominicana hay brechas importantes a abordar, entre las que se destacan la fragilidad del sistema de pesos y contrapesos en lo relativo a la preponderancia del Ejecutivo respecto de los Poderes Legislativo y Judicial, la aún débil institucionalidad del Estado, la violación de ciertos derechos fundamentales de colectivos en situaciones de marginalidad, y la falta de garantía de ciertos estándares de equidad social y económica.

Indiscutiblemente para hablar de calidad de la democracia es necesario seguir fortaleciendo el sistema de partidos, crear políticas públicas que contribuyan a la reducción de la pobreza y la desigualdad y, sobre todo, poner en funcionamiento un gobierno eficiente que fortalezca la democracia.

Como se puede observar hablar de democracia es un ideal, como muy bien lo plantea Sartori: es un proceso en construcción que es perfectible día a día, y en el que desde la ciudadanía es importante seguir aportando hasta pasar de una democracia formal a una real.

 

 

 

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