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Al maestro con cariño | To Sir, with Love

No es un secreto que los docentes venezolanos mueren lentamente cada día, viene a mi mente aquel tuit donde el profesor universitario José Ibarra, decía que no le apenaba pedir unos zapatos.

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En 1967, James Clavell dirigió la novela de E. R. Braithwaithe “Al Maestro con Cariño”, la sinopsis de esta obra llevada a la gran pantalla narra la historia de Mark Thackeray, un ingeniero afroamericano sin empleo que acepta trabajar como profesor de un grupo de estudiantes bastante conflictivos en una escuela de Londres.

La mayoría de los alumnos eran bastante groseros e inadaptados, el hombre intenta ganarse la confianza de los jóvenes utilizando métodos tradicionales, sin embargo la suerte no le acompañó y tuvo que recurrir a otras formas de enseñanza para lograr su objetivo, que todos fuesen hombres de bien.

No dista esta realidad de aquel maestro con lo que vivimos. A tan solo horas de anunciarse el fallecimiento del profesor Aristóbulo Isturiz, no deja de sorprenderme la cantidad de mensajes, cadenas y memes que se tejieron entorno al docente fallecido, y es que la buena voluntad de un gremio tan aporreado no podía expresarse de otra manera.

Como ser humano no estoy de acuerdo y no comparto estas prácticas, que lejos de demostrar lo que somos en realidad, nos hacen parte de la pérdida de ese venezolano bien formado en las aulas, pero debo entender también que son un espejo que refleja la gran impotencia de saberse tan minimizados como se sintió Mark en su empeño por hacer las cosas mejor.

 

La muerte del maestro

 

No es un secreto que los docentes venezolanos mueren lentamente cada día, viene a mi mente aquel tuit donde el profesor universitario José Ibarra, decía que no le apenaba pedir unos zapatos, pues su sueldo no le alcanzaba en junio de 2018 para siquiera cambiar las suelas, que en ese momento alcanzaban los 20 millones de bolívares.

Los países desarrollados en su totalidad han hecho grandes esfuerzos para lograr que tanto sus docentes como sus estudiantes alcancen mejores condiciones tanto remunerativas, como de excelencia académica, sin embargo en Venezuela, siguen ganando $1 al mes, viendo sus extensos curriculas convertirse en los sueños rotos de la enseñanza guardados en una carpeta vieja que huele a naftalina.

¿Qué profesor venezolano en medio de la pandemia mundial puede impartir conocimientos sin las condiciones mínimas de conectividad? sin herramientas tecnológicas para que esa enseñanza deje como resultado al hombre que regirá el futuro de un país sencillamente falto de “moral y luces como primeras necesidades”.

 

Lo que nos depara el futuro

 

El futuro no augura buenos tiempos, entre la desnutrición, la grandísima deserción escolar del último año, cuantificada en un 70% producto del éxodo, de la pandemia, de los problemas económicos y la imposibilidad de herramientas para encarar las complejas cátedras; que no siendo presenciales llevan al abandono por agotamiento de padres y jóvenes estudiantes.

Ante esto, la muerte del maestro Isturiz no solo debe llamarnos a la reflexión como ciudadanos que deseamos un país lleno de talentos perdidos, todos se fueron, todos acamparon en otras tierras donde si son profetas, y los que nos hemos quedado para tratar de enseñar somos vistos como mendigos; porque con un dólar americano, -moneda que abruptamente mueve la economía del país- ya ni un kilo de queso para saciar el hambre podemos comprar.

Cualquier homenaje que se quiera hacer al docente camino al cielo, debe comenzar por elevar a voz de lo que él mismo un día fue, un hombre humilde, que logró superarse en un país lleno de oportunidades, donde pudo realizar sus sueños de enseñanza, que lo llevaron ciertamente a ocupar cargos tan importantes como ministro y rector de la educación venezolana.

 

Hasta siempre maestro Mark

 

No podemos sentirnos alegres o burlar el dolor de sus deudos, pero sí podemos decir que el maestro Mark no terminó la tesis, no aprobó muchos exámenes; y su ausencia representa quizás en este momento, el gran vacío que tiene cada profesor, cada maestro, cada docente al ver que se pierde el único fortín que blinda a una nación : sus ciudadanos educados.

El maestro Mark ha muerto y sus alumnos lo lloran, porque al final de la historia, alcanzó sus metas, pero sus compañeros de tarima en colegios, liceos y universidades seguirán esperando por una remuneración justa y digna como formadores de la verdadera ciudadanía de un país.

Los que con zapatos rotos y las manos aún llenas de tiza superaron la vergüenza para pedir.

¡Un hombre sin estudios es un ser incompleto!Simón Bolívar

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