Sábado, 23 de Septiembre del 2017

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carlosroaCarlos Roa.

Hefestión en Stonewall

Desde Miami, EE.UU

Heteroflexible: ¿simplemente una palabra?

carlos_roa.jpgActualmente se escenifica en Miami una obra teatral breve de mi autoría, titulada “Heteroflexible”. La bautizamos de esa manera más como un guiño para atraer al público que pensando en profundizar sobre lo que parece ser una nueva definición de cierto tipo de conducta sexual. Y es que realmente, la pieza trata más sobre un asunto político que de cualquier otra cosa.

Pero hemos encontrado con que el título ha generado toda una discusión sobre qué es la llamada heteroflexibilidad, y si en realidad existe. ¿O se trata solamente de otro vocablo de moda? ¿Desaparecerá este término con el tiempo? ¿O es un hallazgo en el transitar y el aprendizaje de la raza humana sobre lo que le estimula?

Hay suficientes entradas en la web sobre el término como para considerarlo una nueva conducta. Y en líneas generales, se define como una persona que lleva una vida plenamente heterosexual, pero se permite furtivos encuentros con personas de su mismo sexo.

Entre las características de la heteroflexibilidad estaría la no creación de vínculos afectivos o emocionales con el o los compañeros eventuales del mismo sexo.

Hay otro término que se asocia al heteroflexibilidad, como lo es “bicurioso”, un vocablo que no define bien a este grupo de personas, ya que implicaría curiosidad por igual hacia ambos sexos y no es el caso. Al hablar de un heteroflexible estamos delimitando a un individuo de hábitos netamente heterosexuales, con esporádicas y eventuales inclinaciones hacia la experimentación con su mismo sexo.

Por lo tanto, quizá le cuadraría mejor un término que se nos acaba de ocurrir: homocurioso.

Se considera que la heteroflexibilidad se da más bien entre el sexo masculino, por tener este mayores barreras culturales para acercarse de cualquier manera a sus iguales. Las fronteras entre mujeres en este sentido están más desdibujadas aunque, obviamente, la supuesta heteroflexibiliadad que estamos tratando de delimitar también es potestad del sexo femenino.

En conclusión, no se trata pues, de un bisexual; ya que este reconoce, acepta y ejerce su atracción hacia hombres y mujeres a partes más o menos iguales.

Ahora, entremos en aguas más profundas: ¿es el heteroflexible un bisexual que no se atreve a dar rienda suelta a sus inclinaciones socialmente condenadas? ¿Es un homosexual que disfraza bajo esta figura sus verdaderos impulsos, para intentar otorgarles un matiz de justificación?

Habría que mirar cada caso individualmente, pues las respuestas al mundo de Eros son tan variadas como seres humanos hay sobre la tierra. Y por supuesto, aplica aquí aquello de que conocemos más sobre la superficie de la luna que sobre nuestra propia sexualidad.