El nuevo mestizaje latinoamericano

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Sobreviviendo. – Denes Buzzian trabaja sacando copias frente a una de las sedes de Extranjería, ubicada en Santiago de Chile. Tiene 31 años, dos hijos y 11 meses en Chile, desde que llegó de Puerto Príncipe en enero de 2017. No habla muy bien el español, ¡pero vaya que lo intenta!

Así como ella, son muchos los originarios de dicho país caribeño los que, en búsqueda de un mejor porvenir, han llegado a Chile por razones ya sean económicas, sociales o incluso políticas. Pero, ¿a qué costo?

Origen. – En el año 2004 se establece la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) mediante la resolución S/RES/1542 (2004) del Consejo de Seguridad. Esta misión fue la sucesora de una Fuerza Multinacional Provisional (FMP) autorizada por el Consejo de Seguridad en febrero de 2004, después de que el presidente haitiano Jean Bertrand Aristide partiera de ese país para el exilio, en el periodo posterior al conflicto armado que se extendió a varias ciudades en todo el país.

La MINUSTAH fue una operación militar emprendida por las Fuerzas Armadas de Canadá, Francia, Estados Unidos y Chile, la cual se generó con el objetivo de restablecer el orden y confianza, reconstruir servicios públicos e instituciones, formar a la policía y materializar el estado de derecho y la participación de la sociedad civil de Haití. Ese fue el punto de partida del acercamiento “poco natural” entre Chile y Haití, dos países que no comparten mayor afinidad que la de formar parte de un mismo continente, que los separa a su vez por barreras geográficas, culturales e idiomáticas.

Este acercamiento entre ambas naciones no se limitó a la presencia militar chilena en la isla, sino que supuso un intercambio de personas desde la nación caribeña hasta Chile en los años sucesivos.

Este inesperado intercambio condujo a un auge significativo de la inmigración haitiana a Chile a partir del año 2009, el cual a su vez, tendrá un aumento de grandes proporciones durante el año 2011, y que será superado notablemente y de manera sin precedentes durante el año 2015 en adelante, de acuerdo con cifras del Departamento de Extranjería e Inmigración (DEM) chileno.

Imaginarios en contraste. – Pero más allá de las estadísticas y cifras sobre la cantidad de haitianos residiendo en Chile, lo que genera curiosidad -si no suspicacia- es conocer qué tan integrador ha sido este proceso para la población inmigrante haitiana en territorio chileno y descubrir si en efecto el proceso que sus familiares, amigos o allegados les describieron tan maravilloso, ha sido en efecto así. Por otro lado, ¿está satisfecho el chileno común, el ciudadano, con la presencia de haitianos en su trabajo, en la calle, en los comercios, en su día a día?

Se consultó sobre la preferencia y atractivo de Chile entre los haitianos para emigrar, y en resumidas cuentas la cercanía geográfica y -relativamente- cultural fueron factores determinantes para la toma de la tan meditada decisión. Sin embargo, lo que no tuvieron en cuenta los haitianos, fue el impacto de su presencia en la sociedad chilena en su conjunto.

Un estudio elaborado por el Boletín Informativo del Departamento de Extranjería y Migración sobre la migración haitiana en Chile concluyó que la exclusión sociocultural, marcada por el racismo, es un aspecto transversal de la inserción de los migrantes haitianos en la sociedad chilena, siendo el mercado laboral el principal -si no único- espacio de incorporación de haitianos dentro de la sociedad.

Pero esta “inserción” en el mercado laboral tiende a ser más utilitarista que solidaria. Es aprovechar la necesidad de una población recién llegada, con grandes deficiencias idiomáticas y por ende de comunicación, para comenzar a sentar las bases de una mejor realidad, implicando esto aceptar empleos con cargas laborales muchas veces abusivas y poco remuneradas.

Afortunadamente no todos los casos son de lamentar. Por el contrario, existen muchas experiencias satisfactorias en donde los haitianos son valorados justa y adecuadamente en sus trabajos, condominios y en la misma comunidad en general, aunque son experiencias que pudieran y debieran multiplicarse cada vez más.

La pequeña Haití en Chile. – A pesar de lo anterior, es poco común ver a ciudadanos haitianos compartiendo con ciudadanos chilenos o de otras nacionalidades. En las calles, locales comerciales o plazas, se les ve compartiendo con sus connacionales y familiares. Probablemente la barrera del lenguaje e idioma común determinan su elección en la forma cómo y con quiénes se relacionan, además de sentirse parte de un todo que no los ve diferentes ni menoscabados.

Sin duda la población haitiana es guerrera, trabajadora, honesta y solidaria. Es además soñadora y luchadora -como la mayoría de la población migrante a nivel mundial- saliendo de su tierra dejando atrás costumbres, familiares y amigos, además de un escenario geográfico conocido.

El porcentaje de haitianos en Chile ya no es sólo un número, una estadística nacional. Es una realidad reflejada en los buses, en las calles, locales comerciales y en la vida cotidiana de Chile. Y ese porcentaje, esa realidad va aumentando y aumentando con el pasar de los años. Ya sea por una verdadera intención gubernamental de ayudar a una población históricamente devastada por desastres naturales, políticos y económicos, o por una motivación utilitarista de mano de obra barata disfrazada de oportunidad.

El reto de toda la República de Chile -Gobierno, ciudadanía, comunidad haitiana residente- es el de transformar esta realidad de aparente inserción, por una plena y desarrollada convivencia. Esto debe comenzar desde lo básico pero trascendental: el entendimiento. Un entendimiento recíproco y espontáneo, pero propiciado por las instituciones especializadas para que reconozcan que los factores idioma y educación, son fundamentales para el proceso que se viene desarrollando.

Los gestos apuntan hacia esa dirección. Este año (2017) fue promulgado en el Diario Oficial de Chile el “Acuerdo complementario para la equivalencia y reconocimiento de estudios de los niveles de enseñanza básica o primaria y media o secundaria”, suscrito entre Chile y Haití. Esto implica que aquellos haitianos que no se atrevían a emigrar por la incertidumbre que genera no saber si los estudios propios o de sus hijos pudiesen no ser reconocidos, es probable que ahora a partir del 2018 cambien de parecer y se atrevan a aventurarse a tierras lejanas, aumentando considerablemente con ello los porcentajes y estadísticas.

Muy pronto, y a medida que acciones de este tipo se propicien y consoliden, veremos a un Chile cada vez más homogéneo, diverso, multicultural, y hasta bilingüe. Los rasgos de la sociedad chilena comenzarán a transformarse, y el resultado de esa explosiva combinación chileno-haitiano los verán las próximas generaciones. Las fronteras que separan ambos países sólo serán territoriales y no culturales ni humanas, dando al mundo un ejemplo de convivencia y hermandad.

Con  información de:

BOLETÍN INFORMATIVO DEPARTAMENTO DE EXTRANJERÍA Y MIGRACIÓN. N1 Migración haitiana en Chile.

http://www.un.org/es. MINUSTAH Misión de Estabilización de las
Naciones Unidas en Haití.

 

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1 Comentario
  1. Gustavo ortiz figueroa Dice

    Excelente esta o publicacion muy completa y de agradable lectura espero que ambas naciones les den su visto bueno y le saquen provecho por el deber ser

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