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El odio: ¿otro virus?

La pandemia de COVID-19 ha traído incidentes de racismo contra la comunidad asiático-americana, aunque también ha afectado a otros grupos étnicos. Expertos alertan sobre el incremento de agrupaciones que cultivan el odio racial y temen que, aunque cambie el gobierno, no será suficiente para atajar este problema de vieja data

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Muchas personas de color aseguran haber experimentado crímenes motivados por el odio y la discriminación en medio de la pandemia de COVID-19. Por ejemplo, la organización Stop AAPI Hate, dirigida a asistir a la comunidad asiático-americana, ha registrado 2.583 incidentes de crímenes de odio y discriminación contra asiático-americanos e isleños del Pacífico.

Foto referencial / Ivan Samkow – Pexels

Este parece ser el grupo más afectado por el prejuicio racial en medio de lo que sucede con el coronavirus. Sin embargo, también se registran patrones de hechos contra otras etnias.

Ademas existe inquietud entre todas estas comunidades, porque perciben que algunos grupos de supremacía blanca están creciendo, y apuntan a personas de todas las razas. ¿El odio es contagioso? ¿Se parece a un virus? ¿Qué se puede hacer en caso de ser un espectador o víctima?

Los expertos consultados coinciden en que, si bien el tema va a escalar aún más mientras más cerca estén las elecciones, también es cierto que no se van a desaparecer, gane quien gane. El consejo de todos: “No se puede bajar la guardia, porque aunque el nuevo gobierno haga cambios, el extremismo no va a desaparecer”.

La perspectiva asiático-americana

“Esto es otro virus y se puede notar. Las palabras funcionan en cuanto a causar miedo e incluso daño físico”. La afirmación es de John Yang, director ejecutivo de Asian Americans Advancing Justice, una organización que denuncia el incremento en los crímenes anti-asiáticos.

John Yang – captura de pantalla

Aclara que no se trata de un tema nuevo. “Es algo con lo que siempre hemos tenido que lidiar”. Asegura que han sido una minoría mal representada. “Nos ponen en contra de otras comunidades. Eso no es cierto, todos estamos enfrentando al racismo”.

Entre los episodios raciales históricos que enumera, destacan la exclusión en 1882, cuando los chinos hubieran ayudado a reconstruir los trenes del país. “Encarcelaron por sospechosos a nuestra gente durante las guerras, algo similar ocurrió luego del 11 de septiembre. Ahora el tema es los asiáticos y la enfermedad”, se lamenta.

Agrega que “Todos estamos asustados por el COVID-19, pero también hay una tensión real entre Estados Unidos y China. Es cierto que el gobierno chino está haciendo cosas terribles, hay disputas. Pero eso no puede afectar a nuestra comunidad en EEUU”.

Que el presidente hable de la plaga china, tiene para él efectos contra todos los asiático-americanos. Alerta que otros oficiales están usando también ese término derogatorio.

“Ese tipo de palabras se traducen en acciones que terminan siendo incidentes raciales, violencia”. Ejemplifica diciendo que declaraciones como “Liberar Michigan” terminan resultando en una amenaza de muerte contra su gobernadora. Yang afirma que no es un peligro semántico solamente, es real debido a las palabras que se usan.

AAAJ trabaja para empoderar a su comunidad. “Hay un entrenamiento para saber cómo responder en esas situaciones de peligro. Si ves a alguien que está siendo víctima del odio, ¿qué puedes hacer? Cosas muy pequeñas pero efectivas. Quizá hacer ruido, dejar caer una llave. Si te parece seguro, puedes decirle al agresor que lo que está haciendo no está bien”.

Yang también sugiere acercarse al agredido y preguntarle cómo está o si se puede hacer algo por él. “Hace un par de días hablé con alguien que fue víctima de un ataque años atrás. Dice que hubiera apreciado que al menos alguien lo hubiera mirado con empatía”.

El vocero concluye afirmando que hay una comunidad trabajando conjuntamente por estos objetivos y están generando una energía positiva. También se han dedicado a hablar del tema con el público en general y con quienes hacen leyes.

Casos concretos

 

Ma es directora ejecutiva de AP3CON. Con Stop AAPI Hate ha registrado 2.583 incidentes de crímenes de odio y discriminación contra los asiático-americanos y los isleños del Pacífico.

 

Manju Kulkarni – captura de pantalla

P3 significa Pacific Policy Planning. Son una coalición de unas 40 organizaciones que sirven a más de 1,5 millones de asiáticos en temas como justicia climática, acceso a la salud, vivienda y desarrollo económico.

Comenzaron a registrar hechos de odio relacionados con el COVID-19. “En 29 semanas recibimos reportes de más de 2 mil 700 incidentes de odio provenientes de 46 estados y el Distrito de Columbia. 56% de ellos fueron en California y Nueva York. Pasa 2.3 veces más en mujeres que en hombres. 7% de los afectados son mayores de 60 años”.

Entre los incidentes, detalla que “Compañías como Uber o Lyft no quisieron dar servicio a  asiáticos. Un niño fue acosado y atacado en su escuela por ser asiático-americano, le dijeron que se regresara a China. Cuando dijo que el no era chino lo golpearon, fueron más de 20 golpes en la cabeza. La escuela actuó, pero ya había sucedido”.

Por ello, se juntaron para trabajar en el odio contra su comunidad. “Empezamos con el centro de reportes. Hay formularios disponibles en varios idiomas asiáticos, para quienes no hablan inglés”.

Explica que ninguna parte del país es inmune al odio, pero porcentajes significativos de los reportes vienen de asiáticos. “Los grupos vulnerables sufren más, como los niños, las mujeres y la gente mayor”.

Cuando vemos el tipo de discriminación, casi 70% tiene que ver con acoso verbal. 9% de los incidentes tienen asalto físico. “Pueden empujar a alguien, o lanzarle una botella. Aunque son preocupantes, no son como para llegar a un juicio”.

Un 10% de lo sucedido tienen que ver con derechos civiles, como discriminación en el lugar de trabajo, no querer que alguien entre a un establecimiento o negarse a servirle, un grafiti alusivo o no dejarle usar el transporte.

Agrega que les sucede más a quienes se  les percibe como chinos o del este de Asia. Es menos frecuente hacia quienes son de las islas del Pacífico o del sur de Asia. En los negocios privados es donde se ve más, como en tiendas grandes y farmacias. También sucede en calles, parques y sitios públicos, además de las escuelas.

“Hay una retórica anti china. Los temas, según los datos y nuestro análisis son de animosidad virulenta: 60% de los incidentes son tratarlos mal, hablarles violentamente. Los culpan de la enfermedad. También hay caracterización racista, atribuyéndoles características negativas”. Y agrega: “El presidente contribuye a esto”.

Stop AAPI Hate trata de dar recursos y asistencia. Hay abogados que trabajan voluntariamente, servicios de salud mental, personal que trabaja a favor del cambio de leyes, tanto estadales como federales.

Discriminación y COVID-19

 

Neil Ruiz, director asociado de Migración Global e Investigación Demográfica en el Centro de Investigación Pew. Ruiz dio a conocer las conclusiones de su nuevo informe: «Muchos negros y asiáticos americanos dicen que han experimentado discriminación en medio del COVID-19» Alerta que hay un incremento de discriminación en general.

 

Neil Ruiz – captura de pantalla

“Al inicio de junio hicimos un trabajo que ya estaba planeado desde antes, pero coincidió con la muerte de George Floyd. En él encontramos que 4 de cada 10 estadounidenses creyeron que era más común expresar racismo hacia los asiáticos luego del coronavirus”.

Refiere que les han hecho bromas, o los han insultado. “Ellos tienen miedo de ser atacados físicamente”, se lamenta.

También encontraron que “Los asiáticos son quienes más usan las máscaras, al igual que los hispanos y negros. Pero resulta que cuando una persona de raza negra usa máscara, pasa a ser sospechosa”.

Tras aclarar que “No somos partidistas y solamente exponemos los hechos encontrados en nuestra investigación”, revela que casi la mitad de los encuestados opina que el presidente Donald Trump ha empeorado las relaciones raciales.

Según los números de Pew, concretamente un 48% de los adultos y 68% de la gente de raza negra piensa de esta manera. Esta opinión alcanza entre los republicanos un 13% y entre los demócratas, 80%. Concluye citando que “Hay un apoyo de 75% de los asiático-americanos hacia el movimiento Black Lives Matter”.

Falta de seguimiento

Michael German es un agente retirado del FBI americano y actualmente trabaja en el Centro Brennan, programa de Libertad y Seguridad Nacional del Centro de Justicia. Su labor se centra en este momento en el supremacismo blanco.

 

Michael German – captura de pantalla

“Parte del problema es que no sabemos si hay un incremento de la actividad de los supremacistas blancos, porque no hay un seguimiento a ese tipo de violencia”.

Detalla que a veces entidades privadas le hacen estudios, pero a veces lo hacen a través de medios de comunicación privados y estos trabajan con reportes de la policía. “Muchas veces los funcionarios no quieren trabajar en casos de crímenes de odio. Apenas el 12,6% de la policía reconoce que hay estos crímenes en sus jurisdicciones.

Afirma que hay 230 mil crímenes de odio al año que no son reportados a la policía. “Hay agencias que apenas reportan unos 8 mil. Por estatutos solamente se puede hacer seguimiento a muy pocos. Hay una gran disparidad allí”, dice German. Y aclara: “No tenemos que ver con que la víctima piense que son crímenes de odio, nos basamos en los hechos”.

Trabaja en esos casos desde 1990 y lo que ha visto es que “Se llamaba la atención sobre esos grupos, la policía se enfocaba en ellos pero no se contabilizaban los datos”.

También complica el asunto la clasificación del hecho. “Si un supremacista blanco mata a alguien esto se puede tratar como terrorismo doméstico, lo cual sería prioridad del FBI; pero si se describe como crimen de odio, aunque es una violación de los derechos civiles, no es prioridad. Se le deja a la policía local. Se les hace seguimiento por el FBI si son crímenes violentos, como pandillas, por ejemplo.

Sin embargo considera que en los últimos años se les ha prestado más atención a este problema, “porque tenemos un candidato que busca apelar a estos grupos”.

Y afirma para concluir: “Todo terrorismo es político. El contraterrorismo también lo es”. Con ello, alerta que la asignación de recursos puede verse afectada por este factor.

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