“Fui forzado a salir de Chile y me encontré de frente con el muro de Berlín”

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Este chileno, el de la foto, se llama, Isidoro Bustos. Dejó hace 30 años su país natal expulsado por la cruenta dictadura militar de Augusto Pinochet. En 1974 tras sufrir persecuciones, torturas y encarcelamientos, fue obligado a salir del país pudiendo refugiarse en Alemania junto a su mujer, Mireya Barros, y sus dos hijos. Cuenta que para él fueron momentos oscuros los vividos tras el golpe militar. Pasó angustias, dolor y un constante peligro de encontrarse de frente con la muerte. Su pecado, haber militado en el partido Socialista que puso en la presidencia de Chile a Salvador Allende, cuatro años atrás.

Sí, Isidoro, se salvó de la muerte durante la dictadura, al haber sido considerado por los militares que propinaron el golpe, un intelectual con activa militancia política. Esto, les hacía suponer que a través de las torturas, Isidoro revelaría los secretos del opositor partido de izquierda; pero a pesar de la mordaz insistencia, no lo lograron. Tras largo tiempo en prisión, su pesadilla estaría milagrosamente por terminar. La dictadura pinochetista utilizó el exilio como instrumento para eliminar la presencia chilena de los opositores.

Fue entonces cuando la familia Bustos-Barros llegó a la hoy día, capital alemana. Allí se encontraron de frente con el inquebrantable, en ese entonces, muro de Berlín: –“Fui forzado a salir de Chile y me encontré de frente con el muro de Berlín”–. Esa gruesa pared separaba desde hacía 14 años a los regímenes comunistas de oriente y capitalistas de occidente. Una división en plena guerra fría que le recordaba a este valeroso chileno, los choques idealistas que en su propio país se libraban entre la izquierda socialista y la dictadura conservadora.

La recién llegada familia chilena, sin abandonar sus convicciones socialistas, pronto se instalaría en la contra parte de su filosofía: en el Berlín Occidental; es decir en la zona de los aliados que junto a la Unión Soviética, lucharon años atrás (antes del levantamiento del muro), contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Isidoro, Mireya y los niños, se adaptaban a Berlín Oeste. Enfrentados al exilio, seguían paso a paso lo que sucedía al otro lado de la barrera y pudieron constatar el desmoronamiento del modelo comunista del socialismo, con el que nunca se identificaron, incluso en su juventud. Alguna vez se enteraban de las fatales noticias de quienes intentaban cruzar sin éxito el muro desde la parte Oriental (República Democrática Alemana, influenciada por la Unión Soviética), hacia el próspero Occidente. Estos hechos irrumpían la aparente normalidad que se vivía del lado boyante, dice Isidoro. Y es que una parte importante de la población de Berlín Este, sin posibilidad alguna de ir al exterior, buscaba huir del régimen autoritario que los separó de sus familias, para así superar las condiciones de existencia que no tenían comparación alguna con las de Occidente.

Años más tarde la familia Bustos-Barros que había dejado hacía 15 años Chile, era testigo de un hecho histórico que daría comienzo a las agitaciones políticas en el bloque de los países orientales: la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989. La mole de piedra se venía abajo y con ella el comunismo.

Hoy, 25 años después… Isidoro recuerda entre sonrisas y melancolía su historia.

Una historia que hoy comparte amablemente con todos nosotros para que no olvidemos las atrocidades que pueden causar el extremismo, las dictaduras, la división y la guerra.

 

Alexandra Correa Solarte

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Desde Berlín, Alemania

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