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Fraudes y cambios

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El régimen perezjimenista, sin ninguna duda, venía evidenciando una descomposición acelerada que se manifestaba con el aumento de las protestas y el desconocimiento, cada día más frontal, de los países de la región que notaban que se trataba de un sistema caduco, arbitrario y miserable.

Observando el repudio que provocaba, la única carta que esgrimía la funesta dictadura era la de reprimir a más no poder, por ello, se exacerbaron los atropellos y las violaciones a las garantías fundamentales, mientras que el gobierno repetía que factores internacionales trataban de menoscabar con mentiras y comentarios tendenciosos el desarrollo que existía en Venezuela.

Sin embargo, los personeros del gobierno sabían que la institucionalidad por ellos creada conspiraba contra sus intereses, pues obligaba a realizar unas elecciones presidenciales. Por ello, en un perverso ejercicio, el régimen logró que se realizara un plebiscito que permitiría consultar si la ciudadanía estaba de acuerdo con la ratificación, por un período más, de todos los poderes, incluido en esa fórmula el dictador.

Ante la flagrante violación de la constitución y la inexistencia de condiciones electorales que se manifestaban con partidos ilegalizados, dirigentes políticos presos y desaparecidos e inclusive serias objeciones en torno al padrón electoral y a los sufragantes, los grupos políticos que se oponían a la dictadura llamaron a no participar en la farsa que buscaba apuntalar al régimen.

Como estaba previsto, tal vez sin ni siquiera contar los votos, los resultados oficiales dieron el triunfo a la dictadura. Un desánimo se apoderó de la ciudadanía durante los últimos días de 1957, pues flotaba en el ambiente el sentimiento de que la dictadura era poderosa y no podía ser derrotada. Pero, tal vez lo que nunca pensó la estructura gubernamental fue que ese triunfo no era más que una ficción y semanas después, el régimen militar se desmoronaba  y su dirigencia huía cobardemente de Venezuela. Pensaría el dictador en su exilio que esa supuesta victoria era, lejos de un logro, la evidencia de su liderazgo endeble y la prueba definitiva de que las tropelías y arbitrariedades lo sacarían del poder.

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