El adiós de dos emblemas

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Los homenajes deben hacerse en vida, eso es algo que se repite de manera constante, pero que a veces se omite. Por ende, no es extraño que al fallecer alguna personalidad, abunden loas, reconocimientos e incluso señalamientos por polémicos procederes a lo largo de su existencia. De todas maneras, tanto Ernesto Cardenal como don Javier Pérez de Cuéllar fueron hombres a los que si se les dio en vida la necesaria cobertura que permitiera hacer un balance de sus trayectorias.

América latina perdió la semana pasada a dos hombres valiosos que -desde posiciones distintas aunque coincidentes en la idea del servicio público- aportaron a la transformación social y con valentía impulsaron puntos de vista que los alejaron de posiciones cómodas y que incluso acarrearon situaciones de desgaste para ellos.

A sus 95 años falleció Ernesto Cardenal, poeta y religioso que decidió ponerse a favor de la lucha contra la tiranía de la familia Somoza, llegando a ocupar puestos relevantes en el gobierno que sucedió a la dictadura. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo notó que poco se diferenciaban los que enfrentaron a Somoza a éste, por lo que empezó una campaña de oposición que llevó a que la actual autocracia nicaragüense lo sancionara y persiguiera. El cinismo permitió que los mismos que lo maltrataron -como al resto de sandinistas que se oponen a lo actual- decretaran duelo nacional.

Por su parte, a los cien años dejó de existir Javier Pérez de Cuéllar, uno de los más reconocidos diplomáticos y probablemente de los peruanos más universales, pues entre los múltiples cargos que tuvo, ocupó la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Además, incursionó en política, dejando la tranquilidad que su prestigio le daba y entre lo meritorio que realizó fue enfrentar la desigual contienda de 1995 contra Fujimori y luego ser pieza central de la transición democrática una vez el dictador y Montesinos fueron desplazados.

Estos dos poetas, pues la diplomacia es una hermosa forma de composición sentimental, dieron todo por sus países y pese a cometer errores en algún momento de sus existencias, el hecho de haber cuestionado las dictaduras y combatirlas con ahínco, les da un halo de favorabilidad. Mientras Cardenal y Pérez de Cuéllar serán recordados, mencionados e incluso se debatirá sobre sus roles, los tiranos a los que enfrentaron no merecen siquiera la pena de ser nombrados.

 

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