Sábado, 23 de Septiembre del 2017

 

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idaniachirinosIdania Chirinos

Crónicas desde el exilio

Desde Bogotá, Colombia

Idania Chirinos: La Cándida Venezuela y La Revolución Desalmada

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Parafraseando el título y algo del contenido de la novela de García Márquez “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”, suelo preguntarme, ¿cuál fue el aciago día que sopló sobre Venezuela -al igual que sobre Eréndira- el viento de la desgracia? ¿En qué momento La Revolución le juró a ese país que se niega a doblegarse ante sus atropellos, como lo hiciera la abuela desalmada ante el incendio accidental que provocara  la nieta y la dejara sin casa? “No te alcanzará la vida para pagarme este percance”. ¿Qué gestos determinaron la hora en que se estableció esta cruel actuación que indigna, sin dejar de sorprender, de la Revolución Bolivariana?

Creo, sin temor a equivocarme, que febrero de 2014 comenzó a mostrar el lado más oscuro de esta revolución. Testigo de esto y sólo como ejemplo, entre muchos otros,  queda la brutal golpiza que recibiera Marvinia Jiménez de parte de la sargento segunda, Josneidy Nayarit Castillo, quien casco en mano y sonrisa en boca, golpeó el rostro una y otra vez de la mujer que aprisionaba en el piso. Dieciséis meses después a la funcionaria de la Guardia Nacional Bolivariana  se le ha visto de paseo en sitios turísticos de Venezuela, mientras Marvinia sigue esperando la actuación del Ministerio Público.

Otro testigo de aquel febrero inolvidable, es el joven Juan Manuel Carrasco, quien narró ante los medios cómo le golpearon los policías en las costillas, en la cabeza e introdujeron un fusil en su ano. Médicos forenses constataron en su momento esta denuncia que resultó poco creíble para la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz. Mudos testigos son también los cadáveres de Geraldine Moreno, joven de 23 años a quien un funcionario de la GNB le disparó reiteradamente destruyendo su rostro; tras ocho horas de intervención quirúrgica, falleció. Se cuentan también los cadáveres de Bassil Da Costa, 24 años, tiro en la cabeza. Juan Montoya, 40 años, tiro en la cabeza. Robert Redman, 31 años, tiro en la cabeza. Nombres de una lista que sumó cuarenta y dos fallecidos y dejó claro que, mantener La Revolución para el gobierno, es cuestión de vida ¡o muerte!  Esto, sin contar los 138 casos de tortura documentados por la ONG venezolana Foro Penal y presentados ante la 53va sesión del Comité Contra la Tortura de la ONU, en noviembre de 2014.

Recordemos también que aquel febrero nos dejó mas de 3.400 detenciones, entre ellas, 2.576 estudiantes, de los cuales 279 eran menores de edad. Concluyo la estadística con un relato que me acompaña desde entonces: “Me forraron con goma espuma -para evitar las marcas- y me pegaban con un bate. Me rociaron con gasolina, prendieron un fósforo y amenazaron con incendiar mi cuerpo (…)”.  ¿El nombre de quien me lo dijo? Pudo ser cualquiera de ellos, fueron muchos con una misma historia.

Recientemente el alto comisionado para Derechos Humanos de Naciones Unidas, Zeid Ra’ad al Hussein, sostuvo: “Estoy seriamente preocupado por la legalidad y las condiciones de personas detenidas por ejercer pacíficamente su libertad de expresión y reunión”; lo hizo en un pasaje de su discurso inaugural  de una sesión del Consejo de Derechos Humanos, dedicado a Venezuela. Sin sorpresa ninguna, el gobierno venezolano reaccionó como lo hace siempre, considerando “sesgada” la declaración, con “clara intención de tergiversar la realidad”, según el embajador de Venezuela ante la ONU, Jorge Valero. ¡Qué lástima señor embajador, que haya tantos venezolanos dispuestos a corroborar lo contrario de lo que usted señala!

Marcelo Crovato; por ejemplo, abogado defensor de Derechos Humanos detenido cuando asistía a varias personas durante los allanamientos que se realizaron tras las protestas, fue privado -inexplicablemente de su libertad- por más de diez meses. Con cáncer en la piel y dos intentos de suicidio, recibió finalmente medida cautelar de casa por cárcel por presentar problemas psiquiátricos. Loren Saleh y Gabriel Valles, permanecen en La Tumba: vergonzosa prisión venezolana, cinco pisos bajo la superficie, sin luz ni sonidos naturales, calificada por muchos como “un infierno en la tierra”. Gerardo Carrero, a quien un funcionario le colocó papel periódico en las muñecas, para luego esposarlo a un tubo y que no quedara evidencia del maltrato, fue colgado como piñata por doce horas y golpeado con palos y tablas de madera hasta partirse contra su cuerpo, dejándole hematomas en piernas y brazos. Señor embajador Valero, créame, ¡la lista puede ser bastante más larga!

Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas y Daniel Ceballos, alcalde de San Cristóbal, capital del Estado Táchira, fueron detenidos en pleno ejercicio de sus funciones. Ledezma tuvo que ser llevado a una clínica -dos meses después de su reclusión- por necesitar una intervención quirúrgica de urgencia, no sin antes negarle por más de doce horas el traslado y la atención de su médico de confianza, a pesar de presentar fuertes dolores abdominales. Hoy tiene casa por cárcel para garantizar una estable recuperación. Daniel Ceballos permaneció algo más de un año en el penal militar de Ramo Verde. Fue trasladado (sin previo aviso a su familia) a la penitenciaria ubicada en San Juan de los Morros, en Guárico, a 150 kilómetros de la capital venezolana: cabeza rapada, uniformado como preso común, colchón en piso para dormir, letrina al lado de la cabecera, más  de 40 grados de temperatura en el día, sin ventilador y una declaratoria de huelga de hambre. Tan sólo cuatro días después le permitieron a su esposa ingresar al penal ¡por 15 minutos! Pasados 20 días de su huelga, Daniel Ceballos la dejó y fue trasladado a una de las cárceles del Servicio de Inteligencia Bolivariano donde permanece. No tiene asistencia médica calificada, no se le permite hacer llamadas telefónicas ni la visita de sus asesores legales.

Leopoldo López, Coordinador Nacional del Partido Voluntad Popular, lleva dieciséis meses privado de su libertad por el único delito de convocar a los venezolanos a defender sus derechos en una marcha que se planificó pacífica. Más de la mitad de este tiempo lo ha pasado aislado, en celdas de castigo, con prohibición de visita de las únicas personas que puede ver: su esposa Lilian Tintori, sus dos pequeños hijos y sus padres. Treinta días de huelga de hambre terminaron con la proclamación por parte del Consejo Nacional Electoral de la fecha para las elecciones parlamentarias en Venezuela.

La Revolución se agota en el acoso, en la persecución diaria a quienes se atreven a contrariar la verdad absoluta que pretenden proclamar. Una verdad por demás ineficiente que ha costado al país el estado de destrucción que hoy exhibe. La revolución se desdibuja en cada acto despiadado que le hemos visto cometer. La Revolución Bolivariana no es siquiera, una mala copia de lo que un día aspiró ser… una revolución transformadora, plena de amor, creadora de un hombre nuevo. La Revolución Bolivariana -como la abuela garcíamarquiana y desalmada- pretende que los venezolanos paguen con capitulación el derecho a pensar diferente y la aspiración de tener un país mejor. Sin embargo, la historia señala que más pronto que tarde  y como la cándida Eréndira, Venezuela romperá sus cadenas y volverá a respirar aires de libertad.

 

@idaniachirinos

http://www.venezuelaaldia.com/2015/07/idania-chirinos-la-candida-venezuela-y-la-revolucion-desalmada/