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La luz de Israel

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Celebrar la independencia de un país es siempre un tema de algarabía y reivindicación. Si ese festejo se da en un escenario de pleno desarrollo y pujante libertad, la celebración se manifiesta mucho más llamativa. Finalmente, la emoción se incrementa con creces cuando lo que se conmemora es la victoria de un país que contra todo pronóstico y arrastrando inconvenientes de diversa naturaleza, se convirtió en una nación plena.

Israel irrumpe con ímpetu en el septuagésimo tercer aniversario de su independencia. Un país que nació como un acto de justicia de la humanidad y que tuvo que vencer cuantiosos escollos, no solo a lo interno, sino en lo que respecta a la actitud hostil de un vecindario que se empecinó en hacerle la vida imposible, ante la impávida e indiferente mirada de una comunidad internacional que, salvo puntuales excepciones, dejó que la situación se exacerbara.

Tal era el impacto simbólico de la tierra prometida, que la realidad llevó a la sociedad a empecinarse en establecerse en un territorio muy complicado en el que vencer al desierto fue el objetivo principal para tener una sociedad que ahora puede preciarse de producir frutas y verduras en condiciones fuertes. Ese espíritu de un colectivismo agrario plenamente democrático sustentado en el kibutz, se combina con una realidad de industrialización pujante en la que la innovación tiene un peso primordial, de la mano de la educación y la cultura.  

El verbo de David Ben Gurión puso palabras en una proclama de independencia, al exhorto de la libertad y al sueño de un Estado de pleno derecho social y democrático que se nutría de la histórica resolución 181 de la Organización de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, en la que la Palestina británica se dividía en dos países, uno de ellos para dar lugar a Israel. Su discurso es una pieza de vinculación de temáticas migratorias, sociales, diplomáticas y fundamentalmente, de esperanza. 

El legado de aquel 14 de mayo de hace 73 años, celebrado el pasado 14 de abril por razones de calendario judío, cobra énfasis en una época de contradicciones en la que la exitosa lucha contra la pandemia se opaca por disyuntivas en la conformación de gobierno y las pugnas que desgastan al sistema. Por lo pronto, el modelo de progreso de Israel y su plena democracia, serán antorcha para una región que a veces parece reducirse a dolor y violencia.

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