10 requisitos para vivir en una ciudad y/o país, de locos

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En los últimos días se me ha brotado aún más la vena de la crítica hacia mis compatriotas pero también hacia mí misma. Erupcionó tal y como lo hace el maíz al rozar el aceite hirviendo. Y es que cada vez que imagino volver a vivir algún día en Colombia, mi país, me da un no se qué, que termina en mareo, náuseas y tembladera. ¿Exagero porque no es Gaza, Siria o Irak?, quien sabe, pues muchas familias colombianas han vivido y viven dramas no muy lejanos a los que vive la gente en Oriente Medio. Lo que pasa es que esas tragedias, ya no son noticia en nuestros sufridos países latinoamericanos porque se volvieron pan de cada día. Es como lo que le pasa al periodista de guerra, en medio de las balas, ya ni tiembla al estallido de un bombazo.

Para que sepan que no exagero cuando hablo de nuestras tragedias: la violencia en Colombia ha dejado hasta el momento 5 millones 700 mil desplazados, según datos de la ONU. Así mismo la organización señala que nuestro país ícono del café, la orquídea, la palma de cera y la cocaína, es la nación con más desplazados en todo el mundo. Atención: ¡de todo el mundo!, una realidad que nos aqueja allí no más, a la vuelta de la esquina y ni hablar de la inseguridad o la corrupción que tanto incomoda pero con la que convivimos como lo haríamos con la suegra.

Pero seamos sinceros, hablemos sin escamas en la lengua. Nos pasa lo que nos pasa, por aceptar todo lo que nos imponen, con la mirada fija en el suelo. Nos pasa lo que nos pasa por aguantar gobiernos inertes e inoperantes. Nos enseñaron, perdón, NO nos enseñaron, porque nuestro problema radica en la ignorancia, que el poder lo tiene el pueblo, NO los gobiernos, (obvio un pueblo instruido derriba imperios). Ignoramos que los políticos que nos gobiernan son servidores públicos, en pocas palabras empleados nuestros.

¡América Latina!, son años de engaños, analfabetismo, injusticias, oscurantismo, omisión, torpeza, olvido, inexperiencia. Seguimos callados en nuestro propio confort, sentados en ese holgado pensamiento latinoamericano de: “sálvese quien pueda”.

Ya dejo la cátedra que a pocos interesa y más bien, aquí les dejo, según este pellejo, diez requisitos para vivir en una ciudad y/o país, de locos:

1.   Ser colombiano de nacimiento y/o en su defecto venezolano.

2.   No votar o hacerlo a cambio de un tamal, una lechona y/o derivados.

3.   Sólo criticar y no hacer nada por cambiar las cosas que nos aquejan.

4.   Arrojar basura a la calle.

5.  Admirar e idealizar la raza europea, gringa, vikinga y sentir vergüenza por la chibcha,       azteca o uitota.

6.  Creer que apoyar la paz, es ser guerrillero.

7.  Apoyar la guerra para vengar, odiar y vencer a la fuerza.

8.  Ser chavista, madurista, uribista y/o santista.

9.  Ser impuntual.

10. Y con este último paso, ya puede sentirse orgulloso de vivir en una ciudad y/o país de locos: No tener identidad colectiva.

De nosotros depende el cambio. Empecemos por nosotros mismos y veremos en los demás, un reflejo de nuestra propia conducta y ejemplo. Seamos proactivos y contagiemos al otro en pos de un lugar, para vivir mejor.

Y ustedes, ¿qué opinan?

 

Alexandra Correa Solarte

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