Sábado, 27 de Mayo del 2017

 

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andresgranadilloAndrés Granadillo G.

Colombia al día

Desde Bogotá, Colombia

El final de los hijos de la guerra

13524512 10154250755618904 2748021202765787134 nPiazzola me acompaña, la canción ‘Vuelve al sur’, que canta el argentino Roberto Goyeneche, me ayuda a conectarme con este escrito. Hace sol, la lluvia de balas está a punto de cesar. Las noticias desde La Habana hacen que volvamos a creer que es posible vivir en un país en el que las diferencias no sean silenciadas a tiros.

La gente en las redes sociales, por lo menos en las mías, toma partido por la paz. Cada quien quiere poner su grano de arena al proceso, el verdadero que empieza ahora y que es el posconflicto. Hace una semana nadie daba un peso por esto, pero tras el anuncio del cese bilateral del fuego, las sonrisas se dibujan de nuevo. Los posts en Facebook invitan a creer, el caricaturista Matador pone de nuevo a la paloma de la paz erguida, triunfante. (ver caricatura).

Los únicos en desacuerdo son los de la extrema derecha, esa, la recalcitrante que no admite que la gente no quiera el camino de las armas. Esa que, desde los tan mentados tés, quieren guerra pero sin poner muertos propios, quieren bala pero sin empuñar un arma, quieren justicia pero sin pagar por los delitos que pudieron cometer, quieren cárcel pero para los de ruana, quieren democracia pero para los suyos.

Oír a Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU, dando voz de aliento al proceso de paz es un espaldarazo que nadie esperaba. Poder oír a alias Timochenko, con su discurso trasnochado de antiimperialismo, hace parte de la democracia de la que tantos se jactan pero que nadie sabe qué es lo que realmente significa. Oír a Santos hablar de paz, de reconciliación y de un futuro para los niños que tienen derecho a poder jugar y reír, da ganas de apostar por este país que a veces creemos perdido e inviable, pero que tiene todo para dar.

No soy partidario de hablar de momentos históricos, en eso estoy de acuerdo con Umberto Eco, los periodistas definitivamente usamos demasiado ese término, pero luego de ver lo de La Habana, creo que es la palabra precisa. Estuve aquí viendo cómo un país puede transformarse, pero cómo también hay personas como Uribe, que no dejan avanzar hacia la luz sino que pretenden dejarnos en la sombra de la muerte.

La guerra llegará a su fin, todos los que crecimos en ella tardaremos en sanar las cicatrices. Los niños por venir aprenderán en libros de historia lo que ocurrió el 23 de junio de 2016 y no comprenderán como pudimos matarnos y odiarnos por más de 50 años. No entenderán cómo hubo gente en contra y cómo no pensaron en ellos a la hora de tomar partido. Ellos mirarán el pasado amargo de Colombia pero podrán ver al futuro, verán atardeceres sin violencia, envejecerán sin miedo y podrán vernos a los ojos y agradecer que fuimos capaces de terminar esta debacle. Ellos, finalmente, serán los verdaderos hijos de la paz.

Foto Facebook/JuanManuelSantos