El espectáculo como política o la política del espectáculo

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La sociedad no es más que un sistema entrelazado por diferentes partes, que dependen una de la otra. La cultura es sin duda uno de esos elementos sin los cuales no se podría entender el sistema, y esto lo explica muy bien Mario Vargas Llosa en su último libro “La civilización del espectáculo”.

En este ensayo, Vargas Llosa logra definir todo aquello que sentimos que está mal pero que no sabemos explicar en referencia a nuestras nociones culturales. El autor señala que nos hemos convertido en adoradores del entretenimiento puro y sin contenido, por lo cual hacemos de cada espacio de nuestras vidas una banalidad.

La escritura, la pintura, el cine y sobre todo la política se han vuelto más superfluos que profundos. Este proceso de desculturización se viene desarrollando desde hace algún tiempo, pero encuentra su mayor desarrollo en la actualidad, en la que a medida que el celular sea más “inteligente”, el hombre que lo maneja parece ser más idiota.

Si vemos lo que ocurre en la política latinoamericana, veremos como el espectáculo se ha convertido en bandera de casi todos los presidentes. Las cumbres parecen más programas de televisión que reuniones serias.

En años recientes tenemos como ejemplo las campañas de Cristina Fernández en Argentina y de Rafael Correa en Ecuador. En la primera la presidenta decidió utilizar siempre vestimenta negra para hacer referencia a su marido muerto y lograr con esto una forma de llegar al electorado; y en el segundo caso, el presidente parecía más un showman que en un candidato serio, y esto lo podíamos ver en cada mitin, donde hacía un verdadera epopeya sobre sus ideas simples, intentando transformarlas en frases de estadista. Lo más lamentable es que surta efecto esta estrategia y ayude a convertir a personas intrascendentes en presidentes, pues se elige el mejor espectáculo y nos las mejores ideas.

En conclusión, el mundo está viviendo un banalización de la cultura, que convierte a los ciudadanos en jarrones frágiles para ideas estúpidas. Lo único necesario es que el entretenimiento político sea bueno y divertido. Lo que esto puedo ocasionar es más grave que tener un presidente inútil o inculto, ya que la cultura era un freno a muchos males como la homofobia y la xenofobia. Sin ese freno, no hay referente histórico que prevenga en regreso al poder de grupos fascistas, nazistas o comunistas que tanto daño le hicieron a nuestra civilización occidental.

Lo que podemos hacer para detenerlos es poner nuestro grano de arena a la lucha por la cultura, fomentando la lectura de verdaderos genios y no de best sellers de medio pelo, e incentivar el debate filosófico para poder desarrollar conceptos sólidos y no meros extractos de ideas que se consiguen en Wikipedia. El mundo cultural-político necesita que salgamos en su defensa, espero que demos la talla.

 

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