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Abogados y periodistas

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Celebrar o no ambos días es el debate que se cierne en las últimas horas. Unos se preguntan cómo festejar un día del abogado en el que la justicia es inexistente y el poder judicial carece de la autonomía propia que debe tener para garantizar la supervisión y el respeto al andamiaje social. Por su parte, los periodistas preguntan si vale la pena halagar a los comunicadores por su día en una realidad caracterizada por la censura, la autocensura y por la proliferación de medios convertidos en pasquines gubernamentales.

En unos días que se iniciaron con la celebración del día del politólogo el 22 de junio en conmemoración al natalicio de Santo Tomás Moro, que agasajaron luego a los abogados por el natalicio del eminente don Cristobal Mendoza el 23 de junio y que reconoce a los periodistas el 27 de junio por ser el día en el que comenzó a circular el periódico patriota Correo del Orinoco, la reflexión debe estar a la orden del día y tiene que privar la visión para augurar tiempos mejores.

Aunque la situación nacional lleve al país por rumbos nunca antes vistos en la historia republicana, es pertinente celebrar la valentía de los estudiosos de la ciencia política, la gallardía de los abogados de intentar ejercer una profesión en un tremedal que enterró el hecho jurídico y lo sustituyó por el absurdo y la acción encomiable y gloriosa de los periodistas que pese al abuso de un régimen que se vanagloria de incentivar el silencio y se apoya en los atropellos y la represión, están prestos a informar, analizar y llevar a la ciudadanía la realidad que tristemente no transmiten los grandes conglomerados para los que la represión es sustituible por comiquitas y cantantes.

Debe celebrarse el hecho de dar la cara ante un sistema que le apuesta al culto a la personalidad y a la delación para perpetuarse en el poder, pues pararse frente a una cámara, hablar a través de un micrófono, opinar o buscar la noticia mientras la saña se manifiesta al flagelar a los comunicadores sociales o enfundarse una toga para ir a una audiencia en la que probablemente le toque escuchar los desplantes y las sentencias de un individuo que arribó a ese cargo por razones partidistas y no jurídicas, es un ejercicio de valentía frente a los que anhelan pensamientos únicos.

En las horas tenebrosas que vive Venezuela nada mejor que la acción consecuente de periodistas y abogados para actuar de manera contestataria y ayudar a que los nubarrones sean desplazados por la luz de la libertad. El eminente procesalista uruguayo Eduardo Couture dice a los juristas en su decálogo que «ama tu profesión. Trata de considerar la Abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proporcionarle que sea Abogado», mientras el emblemático Gabriel García Márquez dijo que el periodismo «es el mejor oficio del mundo». Agregaríamos a las hermosas palabras de Couture y Gabo que no sólo son hermosos ejercicios, sino que en tiempos como los que vivimos encierran una gran valentía, necesaria para recuperar, en períodos que muy pronto vendrán, el país que nos merecemos. Por eso celebramos la libertad de ejercer.

 

Por: Luis Daniel Álvarez

Foto: Archivo TLCN

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