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Nocturno de frontera: Una road novel en versión chicano

Santiago Vaquera-Vásquez publica Nocturno de frontera, un proyecto que le tomó 17 años concluir.

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La carretera, el viaje interno, son temas característicos de la literatura estadounidense. En Nocturno de frontera, la nueva novela de Santiago Vaquera-Vásquez, publicada por Suburbano Ediciones, el viaje es por Califas, ese país oculto pero a la vista de todos que se extiende desde el norte de California hasta el norte de México, pasando por Nevada, Arizona y Nuevo México, en un recorrido que le tomó a su autor diecisiete años poder terminarlo.

“La primera vez que vi al gran monologuista, Spalding Gray, en directo, fue para su performance de Monster in a Box” nos cuenta Vaquera-Vásquez sobre el proceso de escribir Nocturno de frontera. “Su Monster en la caja era el manuscrito de su novela Impossible Vacation que le tomó años en terminar. Nocturno de frontera fue por muchos años mi monster in a box. Es una novela que comenzó como un armazón para un libro de cuentos sobre diferentes tipos de amores y acabo en novela sobre un road trip por el suroeste de los Estados Unidos. El libro es un road novel en versión chicano que cuenta el viaje de un hombre, Daniel, que viaja por el Southwest y por sus recuerdos. Paul Theroux escribe que cada viaje es un acto de desaparición y eso es lo que hace Daniel: intenta desaparecer”.

Portada de Nocturno de Frontera. Cortesía de Suburbano Ediciones.



-¿Qué tanto cambió durante esos 17 años el proyecto original que tenías en mente? ¿Qué tanto cambiaste tú y cómo eso se refleja en la novela?

Uy, mucho. Cuando comencé a escribir la novela, tenía 36 años y me imaginaba un personaje como de las pelis y las novelas que me gustaban: batos en sus 30 tipo slacker nerd. Pienso en pelis como High Fidelity, Mutual Appreciation o Before Sunrise o en la serie de cómics de los Hermanos Hernández, Love and Rockets. Y así quedó la idea por muchos años hasta que me di cuenta de que ya no podía escribir sobre un treintañero cuando estaba a punto de cumplir cincuenta. Ese tipo de personaje ya era muy ajeno a la persona que soy. Y cuando empecé de nuevo a revisar el manuscrito, pensé, Wow, este Daniel es un pendejo. Del nerd slacker que me imaginaba, se había convertido en un adulto que no quería crecer, un man boy. Me di cuenta de que Daniel tenía que madurar y ser más responsable. No sé si lo conseguí, pero allí está.


-La nostalgia es un elemento importante de la novela, hay muchos recuerdos y apuntes de diferentes lugares. ¿Esa nostalgia estuvo siempre presente o fue creciendo con el paso de los años?

La nostalgia es un elemento presente en mucho de lo que escribo. Aunque cuando pienso en nostalgia no lo pienso necesariamente como un deseo de volver a un pasado anterior, feliz. Sino más bien, pienso en la nostalgia como “homesickness.” Pero es un sickness para un home que se sabe muy bien dónde está o dónde quedó. Como dice LP Hartley en The Go-Between, “the past is a foreign country: they do things differently there.”

Para algunos, la nostalgia puede ser problemática porque puede implicar un especie de evasión del presente. No lo veo así. Para mí es un tipo de ejercicio de fijación: fijar un momento —o los momentos— en que nos quedamos desestabilizados para buscar la manera para salir de eso. La nostalgia tiene un poder porque forma parte de los múltiples espectros que cargamos. Al vivir tantos años con este libro, este monstruo en mi laptop, lo empecé a ver como a haunted house lleno de recuerdos y ecos. Y lo que a mí me tocaba era desentrañar todo eso.

Por otra parte, me parece que la nostalgia podría ser unos de los efectos de ser fronterizo: ya que nos encontramos situado entre dos o más países/lenguas/identidades, la nostalgia puede ser una práctica subversiva.

Santiago Vaquera-Vásquez. Foto: Alejandro Meter


-Vaquera-Vásquez nació en Willows, California, y ha pasado toda su vida a medio camino entre Estados Unidos y México, o mejor dicho en Califas, a tal punto que se define a sí mismo como un unrepentant border crosser. Ese estar en constante movimiento se extiende a todos los personajes de la novela, no solo a su protagonista, Daniel.

En mis clases de cultura Chicana siempre comento que a diferencia del sur de Texas o el norte de Nuevo México, donde hay comunidades hispanas muy arraigadas a México, en California tenemos más una historia de migración. Nuestras raíces las encontramos en el movimiento, por ejemplo en la migración circular que se daba entre las comunidades michoacanas en California —en particular Redwood City— con ciertos pueblos en el estado de Michoacán. Creo que esa experiencia condiciona a una comunidad a ser, de alguna manera, nómada.

En mi caso particular, toda mi vida lo he pasado en movimiento. De niño, pasaba los veranos en Mexicali y el resto estaba en el norte de California. Eran doce horas de camino en cada dirección. Cuando me fui a hacer los estudios graduados en Santa Barbara, viajaba seguido para mi casa en Chico, en el norte de California. Eran nueve horas de camino. A veces paraba en San Francisco para ver a mi hermana. Cuando me mudé a Texas, para mi primer puesto como profesor, mi exmujer se quedó trabajando en Santa Barbara. Varias veces al año manejaba del centro de Texas hasta Santa Barbara. Veinticuatro horas de camino. Mi vida se ha marcado por el freeway y por los aeropuertos. Y esto ha sido igual en todas mis mudanzas, viajes largos en coche o en avión. Opinaría que tal vez esto sea una de las consecuencias de la migración, estar siempre en movimiento.

-La frontera entre México y Estados Unidos está siempre presente, los personajes la cruzan todo el tiempo, van y vienen de un lugar a otro, pero eso también la diluye, la va borrando y convierte ambos territorios en uno solo, pero incluso en otro, uno siente que Califas es un territorio parte de los dos países pero también independiente.

La verdad es que en mi historia personal de movimiento —my Migrant Life— la frontera no es límite sino puente y las Californias están juntas en un territorio que se llama Borderlands o, como propuso un crítico hace años, Mexamerica. Los que vivimos en los Borderlands, sobre todo los que hemos estado marcado por la frontera —por ser inmigrantes o hijos de inmigrantes— tenemos que buscar nuestra manera para lidiar con el espectro de la frontera. Para algunos, la frontera es límite que hay que mantener, se cruzó y ya. Para otros, es una herida abierta que siempre sangra y tenemos que lograr ser un punto de unión, un especie de puente para unir las múltiples historias que marcan nuestras identidades.

-La banda sonora es parte fundamental de Nocturno de frontera, a tal punto que uno puede visitar en Spotify la lista de canciones asociada a la novela. ¿En qué momento aparecen las canciones en tu proceso de escritura? ¿Cómo influyó el largo del proyecto en esa banda sonora?


Cada vez que empiezo a estructurar un libro siempre armo un playlist. Para mí, organizar un libro de cuentos es como hacer un mixtape, hay que saber manejar el tono y el ritmo. La idea es que el libro sea como una conversación. Cuando empecé lo que sería esta novela, tenía un playlist que me ayudaba en pensar el flow del libro. Conforme pasaron los años el playlist cambió y se amplió. Originalmente eran catorce canciones y acabó en un playlist mucho más largo en Spotify. Y la verdad es que en cuanto a ese playlist, las primeras cincuenta rolas serían la novela, de “Un mundo raro” del gran José Alfredo Jiménez, a “Stumble” de R.E.M. Las demás son como bonus tracks que entraron cuando escribía.

-A veces la frase cambia de español a inglés conforme los personajes hablan, a veces es solo una o varias palabras las que cambian, a veces la palabra está escrita en español según su pronunciación en inglés.¿Cómo es ese proceso, las palabras surgen en un registro y así se refleja o es en varias etapas y más consciente?

Para mí, uno de mis metas como escritor es que la palabra escrita suene como si fuera una conversación oral. Es decir, quiero representar a través de la escritura el sentido de que se está contando algo. Me gusta ese tipo de escritura que intenta captar el sentido del habla, no como etnógrafo sino como manera para representar las capacidades de una comunidad. Para mantener el flow, repaso muchas veces el texto y lo leo en voz alta para ver qué tal suene. Y en cuanto a construcción de los personajes, intento dejar que hablen ellos. Hay algunos que manejan más el inglés e intento mantener su uso de lenguaje.

-En los agradecimientos hablas de la necesidad de escribir en Spanglish.

Creo que es importantísimo escribir en los idiomas que uno tiene. En cuanto a mis idiomas, el Spanglish es una parte importante de mi identidad como Chicano en los Estados Unidos y como hispanohablante en el mundo hispano. El Spanglish es uno de las variantes del español de los USA y tiene raíces muy profundas en este país. Sé que para algunos, el Spanglish suena a barbarismo, que no se deben mezclar los idiomas. Pero como siempre digo, Spanglish es mi language y así me nació la conciencia. Y la realidad es que hay muchos como yo que vivimos en Spanglish en these United States y hay que celebrar eso. Cualquier intento de quitarnos el idioma es un acto de violencia contra nosotros porque nos están silenciando. En estos tiempos en que hay gritos y protesta contra nuestra presencia —este país preferiría que nos quedáramos en las sombras— es urgente que salgamos a representarnos como somos: una comunidad diversa y con un manejo de lengua that will leave you breathless porque nuestra tongue is a puente.

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