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El precio de la guerra en Gaza

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 Continúa el malestar social en Colombia, los jóvenes son los protagonistas de las jornadas diarias de protesta y lamentablemente los hechos de violencia tampoco cesan. A la par, en varias ciudades árabe-israelíes, manifestantes se enfrentan entre sí y con las fuerzas de seguridad, en el marco del conflicto insoluble de Oriente Próximo.

Nuevamente, el histórico conflicto árabe-israelí se roba la mirada de la comunidad internacional. En esta ocasión las restricciones impuestas por las fuerzas de seguridad israelíes para impedir las aglomeraciones de fieles en pleno Ramadán -el mes sagrado musulmán- y las amenazas de desalojo a las familias palestinas, serían las principales causantes de la escalada de violencia, que deja ya centenares de muertos, entre ellos niños, y miles de heridos. Desde 2014, el conflicto no registraba un pico de violencia de tal magnitud.

Son múltiples los motivos por los cuales este territorio se encuentra en constante disputa. La extensión de la frontera de Israel y la ocupación de las “tierras sagradas” de los palestinos, las diferencias culturales, religiosas y políticas de las comunidades y el reconocimiento a la legitimidad tanto del pueblo palestino como del Estado de Israel son algunos de los puntos de enfrentamiento en esta región. Sin embargo, en la franja de Gaza la crisis económica puede constituirse en uno de los motivos de más tensión entre Israel y Hamás.

La desigualdad económica y social entre palestinos e israelíes es evidente. Mientras que Israel se posiciona como un referente para sus vecinos en Oriente Medio, por su capacidad militar, desarrollo económico y científico, el pueblo palestino sigue teniendo dificultades en el acceso a recursos naturales y a herramientas que le permitan adelantar sus actividades productivas y comerciales para hacer crecer su economía. Pero sin ir tan lejos, solo basta con pararse en la línea que divide ambos territorios para dimensionar la situación. La Franja de Gaza hace tiempo dejó de ser un lugar digno para habitar, para 2020 la tasa de desocupación estaba alrededor del 50% y la pandemia por supuesto que pasó factura, los confinamientos sanitarios acrecentaron la miseria en este territorio. Hoy dos terceras partes de los 2 millones de habitantes de Gaza sobreviven a punta de ayudas internacionales.

Ante la alarmante situación y luego de pactar un alto al fuego, en 2019 Israel y Hamás -el movimiento político y militar que rige en Palestina-, también acordaron unas medidas para paliar la crisis económica en el territorio palestino, entre las cuales estaba el establecimiento de zonas de industriales en la periferia del enclave y la concesión de permisos de trabajo en Israel, así como la entrada de materiales de doble uso militar y civil para el sector de la construcción -una de las principales actividades económicas de los palestinos-.  Y como era previsible, ni lo uno ni lo otro se cumplió, Hamás no ha liderado la implementación de las medidas económicas para sacar de la crisis a los palestinos e Israel también dejó relegadas las promesas de la tregua.

El balance económico de la escalada bélica en el 2021 no es positivo para ninguna de las partes. El shekel -la moneda israelí- se depreció debido al conflicto y la incertidumbre que dejan los bombardeos, al tiempo que los inversores ven con preocupación la larga y agotadora ronda de combates. Tel Aviv, la capital comercial del país ya reporta cuantiosas pérdidas por culpa de los ataques.

Del lado palestino, los efectos son aún mas devastadores, se reportan edificios privados y públicos destruidos, casas y refugios en ruinas, cada día crece más el hambre, la pobreza, y son cada vez más familias que migran a los territorios aledaños en busca de algo de estabilidad.

Y a pesar de que aún no se tenga una cifra precisa del acumulado del costo de la guerra en esta zona, un estudio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNTAD) estimó que entre 2007 y 2018 la ocupación israelí le costó al territorio 16,7 mil millones de dólares debido al bloqueo y las operaciones militares, eso equivale al 107% del PBI de Palestina.

No se puede desconocer el importante trabajo en estos años por parte de la ONU, las organizaciones de derechos humanos, los organismos internacionales y demás actores

en la lucha por la paz y la estabilidad de Medio Oriente. Sin embargo, en esta oportunidad, además de condenar y rechazar los actos de violencia, deberían convertirse en protagonistas de mediaciones y buscar soluciones estructurales a los problemas reales que viven los pobladores de esta región en conflicto. Pues el alto al fuego ya se pactó, pero el hambre, la pobreza y el desempleo no fueron objeto de tregua y no mejorarán a punta de ayudas humanitarias.

PD: Volviendo a Colombia… ¿Qué hacía Juan Manuel Santos reunido de incógnito con los señores del Comité del Paro? ¿No estaba retirado de la política?

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