Jueves, 27 de Julio del 2017

 

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andresgranadilloAndrés Granadillo G.

Colombia al día

Desde Bogotá, Colombia

El odio en las redes sociales

La capacidad de odiar a otros. La idea retumba en mi cabeza. Somos capaces de querer que otro se mate de un tiro, se lance de un precipicio, se tire a un carro. No deja de sorprenderme que la humanidad esté ligada a estos sentimientos que nos retienen en el neandertal. La evolución nos da la posibilidad de matarnos de maneras distintas, ya no con piedras afiladas, hachas y espadas o bayonetas, sino con bombas de nitrógeno, agente naranja, pistolas nueve milímetros y yo qué sé cuantos inventos más que solo sirven para destruirnos.

 Leo en las redes sociales que, por fortuna, un toro en una corrida en España  ganó esta vez la batalla en la arena. Entiendo ahora por qué Umberto Eco hablaba tan mal de estas redes de encuentro en las que la “bondad” de los animalistas se enfrenta al mínimo humanismo. 

La gente escribe lo que piensa, pero no piensa lo que escribe, esa es la gran tara del siglo XXI. Existen blogs, Facebook, Twitter, Snapchap, sitios en los que cualquiera puede poner su opinión, lugares que ayudan a la catarsis, egotecas para no sentirnos solos en un mundo conectado, pero ausente. 

Acúsome de ser fan de las redes sociales, de caer en la trampa, de publicar mi vida privada, de a veces no pensar y sí escribir, de permitir la reactividad del ego, soy culpable, sí. Acúsome de ser inocente, también, de opinar solo cuando debo, de pensar y escribir, de no publicar lo que a la gente no le interesa o de evitar caer en la trampa. Intento estar del lado de los inocentes, de esos que no acusan al torero, de los que no quieren que caiga una bomba en Corea del Norte o de los que apuestan por una paz, esa que llaman mentirosa, vendida, injusta, impune. Apuesto por la reconciliación, por el discurso con argumentos, por la vida digna y no la muerte a tiros. Apuesto por el deseo del bien y no del mal. 

En un mundo ideal, los que estamos en Facebook trataríamos de crear comunidad en pro del ser humano, seríamos propositivos a la hora de emitir juicios y buscaríamos que las redes sean lugares de unión y no de odio. En un mundo ideal, me repito, pero en el real entiendo que la gente opine lo que quiera, exprese sus más oscuras represiones o simplemente hable por hablar sin ni siquiera interesarse por poner un filtro a lo que dice. 

Creo en la libertad de expresión, sí, pero no en la estupidez de creer que amparándose en ella podemos decir lo que queramos y acabar con la vida de un torero, un gay, una mujer, un hombre, una puta, un guerrillero o un loco. Creo que la responsabilidad que tenemos con el mundo va más allá de decir lo que queramos sin ver a quién le hacemos daño. 
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Coda: En días pasados culparon de plagio a una periodista del portal pulzo.com. Vaya responsabilidad la de mis colegas que parecen no conocer la ética profesional y que cometen el delito del plagio escudándose en desconocimiento y la ignorancia.