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Etnias vulnerables necesitan más vacunas de COVID-19

Si bien se avanza en el proceso de vacunación en contra el coronavirus en Estados Unidos, los criterios de distribución de la vacuna no están tomando en cuenta a los grupos de población mas vulnerables

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En California, el 55% de las muertes por COVID-19 son de personas de origen latino, según datos recientemente publicados por el Departamento de Salud Pública. En Nueva York, los asiáticos del sur tienen las mayores tasas de positividad y hospitalización entre los asiáticos, sólo superados por los hispanos en cuanto a positividad y los de raza negra en cuanto a hospitalización.

Los pacientes chinos tuvieron la mayor tasa de mortalidad de todos los grupos y tenían casi 1,5 veces más probabilidades de morir que los blancos.

 

Imagen referencial / torstensimon en Pixabay

 

En todo Estados Unidos, los negros representan el 39% de las muertes por el coronavirus, y la comunidad de nativos americanos tiene casi el doble de tasa de mortalidad de los blancos, según los datos de los Centros para el Control de las Enfermedades, CDC.

De este modo, las tasas de mortalidad por COVID ponen de manifiesto las enormes desigualdades en la atención sanitaria y las hospitalizaciones por el virus.

Además, no se ha dado prioridad a las etnias de riesgo para la distribución de vacunas. Este último factor hace que, al menos a corto plazo, las perspectivas no sean optimistas en cuanto a resolver todos los problemas anteriormente enumerados.

 

Las disparidades son reales

El doctor Daniel Turner-Lloveras, es miembro fundador de la Coalición Latina contra el

COVID-19. Los resultados de su nuevo estudio, que se centra en la asignación equitativa de la vacuna COVID-19, confirman el golpe del coronavirus en ciertos grupos étnicos.

“Es algo que nos esperábamos y lo vimos desde que la enfermedad apareció y afectó, tanto en hospitalizaciones como en fallecidos, principalmente a las comunidades latinas y negras”, dice.

Agrega que, con la pandemia, estas brechas se han hecho más obvias y no se han proporcionado los recursos para prevenirlas.

“Lo que no esperábamos es que se diera una distribución no equitativa de las vacunas. Tratamos de prepararnos para eso, pero es lo que estamos viendo ahora”, lamenta el especialista.

Turner-Lloveras revela que, al momento, solamente hay 20 estados en el país compartiendo data sobre quienes están recibiendo las vacunas. “Esto debe corregirse de inmediato. Si no podemos medir cuántos están siendo vacunados ni las disparidades, tampoco podremos encontrar soluciones”.

Para ejemplificar, Turner-Lloveras cita el caso de Misisipi, donde la cantidad de gente de color que ha recibida la vacuna es 17%, mientras el número de infectados de los mismos grupos es 38%. Apunta que cifras similares se ven en todos los estados que reportan.

Para resolverlo, cree que todos están en la misma página. “Hemos visto que faltan vacunas y la repercusión de esto”. Afirma que todos los estados deben reportar la data racial sobre quienes reciben la vacuna.

“Tenemos que quienes son trabajadores esenciales y están en primera línea, suelen ser negros o latinos. Cuando hacemos decisiones sobre la distribución de vacunas o sobre reabrir, debemos estar conscientes de que ellos son los de mayor riesgo”.

El experto afirma que también están considerando la economía. “No la podemos ignorar, pero a la vez nadie puede prever si viene o no una nueva ola. Por eso hay que considerar a estos grupos al tomar decisiones”.

Por otro lado, recuerda que también hay gente que tiene miedo a recibir la vacuna por los posibles efectos secundarios o porque desconfían del sistema médico, e incluso del gobierno. Pfizer es quien ha podido reunir más información sobre el tema.

El médico concluye señalando que “Necesitamos tener conversaciones abiertas con la industria farmacéutica y el gobierno, además de proveer información y aumentar los fondos para el sistema de salud, con el fin de prevenir la falta de acceso al cuidado médico”.

Nativos estadounidenses: cifras récord

Virginia Hedrick, directora ejecutiva del Consorcio Indígena Urbano de California, levanta su voz por este grupo de población: “Los nativos estadounidenses, la gente nuestra de Alaska y de todo Estados Unidos, se está contagiando 3,5 veces más de COVID-19 que otras personas blancas no hispanas”.

También aporta que presentan 4 a 5 veces más hospitalizados y 1,8 veces más muertes.

Se ha prestado atención especial a adultos mayores de esa comunidad; sin embargo, no han podido evitar que mueran muchos.

Revela que “Esto es grave en el mundo indio, porque no podemos recuperar los conocimientos de ellos”.

Pero los nativos entre 20 y 29 años mueren 10,5 más veces. El grupo entre 30 y 39 años presenta 11,6 veces más fallecidos y el grupo de 40 hasta 49 años, registra 8 veces más víctimas fatales.

Estas comunidades también están impactadas por problemas de salud como diabetes, problemas del corazón e hipertensión, desórdenes de consumo de sustancias y elevadas tasas de suicidio, los cuales atribuye la vocera a las desigualdades históricas que se arrastran.

“No es cierto que estamos todos juntos en esto. Unos estamos más afectados que otros”, sentencia.

En el estado de California, los nativos urbanos reciben una vacuna del Servicio de Salud Indio, son unas 80 mil personas. Pero el estado no ha dado datos demográficos sobre quiénes la están recibiendo.

“Cuando damos prioridad a trabajadores de salud en el grupo 1-A, con lo cual estoy de acuerdo, no estamos atendiendo a la gente que está proporcionalmente más impactada por el virus”, observa Hedrick.

Y lamenta: “La realidad es que aún no tenemos suficientes vacunas para todos”. Adicionalmente, protesta porque hay importantes comunidades de indios que no son reconocidas a nivel federal. “Es la continuación de un genocidio histórico”. Y añade que hay problemas para recibir la información, como acceso a internet o necesidad de traducción.

Las instituciones medicas hacen todo lo posible

El doctor David M. Carlisle es presidente y Director General de la Charles R. Drew,

Universidad de Medicina y Ciencia en la zona de Watts-Willowbrook, del condado de Los Ángeles.

Estuvo en el gobierno estatal de California en la década del 2000, cuando se enfrentó la situación del SARS. “Fue terrible, estábamos aterrados”. En aquel entonces se hablaba incluso de armas biológicas y otras amenazas similares, en el marco de los días del 11 de septiembre.

Lo peor que podían enfrentar era un patógeno respiratorio. Y fue lo que aconteció. Pero el SARS desapareció y nunca quedó claro que fue lo que sucedió.

“Sabíamos que podía volver a pasar con el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente.

Pero el 27 de diciembre de 2019 marcó un cambio”, relata. En esa fecha, el doctor Carlisle entró en internet y encontró la noticia de una “neumonía” desconocida en China.

“Lo que más me preocupa es que no estuvimos preparados. Teníamos hospitales, máscaras, pero no fueron suficientes. ¿Qué pasó con toda esa preparación heredada del SARS?”

Siguiendo la página sobre COVID19 de Los Angeles Times, Carlisle puede trazar la diferencia entre los porcentajes de cada raza que conforman la población y su desproporción al ser afectadas por el coronavirus.

Mientras el porcentaje de población latina es ligeramente menor al 40%, la proporción de casos en ese grupo se acerca al 60% y el número de muertes supera el 50%. Situaciones similares afectan a comunidades asiáticas y negras.

Incluso hospitales con servicios de emergencia no están capacitados para lidiar con las complicaciones específicas del COVID, como la necesaria oxigenación de las membranas, lo cual implica trasladar a pacientes, asunto sumamente complicado.

Destaca que las instituciones médicas están haciendo lo mejor que pueden. “Trabajan 24 horas, 7 días a la semana, están pidiendo refuerzos”. Condena los comentarios despectivos hacia centros médicos, calificándolos de injustos.

Sin embargo, lamenta que hayan cerrado lugares clave de vacunación en Los Ángeles, porque se les agotan las vacunas. Es el caso del estadio de los Dodgers. “Esto demuestra las fallas en la distribución”.

La doble pandemia de los asiático-americanos

Adam Carbullido, Director de Política y Defensa de la Asociación de Organizaciones de Salud de la Comunidad de Asia y el Pacífico, alerta que los asiáticos, hawaianos y los naturales de las islas del Pacífico han sido dramáticamente afectados de manera negativa. “Siempre son dejados de lado en las conversaciones sobre este asunto, pero tienen riesgos altos de hospitalización y muerte”, lamenta.

La pandemia para ellos es doble –dice–, porque también son afectados por xenofobia y odio. Se les ve como culpables y portadores de la enfermedad. “Incluso hay pacientes que tiene miedo de pedir ayuda. Existe acoso, trauma emocional y estrés. Esto tendrá implicaciones a largo plazo para estas comunidades”.

Refiere que los hawaianos y nativos de las islas del Pacífico incluso ni siquiera aparecen reflejados en las investigaciones que se hacen a nivel nacional. “Los datos desagregados deben ser incorporados, si es que existen”.

Añade que son muchas etnias, con más de 100 idiomas y es importante distinguirlas, porque lo contrario enmascara el impacto del COVID-19 en comunidades diversas.

“Los centros de salud comunitarias son vitales para llegar a comunidades de color, han estado en las trincheras de esta batalla. Han hecho un trabajo apropiado en cuanto a su manera lingüística y cultural. Proveen cuidados sin ver etnias, religiones o razas, incluso aunque no tengan cómo pagar” revela Carbullido.

“Ofrecemos ayuda a más de 30 millones de pacientes anualmente. Las personas pueden acudir a estos centros, aunque tengan barreras culturales, de idioma o no puedan costear los servicios”.

Destaca el trabajo de la Escuela de Salud Pública de California, en cuanto a recabar la data por razas, una carencia altamente cuestionada.

Cree que el Congreso debe pasar una ley de rescate para lidiar con el coronavirus. Agrega que se tiene que buscar que las comunidades tengan más confianza en las vacunas. “En este momento el peor error que se puede cometer es no hacer lo suficiente”, finaliza.

 

 

 

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