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Maduro sueña de nuevo con una isla paradisíaca: Resorts, mucho lujo y un puerto para cruceros

El plan de Maduro es ambicioso, por decir lo menos: el Estado quiere construir allí 10 hoteles tipo “resort, de muy alto nivel”

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El chavismo desempolva un proyecto turístico para volver a soñar con tiempos de bonanzas, a pesar de sufrir un régimen de crisis económica y sanciones extranjeras durante años, y el desconocimiento político de 50 gobiernos. Ahora, la joya de su anhelo es una isla: La Tortuga.

El presidente Nicolás Maduro anunció la semana pasada una obra turística de alto nivel en La Tortuga, en el Mar Caribe venezolano. La zona, semi virgen, de 156 kilómetros cuadrados, es una de cinco zonas económicas especiales recientemente decretadas tras la promulgación de una ley orgánica.

Está compuesta por una isla mayor y varios islotes y cayos. No tiene población permanente, más allá de unas escasas rancherías turísticas, y la administra el gobierno nacional, es decir, que no cuenta con algún tipo de gobernante o alcalde electo por ser legalmente una dependencia federal.

El plan de Maduro es ambicioso, por decir lo menos: el Estado quiere construir allí 10 hoteles tipo “resort, de muy alto nivel”; un aeropuerto internacional; un puerto donde puedan atracar cruceros de alta gama; un centro de investigación tecnológica, por petición de Maduro; y un sistema de energía solar y eólica.

“Es la única isla que competirá con el turismo de Aruba, Curacao, Bonaire (…) Se va a convertir en el primer destino turístico no solamente del Caribe, sino del mundo”, expresó el viceministro de economía productiva, Héctor Silva.

Maduro sueña de nuevo con una isla paradisíaca: Resorts, mucho lujo y un puerto para cruceros
Créditos: Wikimedia Commons

La construcción, promete el chavismo, será con materiales biodegradables y en los márgenes de La Tortuga, en respeto a su fauna y flora, según el funcionario.

La iniciativa es una forma de “ensayo” del gobierno madurista con base en un modelo aplicado en China, que buscaría “controlar totalmente a la población a nivel político, pero con cierto nivel de liberalización de la economía”, advierte Luis Silva, diputado del Parlamento venezolano electo en 2015.

Recuerda que el chavismo prometió hasta en tres oportunidades en los últimos 15 años un proyecto similar en La Tortuga, que “jamás ejecutaron”.

Es cierto. No es la primera vez que el oficialismo venezolano coquetea con un proyecto de esa naturaleza en la paradisíaca y poco frecuentada La Tortuga, que incluso estuvo cerrada al público por algún tiempo para labores de limpieza.

Anhelo de vieja data

En 2005, el expresidente Hugo Chávez prometió abrirla a la gente, una iniciativa que caló poco por la escasez de opciones de transporte marítimo o aéreo, además de lo costoso de los paquetes turísticos que se ofrecían entonces.

La lejanía ha sido otro obstáculo: la travesía desde Higuerote, en el noreste de Miranda, toma cerca de tres horas y media. Turistas y navegadores dan cuenta del fuerte oleaje que hay hasta la isla, por viajar a contracorriente en alta mar.

La administración de Maduro anunció en 2014 y 2015 un proyecto similar al que hoy se propone como parte de la zona económica especial. Aquellas obras incluirían posadas, muelles, restaurantes, enfermerías, planta de energía, un centro de procesamiento de residuos e instalaciones para diversos servicios.

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Créditos: @Nicolás Maduro

El oficialismo llama a inversionistas de América, Asia, Europa y África para invertir en el proyecto incipiente de La Tortuga. Silva, por su parte, duda que haya “incautos” dispuestos a arriesgar capital en una idea reencauchada.

El plan se proyecta en “un país que no respeta el Estado de Derecho y con un impresionante historial de abusos y desconocimiento de la propiedad privada”, comenta a la Voz de América el legislador, quien es vicepresidente de la comisión legislativa de Finanzas y Desarrollo Económico de la AN de 2015.

Duda que tenga “la menor oportunidad” de éxito en la isla un gobierno al que señala como responsable de quebrar la estatal Petróleos de Venezuela y empresas industriales, de expropiar cinco millones de hectáreas de fincas productivas y de dejar inconclusos proyectos de infraestructura, como ferrovías, puentes y represas. “No es lógico esperar que un hipopótamo vuele”, ironiza.

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