2019: un año de incertidumbre

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La región, mejor dicho, el mundo, deja este 2019 con una cantidad de aristas abiertas que pudiesen resumirse en la necesidad de cambio, la transformación general del sistema y la peligrosa irrupción de un hastío que algunos tratan de llevar hacia la antipolítica, con las amenazas que ello implica.  Desde protestas que persistirán en 2020 hasta enrevesados escenarios electorales que no generan ninguna claridad -se tuviese triunfadores o no- el planeta se movió hacia escenarios de incertidumbre que no avizoran tranquilidad.

Las protestas contra los gobiernos -y en general contra los sistemas- dieron de qué hablar, no solo en Latinoamérica, sino también en lugares recónditos de los que poco se mencionan diariamente en la prensa occidental. Las movilizaciones en Hong Kong llevaron a que China tuviese que detener ciertas acciones contra la ciudad. Posteriormente, se dio un escenario electoral en el que las fuerzas democráticas superaron al movimiento oficialista en los comicios municipales. También en Líbano se presentan protestas que repercuten en la economía y en la gobernabilidad y en India se exacerbaron los disturbios ante el polémico manejo del tema migratorio.

En Suramérica la situación fue compleja con masivas protestas en distintos países como Ecuador, Chile y Colombia. Puede decirse que las jornadas iniciaron con justas reivindicaciones, se compartan o no, pero paulatinamente fueron infiltradas por factores que apuestan a la destrucción del sistema. Vale comentar la situación de Bolivia y Venezuela. En el primero de los países un grotesco fraude electoral llevó a movilizaciones que forzaron la salida de Morales, dejando una situación de zozobra que se ha decantado, permitiendo tener un gobierno de transición que deja vislumbrar un escenario electoral. En el caso venezolano, si bien el desgaste que se experimenta en la usurpación -término acuñado por la Asamblea Nacional- aún no se consigue la democratización del país, debiendo hacerse votos por un diálogo sincero y monitoreado por la comunidad internacional que lleve a elecciones libres, recomposición del TSJ, nuevo CNE, libertad de los presos políticos y canal humanitario.

En cuanto a los escenarios electorales, tampoco se vislumbra claridad. España e Israel se sumen en contradicciones internas que han obligado a repetir los comicios en medio de fallidas negociaciones e infructuosas conversaciones. El caso de Israel es paradójico, pues la democracia más sólida del Medio Oriente tendrá que ir a una nueva votación en medio de la desconfianza y las sombras de corrupción. Hay que mencionar los casos de Argelia y Sudán, en los que, aunque las movilizaciones permitieron salir de los vetustos regímenes, no se ha concretado la libertad plena, ni siquiera en Argelia con unas elecciones poco respaldadas por la ciudadanía.

Se trató de un año que deja elementos de análisis para entrar en el 2020, debiendo sumar a todo lo señalado las coyunturas de Perú, Costa Rica, México, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos de América. Por lo pronto, los votos son para un mundo mejor en el que la justicia y la libertad imperen y se den la mano con la democracia. Educar y derrotar a los totalitarismos son las factibles tareas a las que se enfrentan los que profesan el bien y los valores.

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