Lunes, 16 de Octubre del 2017

 

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luis daniel autLuis Daniel Álvarez Vanegas

Incisos y Acotaciones

Desde Caracas, Venezuela

Carujadas modernas

José María Vargas Wikimedia

Pedro Carujo pudo haber pasado a la historia, bien por su pluma fluida y su verbo encendido, por sus acciones militares que lo llevaron a rápidos ascensos o por simplemente ser de los pocos venezolanos que para principios del siglo XIX dominaba con fluidez el inglés y el francés, llegando a dar clase en relevantes instituciones bogotanas y a acercarse a notables círculos intelectuales. Sin embargo, su figura es relacionada con la ignominia y la torpeza.

Carujo, quien en su oscuro proceder había participado en el intento de asesinato de Simón Bolívar en Bogotá en 1828 y se había salvado de la condena a muerte por medio de un perdón que le fue otorgado, había regresado a Venezuela para participar en actividades políticas, llegando nuevamente a ser encarcelado y a pedir clemencia al general Páez quien le permitió marchar a Curazao y luego regresar al decretarse una amnistía.

Pero el tenebroso espíritu conspirador de Carujo no cesó y su animadversión hacia el doctor José María Vargas lo llevó a integrar la traidora Revolución de las Reformas dirigida entre otros por Santiago Mariño, recibiendo el mandato de encarcelar al doctor Vargas a quien le espetó la patética frase de "renuncie doctor Vargas porque el mundo es de los valientes", aunque algunas investigaciones indican que la afrenta fue peor porque lo que en realidad le dijo el sublevado es que el mundo era "de los militares".

Episodios como ese se repitieron en otros momentos y sociedades. Cuando Alberto Fujimori dio un autogolpe en abril de 1992 e inició una criminal dictadura corrupta y represiva, el Decano del Colegio de Abogados del Perú, Raúl Ferrero, se dirigió a su despacho y ante la exigencia de que lo dejaran pasar porque lo amparaban las leyes, un integrante de las fuerzas de seguridad le impidió el acceso a su despacho bajo la frase de "yo soy la autoridad", procediendo un grupo de sujetos armados a apresarlo y humillarlo cobardemente.

Poco hubiera podido hacer el doctor Vargas si intentaba abalanzarse sobre Carujo o buscaba desarmar a su carcelero Julián Castro, quien por cierto años después llegaría a la Presidencia de la República, teniendo el deshonroso honor de haber sido probablemente el peor mandatario de la historia hasta 1999. Tampoco podía hacer mucho Raúl Ferrero frente a una turba militar enardecida y armada. Sin embargo, no les tembló el pulso para hablar y hacerse sentir, tal vez el mejor armamento contra los atropellos.

En esta época los carujo modernos que empujan y humillan a parlamentarios, incluso en el recinto del mismo palacio legislativo, deberán tener en cuenta que Vargas será recordado por responder con gallarda actitud que "el mundo es del hombre justo y honrado", mientras que un disgustado Ferrero preguntaba a los golpistas violadores de la constitución peruana que "¿que se creen ustedes?". Los carujo modernos, hoy grotescamente condecorados por el poder, se darán cuenta que Vargas y Ferrero pasaron a la historia por haber reivindicado el civilismo y la decencia frente a la decadencia castrense, mientras que Carujo y Castro son recordados por lo patético e irracional de sus procederes y Alberto Fujimori, el altanero y burlón dictador peruano pide clemencia desde una cárcel, pues la culpa y un precario estado de salud le consumen lo poco que le queda de vida, mientras que las víctimas de sus tropelías siguen exigiendo justicia.

 

Por: Luis Daniel Álvarez V.

@luisdalvarezva