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El ocaso de Trump

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Termina un período que sin lugar a dudas quedará marcado de una manera muy negativa en la memoria estadounidense. El país fue noticia por una convulsión política que se originó desde que Donald Trump asomó la posibilidad de que le habían robado las elecciones y que Joe Biden era producto de una perversa conspiración que atentaba contra sus planes y que quería entregarle la conducción de la nación a una extraña alianza de radicalismos, medios de comunicación y factores extranjeros.

El clima fue enrareciéndose cada día más llegando Trump a sembrar dudas sobre los comicios, anunciando procesos judiciales por doquier y amenazando con tomar acciones drásticas. La matriz de opinión fue irresponsablemente secundada por parte de su entorno que comenzó a mostrar sus deseos de emprender cualquier camino para evitar que su líder se apartara de la presidencia, surgiendo cofradías, logias e incluso grupos de choque que manifestaron estar dispuestos a hacer lo que fuese con tal de no entregar el poder.

El país se polarizó a extremos irreconocibles y todo el mundo, literalmente, estuvo en vilo esperando el desenlace y tratando de encontrar respuestas a lo que ocurría. Los medios de comunicación se convirtieron en actores de campaña y las redes sociales en hervidero de tendencias que dejaban ver desde análisis sesgados, hasta las más absurdas de las teorías, apareciendo escenarios inverosímiles. 

El 6 de enero el Congreso sesionaba para contar los  votos emitidos por el colegio electoral. Lo que no era más que un trámite burocrático se convirtió en una bochornosa jornada. El discurso de Trump, por más indirectas  y frases vacías que pudiese tener, fue el motor para que un grupo de desadaptados irrumpiera violentamente en el legislativo. Entraron al recinto del civilismo armados de revanchismo y saña. El resultado dejo muerte, desolación, desmanes y una imagen muy poco adecuada de un país que se precia de su orden.

Finalmente, con la situación controlada, el Congreso sesionó y contó los votos, ratificando la victoria de Joe Biden y Kamala Harris. Trump se queda con la sombra de su torpeza y con la certeza de que su grupo, entre ellos el vicepresidente Mike Pence, lo dejaron solo. Pudo capitalizar su alta votación para fundar un grupo o al menos edificar una tendencia interna en su partido, pero su soberbia fue mayor al análisis y se va por la puerta del oprobio sabiendo que muchos que lo acompañaron  dejaron de hacerlo, pues retratarse con él, un hombre que puso en duda la tradición de un país y que vulneró los sagrados pilares de la democracia, es un peso que hace daño.

 

 

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