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El exilio en 259 fragmentos

La novela de Alicia Kozameh, "259 saltos, uno inmortal", vuelve a ser editada

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Hay temas que obligan a quien los narra a respirar profundo para poder continuar. Mientras más duro se le hace lo que cuenta, más aire, más fragmentos; en el caso de 259 saltos, uno inmortal, novela de Alicia Kozameh que aborda el exilio de la escritora, narrar la historia le tomó el número de fragmentos que aparece en el título, 259. Kozameh es argentina, autora de siete novelas, estuvo presa durante la dictadura y salió al exilio a Estados Unidos y México, volvió a su país y tras recibir amenazas por haber escrito sobre su estadía en prisión, regresó a Estados Unidos donde aún reside. 259 saltos, uno inmortal aborda ese recorrido y acaba de ser reeditada en Estados Unidos por la editorial Ars Communis.

Imagen cortesía de Ars Communis

259 saltos es una novela atípica, y me refiero a lo formal”, nos cuenta Kozameh. “Sigue el orden cronológico de los episodios como se dieron en la realidad pero, como siempre que escribo sobre un tema que implica momentos o situaciones relacionados con algo que resultó doloroso o que resulta doloroso en el presente de la escritura, aparecen las mediaciones: una creatividad muy acentuada, mucha imaginación, distintos recursos literarios, la mayor cantidad de juego escritural posible, todo lo que me permita entrar en ese tema con el menor nivel de daño. 259 refleja mucho la realidad del exilio, que alguna gente piensa como una aventura, cuando es completamente diferente. El exilio puede llegar a ser algo muy, pero muy desagradable. Y tiene momentos positivos, pero está lleno de desgarramientos”.

-El número 259, además de las secciones o fragmentos en que está dividido el libro, ¿tiene un significado especial? ¿Sabías al momento de escribir que serían 259?

“No. No sabía que ese iba a ser el número. Es más, no sabía que la novela iba a crecer en párrafos. Empecé a escribir una novela ‘tradicional’, en el sentido de ‘no en párrafos’, y enseguida de haberla empezado me frenó un momento de emoción muy intenso y tuve que interrumpir la escritura. Salí a caminar. Cuando volví ya calmada y lista para continuar, me di cuenta de que no podía hacer avances con esos primeros renglones, y que tenía que literalmente saltar a otros. O la escribía así, o no iba a lograr escribirla. Y escribirla era una necesidad. Así supe que iba a ser una novela un tanto particular. Y seguí a ese ritmo. Es más, en medio de la escritura me pidieron fragmentos para una revista, y no había llegado a la mitad del libro. La publicación le puso como título Fragmentos de la novela 300 saltos sobre el exilio. O algo similar. Entonces escribe y escribe hasta que de pronto había terminado. Ese 259 responde a que allí terminé”.

Alicia Kozameh. Foto: Rita Davis.

Fernando Olszanski, editor de Ars Communis, cuenta sobre la decisión de publicar la novela que “no hay mucha literatura en español en Estados Unidos que nos hable de manera personal y casi de manera íntima sobre la reconstrucción del ser, de la identidad y de los espacios vacíos que dejaron la guerra, la prisión y la persecución política” y agrega que “La novela tiene un enfoque muy profundo de la experiencia del exilio. No solo es una visión cercana al pasado reciente de la protagonista, sino también un total análisis del presente que le toca vivir, la recolección de los fragmentos que hacen a un ser humano”.

259 saltos, uno inmortal fue publicada originalmente en el año 2001. Le preguntamos a Kozameh si para esta edición hubo reescritura. ¿Qué se sintió revisar una historia escrita 20 años atrás con el fin de volverla a publicar?

“He estado trabajando en esta novela revisando galeras o PDFs a lo largo de todos estos años, desde la primera edición en español. Hay dos anteriores a esta. Y hubo traducciones a varios idiomas: inglés, francés, alemán, así que contesté a los traductores muchas preguntas. De manera que no perdí contacto con el texto. Además de las muchas lecturas en público. Pero nunca modifiqué el original. Corregí errores de tipeo, pero nada más”.

-Una publicación también es el momento en que es publicada. ¿Qué diferencias y semejanzas ves en el ambiente, en el contexto en que 259 saltos, uno inmortal fue publicada originalmente y el de ahora? ¿Y qué diferencias y semejanzas entre la Alicia Kozameh del año 2000 y la actual?

“En realidad tengo la impresión de que hay conceptos en 259 saltos que podrían traspasar, aunque fuera relativamente, las barreras del tiempo y de los diferentes contextos al momento de sus distintas ediciones. Los cambios sociales, las renovadas maneras de ejercer las luchas políticas, el crecimiento de los movimientos feministas, por derechos igualitarios, el agregado fundamental de la tecnología, no han detenido el interés por este libro, probablemente más a nivel académico, universitario. ¿La razón? No ha dejado de haber exilios. El mundo mismo es un espacio de exilio. Las problemáticas no han variado, y eso es muy preocupante. Pero allí no veo cambios. En lo personal debo haber madurado en ciertos aspectos, pero cuando la salida de la primera edición de esta novela yo ya era adulta y había pasado por experiencias muy intensas que marcan de manera definitiva, y que te convierten en ese ser que no acepta negaciones y que está siempre incurriendo en un ponerle la cara a la realidad vivida. Tampoco era la primera novela que publicaba”.

259 saltos, uno inmortal es novela, pero también es ensayo, con algo de crónica. ¿Cuánto de ficción hay en esta historia?

“En el sentido de tu pregunta, poco. Es un texto ficcional porque no estamos presenciando el hecho mismo. Y porque también tiene su lado poético. Pero responde a la realidad vivida, incluso en el aspecto cronológico en que está presentado. Esta es la novela en la que menos racionalidad puse en la escritura. Empecé a escribir sin siquiera tratar de planificar, ni de elaborar, ni de ensayar nada. Una noche me desperté a las tres de la mañana con la pulsión de escribir sobre el exilio, un tema que no me había preocupado antes desde lo literario. Y así empezó. Enseguida entendí que las emociones iban a tratar de bloquearme, y decidí seguir el ritmo de esas emociones y no intentar pelear con ellas. Poco a poco logré escribir párrafos (saltos) más largos, de varias páginas, sobre el final, pero no me esforcé. Tampoco se me ocurrió separar esas últimas páginas en párrafos cortos para que siguieran el estilo general del libro. La explicación es que llegó un momento en la escritura en que ya había atravesado lo más brutal, en que pude respirar mejor, en que el oxígeno me duraba más tiempo. Lo usé, y aumentó la extensión de los párrafos”.

-Un aspecto importante de la historia es cómo el exilio transforma las relaciones personales. ¿Puedes comentar sobre esto?

“Ese lugar geográfico, y también psicológico, y político, que denominamos exilio, en general está lleno de sorpresas. Las relaciones humanas, las que en tu lugar de origen aparecen naturales y fluidas, en el exilio conllevan un esfuerzo enorme, porque hay que construirlas y enraizarlas. Tanto trabajo a veces funciona, y otras veces se convierte en pura frustración. Uno no llega al exilio lleno de alegría. En la mayoría de los casos se llega huyendo de una muerte que te muerde los talones. El estado de ánimo, a pesar del alivio por haber podido cruzar la frontera de tu país, crece en contradicciones. La sensación de culpa por haber sobrevivido, por ejemplo, es algo que determina las relaciones que van a comenzar en el nuevo espacio. En términos de lo estrictamente personal, es increíble ver cómo el escenario de cada relación que se mantenía antes del exilio se transforma tanto positivamente como negativamente. Uno puede tomar decisiones antes inimaginadas, que sorprenden aquí y allá. De pronto uno es ‘libre’ y aparece el coraje para decir lo que antes no habría sido capaz de pronunciar. Por un lado aparecen formas de liberación, y en ciertos casos esa liberación termina representando un incremento y una profundización de ese sentimiento tan típico de estar exiliado. Uno, también, aprende a diversificarse, cuando antes la vida era muchas cosas que se mantenían más amalgamadas. Ahora estás afuera, nunca completamente inmerso en la nueva cultura, observándola desde afuera y desde adentro, saliendo de y entrando en ella de acuerdo a las situaciones vividas. Es complejo, y al mismo tiempo enriquecedor. Y creo que eso es lo que refleja 259 saltos”.

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