¿De qué hablo cuando hablo de analizar?

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La mayoría de nosotros leemos columnas o artículos de opinión con cierta regularidad. Estas opiniones son el producto del proceso mental de sus autores, es decir, son el resultado del análisis que han realizado los diferentes autores sobre las variables que influyen ante un determinado evento o conflicto. En definitiva, recibimos los análisis de otros y muchas veces los tomamos como nuestros sin darnos a la tarea de analizarlos nosotros con nuestras propias herramientas.

Los autores de artículos de opinión, incluyéndome por supuesto, utilizan diversos elementos para presentar sus análisis. Estos pueden catalogarse en dos: elementos racionales y elementos emotivos.

Los elementos racionales son aquellos que basan sus conclusiones o referencias en hechos o factores comprobables en la realidad. Por ejemplo, si un analista dice que de acuerdo con los estudios de opinión de la empresa consultora X el candidato ganador será el Y, pues su argumento es objetivo y parte de elementos comprobables como los datos de las encuestadoras, entre otros.

Los elementos emotivos o también llamados emocionales son aquellos que apelan directamente a las emociones del lector, sin basarse en ningún elemento fáctico o manipulando este de tal modo que quede desvirtuada cualquier posibilidad de comprobación. Por ejemplo, si un analista dice que de acuerdo con el sentir popular, debido a la notable sensación de disgusto con el candidato X por ser este el responsable de que en los hogares no haya un plato de comida decente y ser a su vez un antipatriota que desea la destrucción del país, ganará el candidato Y, existe la posibilidad de que el analista diga la verdad, pero es exactamente la misma probabilidad de que mienta o manipule los hechos. Lamentablemente, en la mayoría de los casos ocurre lo segundo.

Es de vital importancia que los lectores  sepan reconocer en sus analistas los elementos racionales y emotivos de sus artículos, y proceden a reanalizarlos, pero pasando por el tamiz de su propia razón y emoción. Es importante que tengan en cuenta que muchas veces los argumentos discursivos suelen estar emperejilados por diversas formas de expresión literaria, que no cambian el hecho de que el argumento sea racional o emotivo; adicionalmente, también deben concienciar el hecho de que todos los artículos tienen ambos elementos, debido a que los mismos constituyen parte de la naturaleza humana.

Estimados lectores, en ese “artículo” no busco presentarles mis argumentos racionales y alguno que otro argumento emotivo que se me haya podido escapar ante mi intento permanente de racionalizar los problemas y por ende las soluciones. Es pues la finalidad de este escrito alertarlos de un fenómeno importante, el cual no es otro que el de la falta de opinión propia y de pensamiento crítico. Es por ello que con estas pocas palabras los invito a que lean todos dos veces y critiquen con razones aquello leen, que sean capaces de darse cuenta cuándo un artículo es tendencioso  por el simple hecho de serlo, y cuándo el articulista está bien informado y documentado. También deben saber que el elemento emotivo siempre que esté solo, sin un acompañante racional, lo que busca es manipular y nada más. En definitiva, los invito a criticarlo todo, inclusive este texto, todos los anteriores que he escrito y los que me faltan de escribir, porque de eso es de lo que yo hablo cuando hablo de analizar.

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