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COVID, vacunas y comunidades rurales

Aunque se trata de zonas difíciles de alcanzar, existen casos exitosos en el país. Pueden servir de ejemplo para otras regiones, como sucede en el condado Del Norte, California

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Las comunidades rurales estadounidenses están entre las que tienen menores tasas de vacunación contra el COVID-19. Pero hay casos de éxito que pueden servir para replicar en otras latitudes.

Del Norte es un condado que se ubica en el noroeste de California. Es el más pequeño del estado, en términos de población: son 26 mil habitantes en un entorno rural y tiene una de las tasas de vacunación más bajas del estado.

Con la variante Delta, altamente transmisible, las tasas de infección están aumentando drásticamente.

El lugar ofrece un microcosmos de los éxitos y desafíos de la vacunación en una población dispersa, rural y con trabajadores agrícolas latinos

Una fotografía del problema

Melody M. Cannon-Cutts es Directora del Programa de Salud Pública del Departamento de

Salud y Servicios Humanos del Condado de Del Norte. Relata que existen en el lugar 60 camas de cuidados intensivos, de las cuales están disponibles 11 al momento de escribir estas líneas.

Según ella, hubo pocas hospitalizaciones hasta finales de 2020 y para abril se contaban apenas 5 muertes. Pero luego del 4 de julio, los casos positivos se incrementaron de 23 a 90. “Hemos perdido a 10 residentes en la última semana”, añade.

La vacuna comenzó a suministrarse en diciembre de 2020 y en abril 2021 se dieron 400 de ellas en cada centro de vacunación, principalmente en Crescent City. Cannon-Cutts confía en sus aliados para la distribución, como centros culturales y tribus.

“Aún nuestra tasa de vacunación es baja: 43,6%, en comparación con el 66% del estado”, revela. “Hay mucha gente que no se quiere vacunar en nuestra comunidad y la mayoría de los casos positivos son de gente no vacunada. El hospital está superando su capacidad”, cuenta con inquietud.

Están recibiendo ayuda del estado, pero hasta el momento ha sido baja la necesidad de trasladar pacientes a otro lugar. “En este momento existen tres residentes recibiendo cuidados fuera del condado y contamos 17 hospitalizados en nuestras facilidades”.

Recalca que la desinformación está impactando a los residentes. “Escucho muchas de esas cosas. Eso hace que la gente no quiera vacunarse”.

Por su parte Terry Supahan, director ejecutivo de Del Norte & Tribal Lands True North Organizing Network y miembro de la tribu Karuk, asegura que están en condiciones similares a una sequía, con su peligro inminente para la gente rural de la región.

Aplicaron desde el inicio la distancia social y las máscaras; esperaron por las vacunas y confiaron en la información de las clínicas y del condado, según refiere Supahan.

Trabajadores latinos y zonas rurales

Miguel Pelayo-Zepeda es organizador de la comunidad de trabajadores agrícolas latinos en Smith River. Señala que hay unos cuatro mil latinos en el condado, una proporción alta de la población.

La economía del lugar se basa en el trabajo de la tierra y muchas familias vienen de hacerlo en México. “A veces llaman a sus familiares y todos terminan viviendo aquí”, relata.

 

Imagen referencial / Pexels – Cottonbro

 

 

 

El vocero lamenta que el impacto del coronavirus ha sido muy grande en el área, debido al aislamiento.

Se instaló una clínica móvil, para que las personas se vacunaran a la hora de almuerzo. “Así hemos vacunado a un montón de gente. No se les pide identificación. Tener traductores e intérpretes también ha ayudado”.

Pelayo-Zepeda subraya las motivaciones de la gente para vacunarse: porque quieren viajar o proteger a su familia. “También se vacunan porque sus familiares están muriendo por COVID”.

 

Otras comunidades étnicas

 

Khou Vue, miembro de la Junta del Centro Cultural Hmong, profesor de origen tailandés, nació en Laos, tras la guerra de Vietnam. “Tengo experiencia en lo que significa no confiar en el gobierno, eso fue un tema con la comunidad Mong en Crescent City, especialmente con los mayores. Muchos de ellos se aislaron”, revela.

Y agrega: “Nos tomamos la pandemia muy en serio. Cancelamos los rituales espirituales y religiosos. Fue un sacrificio, pero el COVID-19 nos asustaba”.

A través de su centro cultural difundieron la información a familias y gente mayor que no tiene acceso a internet o teléfonos.

“En nuestra cultura tenemos líderes de clanes, yo soy uno y me comunico con otros. Activamos una reunión en la oficina del distrito, pudimos dar información útil, como listas de teléfonos para ayudar a la gente mayor a que no se expongan”. Muchos de ellos no hablan inglés.

 

Los sin hogar

Daphne Corstese-Lambert es directora de Del Norte Mission Possible, un proyecto de Del Norte Senior Center, que alcanza a la población rural sin hogar.

“La gente que no tiene dónde vivir presenta una situación particularmente compleja ante el COVID”, alerta. “Hay personas mayores, también otros con discapacidades físicas y mentales. Existen muchos veteranos entre ellos, incluso con honores. También proceden del sistema de adopción foster care”.

Refiere que este grupo poblacional no puede conectarse a servicios como teléfono o internet y han sido afectados por los incendios forestales que ocurren en la región en verano. “Están muy frustrados. Por si fuera poco, toda esta situación incrementa su desconfianza ante el gobierno”, añade.

Los números oficiales del condado son de 248 personas sin vivienda. 183 de ellos ni siquiera tenían un albergue. “Sin embargo, mis cifras son de unas setecientas personas”, rebate Corstese-Lambert.

“Tratamos de ayudarlos con documentos y papeleo, muchos de ellos no pueden leer. Les damos información y no la entienden. Están aislados y la pandemia ha empeorado la situación”.

 

Una voz joven

 

Thayallen Gensaw, estudiante de secundaria de Del Norte, es miembro de la tribu Yurok. Decidió vacunarse contra el coronavirus porque, según su crianza, siempre piensa en poner a los otros antes que a sí mismo. “No me preocupaba lo que me podía ocurrir, pero sí me inquietaba mi familia”. Su padre sufre de condiciones que lo hacen vulnerable.

Apenas pudo vacunarse por su rango de edad, un amigo le avisó para que lo hiciera. “Me siento mejor por lo que hice por la gente, por mi tribu”. También pensó que hay familias con niños pequeños, que no pueden vacunarse. Gensaw dice que le toca a su familia hacer el trabajo y protegerlos.

Señala que le contó su experiencia a varios amigos, pero muchos de su edad piensan más en sí mismos que en el resto. “Creen que son invencibles, que no necesitan cuidarse”.

Soluciones

 

De estos trabajadores comunitarios se pueden extraer recomendaciones para alcanzar a las complejas y aisladas poblaciones rurales en la labor de vacunación.

Cannon-Cutts explica que “Estamos distribuyendo información sobre Pfizer y la autorización de su vacuna. Para muchos residentes esa era su preocupación y por eso no querían vacunarse”.

Terry Supahan solicita promoción de las vacunas para proteger a su gente. Destaca que la comunidad nativa estadounidense está entre las de más alto índice de vacunación dentro de las comunidades de color.

Para Miguel Pelayo-Zepeda, promover las vacunas implica construir relaciones. “Muchos creen que la vacuna les va a transmitir el virus; pero no los interrumpo, los escucho. Luego, trato de convencerlos sobre lo importante que es estar vacunados”.

Atraen también a la gente ofreciendo servicios, como clases de inglés o talleres sobre inmigración y ciudadanía.

Khou Vue sugiere “Mostrar videos de lo que está pasando en el mundo con gente que no está vacunada, que no se aísla, que no usa mascarilla. No son películas de Hollywood, son vidas reales que se han perdido”.

Sobre las personas sin hogar, Corstese-Lambert recomienda: “Hay que escuchar su situación, lidiar con las barreras que sufren, aproximarlos a soluciones. Queremos usar las relaciones que hemos podido crear, para acercarlos a las vacunas”.

Para finalizar, el joven Gensaw propone manifestaciones de cultura popular que hagan referencia al problema. “Una canción que lo mencione, así sea en una sola línea”.

 

 

 

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