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La voz de Gonzalo Barrios

El doctor Gonzalo Barrios era sin lugar a dudas la personificación de la política ética y la puesta en práctica de un enorme sentido de responsabilidad social y colectiva

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En las aciagas horas que afronta el país, es necesario poder encontrar una mirada que con serenidad, determinación y claridad pueda ayudar a hacer un diagnóstico serio y a aportar las herramientas necesarias para encontrar soluciones.

Un país, e incluso una región, movidos por los vaivenes de la incertidumbre, la antipolítica y en algunos casos una creciente autocracia, necesitan que voces de sabiduría le pongan el sustento necesario para salir adelante. Lamentablemente, a veces esas voces escasean y lo más grave es que no se rinde el merecido homenaje a aquellos que dedicaron su existencia a erigirse como esa necesaria conciencia social.

El pasado 30 de mayo se cumplió el vigésimo noveno aniversario de la desaparición física de un personaje al que la historia lo convirtió en una de las figuras más influyentes del poder político en la región, irónicamente sin haber logrado ganar los comicios presidenciales. El doctor Gonzalo Barrios era sin lugar a dudas la personificación de la política ética y la puesta en práctica de un enorme sentido de responsabilidad social y colectiva. Su aniversario luctuoso ha debido ser excusa para recordarlo con fervor y enaltecerlo. Sin embargo, con una indolencia que se torna alarmantemente común, pocos se acordaron del personaje.

Desde muy joven el connotado jurista se empeñó en la lucha por la libertad de Venezuela, teniendo que enfrentar la dureza del exilio. Sin embargo, una vez regresó a Venezuela, incursionó activamente en la vida política, llegando a ocupar un escaño como senador por su estado natal, Portuguesa, pero la aventura se truncó cuando fue expulsado del país. De todas maneras al poco tiempo regresó y el destino le tendría guardadas responsabilidades relevantes como integrante de la Junta Revolucionaria de Gobierno, gobernador del Distrito Federal, encargado del Ministerio de Relaciones Exteriores y luego secretario de la Presidencia cuando el maestro Gallegos rigió los destinos de la patria. Pero las agoreras garras de la tiranía derrocaron el sueño de la libertad y nuevamente la amargura del destierro se hizo presente, llevándolo a incursionar en labores periodísticas.

Con la reaparición de la democracia, el doctor Barrios consolidó su camino, siendo parlamentario y ministro de Relaciones Interiores. A su brillante hoja de vida le faltaba un peldaño, la presidencia, pero una controversia interna llevó a una división de Acción Democrática, lo cual impidió su triunfo al ser superado por poco menos de treinta mil votos. Aunque existía evidencia de irregularidades que podían otorgarle una estrecha victoria, el doctor Barrios se erigió como estadista y prefirió admitir su derrota, logrando la presidencia la oposición, lo cual evidenciaba que la madurez política había colocado a Venezuela en lo alto de la integridad republicana.

Desde ese instante, Gonzalo Barrios se erigió como el adalid de la consulta obligatoria y de la rectitud. Fue presidente del Congreso y siguió siendo un referente en las luchas de Acción Democrática, tolda en la que militó y por la que luchó con vehemencia. Por ende, no recordar al doctor Barrios es una mezquindad absoluta y una enorme torpeza, pues su legado es la sabiduría de poder construir mejores sociedades en democracia y con organización. Su verbo tranquilo se combinó con un valiente espíritu que lo dotó de un don que fue el de transformarse en ese referente moral que tanta falta hace hoy en día.

 

correoacademicoldav@gmail.com
@luisdalvarezva

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