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Las veredas de Colombia

El controversial asomo de extender los períodos de algunas autoridades y unificar los procesos comiciales en una sola jornada, no conviene en nada al país

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Para unos, simplemente se les tomó en un ejercicio de buena fe, mientras que otros manifiestan que todo era un entramado de sectores políticos que buscaban alinearse en torno a propuestas que los beneficiarían.

El hecho es que la21 opacidad que priva en Colombia en los últimos días por el controversial asomo de extender los períodos de algunas autoridades y unificar los procesos comiciales en una sola jornada, no conviene en nada a un país en el que pese a sus problemas, puede decirse que impera un marcado nivel de institucionalidad y respeto.

Intereses ocultos

La iniciativa sucumbió ante el llamado de atención de la opinión pública que sintió que se incurría en maniobras que tenían intereses ocultos.

El período presidencial de cuatro años ha estado en la estructura colombiana desde hace mucho tiempo, buscando promover una alternancia que permita la renovación. Junto a ello reposa también el debate sobre la reelección, notando que lo álgido del asunto esgrime un modelo que invita a no ponerla en práctica.

Las veredas de Colombia
Créditos: Wikimedia Commons

De hecho, al revisar el devenir histórico colombiano desde 1910 con el proceso de reinstitucionalización, se nota que el único presidente reelecto, no en períodos inmediatos, fue el emblemático Alfonso López Pumarejo, mientras que su hijo, el también representativo gobernante Alfonso López Michelsen, intentó retornar al poder, pero fue derrotado por Belisario Betancur.

Con el cambio de constitución se prohibió la reelección, hasta que una reforma sirvió a Álvaro Uribe, y luego a Juan Manuel Santos, para tener períodos consecutivos, medida que, independientemente de sus administraciones y balances, no deja de generar polémica.

Un traje dañino

Los trajes a la medida afectan al sistema democrático, de allí que asomar escenarios que puedan, independientemente los motivos, minar la credibilidad de las estructuras, resulta altamente dañino y lesiona el andamiaje republicano.

A ello, habría que añadir la opinión de expertos y estudiosos de la dinámica electoral, que señalan los inconvenientes que para la pluralidad y la representatividad, tiene llevar adelante las elecciones de todos los cargos en un mismo momento, aunado a que el costo, tanto logístico como procedimental resulta alto y engorroso.

Las veredas de Colombia
Créditos: Creative Commons

Evidentemente deben darse debates en torno a la revisión de la estructura del Estado, pero hacerlo con “borradores de trabajo”, “sin que aparezcan las firmas” y cuidado, sin tomar en cuenta a los involucrados, es peligroso.

En diversas oportunidades hemos manifestado que si Colombia quiere evaluar su realidad, una forma de hacerlo podría iniciar con una discusión en torno a la naturaleza del Senado, transformando al ente en un cuerpo en el que los departamentos estén verdaderamente representados en condición de igualdad, tal como ocurrió en la misma Colombia entre 1853 y 1991, pasa en los Estados Unidos de América y se aplicó en Venezuela desde 1830 hasta 1999, en el que el espíritu de las entidades se encuentra con el mismo número de actores, independientemente de la población.

La lista nacional que impera desde la Constitución de 1991, y que otorga cien escaños de los ciento dos (ahora hay seis más producto de los acuerdos de paz), lesiona el federalismo, pues sobrerrepresenta a varios departamentos, mientras deja sin participación a otros que se carcomen en sus bajas poblaciones y atrasos.

Nada de atajos

Por el bien de Colombia, esperemos que los atajos y las veredas no aparten del camino de la rectitud y el entendimiento. A la crisis se le afronta con propuestas democráticas, transparentes y discutidas. Partir de “supuestos” envueltos en la neblina de la incertidumbre, solo sirve para pavimentar el camino para que la irresponsabilidad de la demagogia anide y agarre fuerza.

Las veredas de Colombia
Créditos: Creative Commons

Un país debe preciarse de sus instituciones, independientemente los aciertos o balances que se hagan de una gestión. Si ello no se entiende y Colombia no reivindica su pleno espíritu de institucionalidad y respeto a la norma, el futuro que se avizora parece turbulento.

correoacademicoldav@gmail.com
@luisdalvarezva

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