Una negociación con claridad

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Muchas veces la palabra diálogo o el término negociación despiertan connotaciones negativas que automáticamente alejan al ciudadano de cualquier actividad que pueda llevar al establecimiento de parámetros que buscan obtener resultados tangibles para ambas partes.

 

Si bien es fundamental fijar las reglas para poder conversar y aclarar los asuntos, no se hace nada si no hay un preacuerdo que establezca desde la metodología hasta la agenda que se va a abordar, pues esos ejercicios de dibujo libre y catarsis en los que las partes van a opinar sobre un sinfín de aspectos, no tienen ningún tipo de relevancia ni deben considerarse.

 

Se dialoga o negocia evidentemente con aquel frente del cual se tienen puntos de vista divergentes. Si no, el ejercicio no tendría ningún tipo de acción, pues se trataría de un simple encuentro entre allegados que van a dar puntos de vista; por eso es que quien negocia debe saber que tiene al frente a un enemigo o al menos a un adversario del que tratará de obtener algún beneficio.

 

Hacemos estos comentarios porque de forma imprevista se ha asomado la posibilidad de una reunión entre los Estados Unidos y Corea del Norte, que parte además de unos acuerdos previos que se vienen generando entre Corea del Sur y el gobierno del Norte y que inclusive llevaron a que, pese a las desigualdades, presentaran selecciones conjuntas en los pasados Juegos Olímpicos de Invierno, que si bien resultaban poco competitivas, estaban provistas de una simbología a los efectos de entender que más allá de las ideologías y las tendencias, hay seres humanos; unos que anhelan dormir tranquilos sin que su vecino del norte los amenace con utilizar su tecnología nuclear y los del norte que anhelan que la política que desde hace décadas los tiene sumidos en el hambre, la represión, la desolación y el miedo, dé paso a un modelo mucho más transparente que lleve al país, tal vez no al siglo XXI,  pero al menos que lo acerque al XX.

 

Conociendo el carácter explosivo de ambos líderes, no se sabe si las conversaciones llegarán a darse. Lo cierto es que para que se concreten es preciso tener reglas claras y parámetros precisos. Que ambos países asomen la posibilidad de hablar es una ganancia, pues al final, pareciera que un diálogo diáfano y cristalino es la única alternativa.

 

luis.daniel.alvarez.v@gmail.com

@luisdalvarezva

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