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A la carga!

Las balas aciagas del lúgubre 9 de abril de 1948, no solo incendiaron a Bogotá y a toda Colombia, sino que catalizaron heridas que no se habían cerrado nunca

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El espíritu y el significado de Jorge Eliécer Gaitán siguen marcando a la historia. La impronta del hombre que no era hombre si no pueblo irrumpe hasta la posteridad en una visión que lo ubica, independientemente de las polémicas en torno a su proceder e incluso pensamiento, en un ámbito de acción que merece, no solo ser estudiado, sino asumido para que una vez comprendido, sirva de esencia para las verdaderas transformaciones que amerita la sociedad.

Las balas aciagas del lúgubre 9 de abril de 1948, no solo incendiaron a Bogotá y a toda Colombia, sino que catalizaron heridas que no se habían cerrado nunca y que se incrementaron en torno a una descomposición social galopante, a la que la clase política no pudo dar respuesta inmediata. El país quedó a merced del bandolerismo y la represión, llegando luego del caos una etapa de zozobra que años después abrió las puertas a una fatídica experiencia militar.

Jorge Eliécer Gaitán
Créditos: Wikimedia Commons

La quietud bogotana se vio interrumpida por el dolor ante la muerte del líder y la ciudad mutó, cambiando su estampa de pulcritud y vitrina que acogía a delegados de todo el continente, para convertirse en una bola de fuego que se nutría con la sangre de los caídos, la leña de la incertidumbre y los escombros que quedaban de una urbe virreinal que era fagocitada por la barbarie y la saña, no solo de los vengadores, sino de los que aprovechaban de sembrar caos y delinquir.

Irónicamente, los que asesinaron al líder liberal terminaron llevándolo a la posteridad y lo convirtieron en bandera de una forma de luchar por las reivindicaciones y plantear las exigencias. La violenta muerte de Gaitán lo erigió en mito e hizo que su imagen pasara a ser la de la defensa de las causas sociales, desplazando sobre su figura cualquier atisbo de inquietud, duda o discrepancia que pudiese asomarse.

A los 73 años del aciago día en el que cambió la historia colombiana, se recuerda a Jorge Eliécer Gaitán por su verbo enardecido, su figura política, su ejercicio público y por la vehemencia con la que defendía sus puntos de vista. El “¡a la carga!” de sus alocuciones debe rescatarse, no como elemento movilizador, sino como un llamado a la conciencia cívica para derrotar, no solo a los que mancillan la libertad, sino también a aquellos que dicen ufanarse de ayudar a los ciudadanos, cuando sus intereses no son otros que lucrarse, destruir e irrespetar.

correoacademicoldav@gmail.com
@luisdalvarezva

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