Giras humanitarias

0

Parecía evidente que al régimen cruel y macabro no le interesaba que una delegación de uno de los más relevantes órganos de los derechos humanos visitara el país. Poner trabas a la misión era un ejercicio que podía resultar costoso, tomando en consideración las suspicacias que generaría el que se cerrara la puerta, pudiendo interpretarse como un indicio que confirmaría las arbitrariedades cometidas desde el poder. Por eso, ideó una campaña propagandística para, por una parte, descalificar al órgano, mientras que por otra, vendía como una simple visita de cortesía y rutina lo que acontecía.

La acción de la ciudadanía fue ejemplar. Las personas salieron organizadamente a las calles para usar cualquier resquicio, con miras a denunciar las arbitrariedades cometidas. Por su parte, los personeros del régimen recibían a la delegación justificando que todo lo que ocurría no era más que un plan para desestabilizar al gobierno. Sin importar el simbolismo que revestía, algunos dirigentes del régimen usaron sus uniformes militares, tal vez dándole una bofetada humillante a la naturaleza civil de los visitantes.

Con todo y eso, los representantes tenían la tarea de observar hasta qué punto eran ciertas las denuncias que se cernían sobre el país. Si bien, resultaba evidente el interés gubernamental de mostrar realidades paralelas, se notaba que la misión conocía su tarea, por lo que el maquillaje en las cárceles y el intentar darle una remozada y feliz imagen a la cotidianidad, no podía silenciar el grito ciudadano de dignidad y esperanza.

Las visitas de misiones de derechos humanos son una esperanza, porque por más que los recintos estén olorosos a pintura, los detenidos sean trasladados a otros lugares y exista poca capacidad de maniobra –por el tiempo y la logística-, son una prueba vivencial en la que el verbo de los desesperados por no conocer el paradero de su familia, el clamor de la justicia de los atropellados y la exigencia de libertad, terminan imponiéndose y erigiéndose como insumo para que en un futuro más cercano de lo que se cree sirva para castigar a los crueles.

La visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Argentina en septiembre de 1979, fue una dura bofetada a un gobierno servil al militarismo y al miedo. Si bien el informe no llevó a que el grupo de desalmados abandonara el mando inmediatamente, sirvió para desmontar el discurso oficialista de que nada ocurría, llevando a que la comunidad internacional observara con acidez la experiencia perversa de un grupúsculo que mancillaba la dignidad de la tierra de Belgrano y San Martín.

Únete a nuestro canal oficial de Telegram: >Aquí<
Visítanos en nuestro canal de Youtube: >Aquí<
También Podría Interesarte

Deja una respuesta

Tu dirección de email no será publicada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este Sitio Web usa cookies para mejorar tu experiencia. Asumiremos que estás de acuerdo con esto, pero puedes optar por no participar si lo deseas. Aceptar Leer Más