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¡Culpables!

Los militares mancillaron el honor de su país desde 1976 hasta 1983, cuando una nación humillada alzó la voz frente a los desmanes de los que usurpaban el mando

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El pasado 24 de marzo se cumplió el cuadragésimo quinto aniversario de la fatídica jornada que inició uno de los períodos más oscuros y perversos de la historia latinoamericana.

Un grupo de militares derrocó al débil, controversial y autocrático gobierno de María Estela de Perón, iniciando una época lúgubre caracterizada por la violencia contra cualquier forma de oposición, la censura de prensa y el exagerado boato que justificaba las tropelías castrenses en el rimbombante título de Proceso de Reorganización Nacional, que lejos de poner orden y revertir los desmanes del gobierno anterior, sembró de desolación, miedo y repulsión a la sociedad que veía en los gobernantes a la personificación de la maldad plena y de la saña vengativa.

El camino hacia la libertad

Los militares mancillaron el honor de su país desde 1976 hasta 1983, cuando una nación humillada, consumida en sus contradicciones y que con vergüenza alzó la voz frente a los desmanes de los que usurpaban el mando, logró el retorno a la democracia.

¡Culpables!
Créditos: Creative Commons

El camino hacia la libertad tuvo como pavimento a miles de desaparecidos, cantidad de asesinados, fachadas de locales que servían a los más grotescos procederes para torturar y muchos niños que fueron robados a sus padres y entregados a otras personas, notándose aún, años después, el dolor de los que recuperan su memoria y su pasado cruelmente arrancado, en medio de su inocencia, por negocio, placer o simplemente por un ejercicio de imposición.

Los militares que actuaron en marzo de 1976 se sentían omnipotentes y acompañaban su cotidianidad dañina con un enorme desparpajo que los erigía como salvadores de la nación, mientras los periódicos clandestinos y las organizaciones de derechos humanos filtraban lo que ocurría.

Internacionalizar el ahogo

Alejados de cualquier propósito de enmienda, los funestos personajes infiltraron instituciones, algunas de ellas fuera de Argentina, invirtieron en una propaganda inmensa y estrecharon vínculos con países de la región, fundamentalmente con los que eran regidos por sujetos tan crueles y miserables como ellos, dándose un escenario de cooperación para internacionalizar el ahogo a cualquier grito de libertad.

¡Culpables!
Créditos: Wikimedia Commons

En medio de sus apetencias, exacerbaron un ruin sentimiento patriotero de baja calaña que llevó a la organización de relevantes gestas deportivas, recepciones de gran envergadura y hasta el colmo de incrementar viejos conflictos internacionales, llevando a jóvenes mal alimentados a morir de frío en una contienda en la que la comunidad internacional les dio la espalda al notar que lo que privaba era el interés por aglutinar a la población en torno al liderazgo de la élite gobernante.

Para desgracia de los mandatarios, la guerra se convirtió en una derrota moral que, junto a los enormes problemas existentes, aceleró el fin del grotesco experimento que había iniciado en 1976.

Saña y odio

A 45 años del golpe militar y del inicio de una cruel y fatídica dictadura, el recuerdo es el de la saña y el odio que se impuso.

¡Culpables!
Créditos: Wikimedia Commons

00Sin embargo, la memoria ha ido dando paso fuerte y decidido a la imagen de muchos de los perversos personajes que participaron en la jornada y en los sucesos posteriores, postrados en tribunales, escuchando las sentencias que los condenan a vivir encerrados en cárceles pagando por los crímenes cometidos.

Ver a los altaneros militares de antaño disminuidos en los banquillos mientras la voz de la sentencia de culpabilidad resuena en su interior, es probablemente la mayor sanción a unos sujetos que se creían intocables y terminaron arrastrados ante la vergüenza, el repudio y el odio colectivo.

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