El Internet, la nueva moneda del 2020

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Luego de vivir más de un año y medio en el viejo continente ,mi travesía por entender el poder de la media digital y su política a escala mundial, al fin centra sus ojos, solo por un instante, en nuestra a veces olvidada América Latina.

Aunque usted no lo crea, el Internet y la conectividad no es un término que nos caracteriza a los latinos. La Academia Europea se refiere a nosotros, casi siempre, como sobrevivientes de aconteceres presidenciales profundos arropados por gobiernos de la nueva izquierda o la derecha, al igual que por famosos casos de corrupción. Nos identifican además por la salsa, la buena comida o por paraísos naturales, pero casi nunca somos considerados universo online, a menos que se hable de piratería.

Lamentablemente, las tierras de los hispanos realmente no cuentan con primicias referentes con el desarrollo de la innovación. Al final del día, se podría decir que, como cualquier otro invento tecnológico, únicamente nos hemos convertido en un usuario más.

A comienzos de 2019, al entrevistar a Andrew Keen, empresario británico-estadounidense y autor de “El Internet es no la respuesta,” mi pregunta lleno de silencio el auditorio luego que cuestionara el tratamiento de los mismos procesos de invención TECH en una escala global. Keen, ferviente promotor de la regulación a los “Big Five” o los cinco más poderosos entre ellos Facebook, Microsoft, Apple, Google y Amazon, no pudo conectar sus teorías y procesos de mercado online con países en vía de desarrollo como Ecuador, Colombia o Perú.

Es que realmente los problemas del también conocido “primer mundo” son otros, diferentes a los nuestros. Mientras nosotros peleamos por una justicia social profunda, y buscamos la solución a crisis económicas graves, dictaduras, y desigualdad constante; otros tienen el lujo, absolutamente necesario, de debatir sobre el avance de leyes dentro de la Unión Europea para la creación de lineamientos a compañías; las cuales, en la rama de la digitalización y adquisición a gran escala, sobrepasan el derecho al consumidor.

Investigadores del mundo web y miembros de varios organismos internacionales últimamente analizan el uso de nuestra data, la creación de “filter bubbles” o burbujas basadas en algoritmos que desglosan el perfil del usuario para la realización de un marketing directo y su conexión con aplicaciones, como un detonante para la seguridad del individuo. Las implicaciones y riesgos son muy ciertos y cercanos, pero yo me pregunto, ¿cree usted que el ciudadano venezolano que actualmente está cruzando la frontera en busca de un mejor futuro piensa dos veces antes de enviar un mensaje a sus seres queridos a través de WhatsApp con el afán de proteger su derecho a la privacidad cibernética o almacenamiento de data ?
¿Será que los pequeños empresarios en Centro o Sudamérica temen que sus presupuestos, fotos y contactos se queden en la famosa nube y que un monstruo americano obtenga sus perfiles para la filtración de información?

Los desafíos, como latinos, son mayores, múltiples y variados, pero si el Internet y el acceso constante a aparatos electrónicos es el nuevo oro, o el metal valioso de la nueva década, la creación de justicia cibernética y accesibilidad también es una batalla que nuestros gobiernos deberían abordar.

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